OPINIÓN

Mantiene en un infierno las finanzas chihuahuenses

Al cierre de abril alcanzó el Gobierno del Estado los mil millones de pesos exclusivamente en pago de intereses y algo de amortización de su deuda pública

LA COLUMNA
de El Diario
domingo, 26 mayo 2019 | 06:00

Al cierre de abril alcanzó el Gobierno del Estado los mil millones de pesos exclusivamente en pago de intereses y algo de amortización de su deuda pública. Incuestionablemente otro golpe demoledor a las finanzas chihuahuenses.

Mil millones en sólo cuatro meses, debe ser recalcado por todo lo que implica en obra pública que no se realiza, en seguridad que no hay, en medicamentos para hospitales que dejan de ser comprados... Ribetea esa deuda los 54 mil millones... y sumando.

Hay una incapacidad manifiesta de la administración pública encabezada por el PAN en el manejo de las finanzas, entre múltiples rubros.

Pende sobre esa estructura, además, la amenaza de federalizar los jugosos recursos que recibe en Salud y Educación, lo que terminaría por desbarrancar la estrategia de saneamiento.

Son miles de millones de pesos federales manejados convenientemente por Hacienda del Estado que, como licuadora, da vueltas y vueltas tratando de estirar la liga para sortear la desastrosa situación de gasto e ingresos en que se encuentra.

Abren un hoyo con esos recursos para tapar otro, al filo de la navaja en el cumplimiento de las normas de la disciplina y comprobación financiera. Entre más tiempo pasa, más agudo se hace el problema.

A mitad del quinquenio, y sin recursos adicionales de salvamento, el Gobierno estatal desde Hacienda se enfrenta a sus propios demonios por no haber logrado en tiempo la fracasada reestructuración de deuda, que en una reedición –penosa tablita de salvación– se encuentra sub judice y en riesgo de caer finalmente.

Ahorcados por el pago mensual de casi doscientos millones de pesos en servicio de deuda (o hasta casi 500 millones como marzo pasado), que al año superan los mil millones, se aplasta por necesidad cualquier posibilidad de inversión y obra pública, cuyos números son de dar risa nerviosa y preocupación justificada por el espectáculo de espanto que presentan.

Sólo basta con echar una mirada en la misma página de la Secretaría de Hacienda federal, donde Chihuahua está pintado de rojo, para darnos cuenta que si con Duarte el desorden llegó a niveles de escándalo, Javier Corral supera en creces a su antecesor, montado en la bandera de la honestidad y austeridad, sólo de dientes para afuera.

Si no se roban el dinero, ¿entonces qué es lo que están haciendo? ¿Gustavo Madero sabe? ¿Ismael Rodríguez? Ambos, pero son sus secretos multimillonarios.


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De acuerdo con el sistema de alertas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público federal, si en estos momentos Chihuahua quisiera pagar su deuda de cerca de 54 mil millones de pesos, a corto y largo plazo, tendría que pedirle a sus ciudadanos y empresas aportar el diez por ciento de sus ingresos durante los doce meses del año.

Es decir, actualmente la deuda en relación con el producto interno bruto estatal (550 mmdp aproximadamente) representa el 9.2 por ciento. Si se quiere ver per capita el PIB anual serían algo así como 171 mil pesos. Cada chihuahuense debería pagar 17 mil pesos en el año para saldar la deuda.

Es de locura. Ninguna entidad se encuentra en esas condiciones. Quintana Roo apenas esta en el 6.6, Coahuila en el 5.6, Nuevo León en el 4.8, y Veracruz en el 4.6, que son los más elevados al 2017.

Pero esto no es todo. Tomando como parámetro las participaciones federales es aun más desesperada la situación. La deuda de Chihuahua representa el 288 por ciento de esos recursos, de los cuales es dependiente hasta la médula. Sólo se le acerca Coahuila con el 271.4 por ciento.

Incluso si se compara la deuda contra el ingreso total, Chihuahua también se encuentra a la cabeza, con el 96.8 por ciento.

Para darnos una idea de este dato, si en estos momentos se quisiera pagar la deuda, habría que cerrar las oficinas y parar todos los programas sociales, porque los ingresos anuales son del mismo tamaño que nuestra deuda.

En resumen, la administración estatal ha sido tan ineficiente para resolver el problema planteado, que ha colocado en rojo a nuestra entidad en el sistema de alertas.

El indicador en el que nos encontramos bajo este señalamiento es el de servicio de deuda y obligaciones sobre ingresos de libre disposición. Es decir, cuánto pagamos por servicio de deuda, contra los recursos no etiquetados.

Chihuahua está en el 17.6 contra Coahuila que tiene un indicador de 17.9, muy lejos de Quintana Roo, que tiene un 15.6. Son porcentajes de esos recursos aplicados a los servicios de deuda, capital e intereses.

Es muy alto, teniendo en cuenta que los ingresos federales y estatales prácticamente tienen etiqueta en la operación misma del gobierno. La discrecionalidad en el uso de los recursos se ha venido terminando y con Andrés Manuel tiende a ser estrictamente cero.

En los otros indicadores, deuda pública y obligaciones sobre ingresos de libre disposición (158.8 %) y obligaciones a corto plazo y proveedores y contratistas sobre ingresos totales (8%), Chihuahua lidera a nivel nacional, para mal, al resto de las entidades. Sólo Sonora le gana en el primero de estos indicadores y en el segundo Oaxaca (10.9), Baja California (9.7), Sonora (9.5) y Colima (9.4) lo superan.


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Por supuesto que los números causan escozor en Palacio. Niegan con todas sus letras que la deuda se ha incrementado, e incluso juegan con pesos y centavos.

Pero su estado de resultados no deja mentir. Ahí está el pago del servicio de deuda y su correlación, por ejemplo, con la inversión pública.

El último informe, el primero trimestral del 2019, confirma la tendencia del 2017 y 2018: las medidas de control de la deuda no han sido suficientes.

La panacea de reestructura a largo plazo es convenientemente campechaneada con los contratos de deuda a corto plazo, que hipotecan los ingresos inmediatos para pagar gasto corriente y proveeduría privilegiada.

Las finanzas están convertidas en un infierno de tensión que disfruta de un nuevo reto: la federalización total de la educación y la salud.

No se trata de entregar a las entidades el manejo completo de esos millonarios recursos. Se busca quitarles el manejo de la nómina y programas especiales, que con el paso del tiempo les han dado un respiro a los estados para jinetear recursos que no le pertenecen.

Con ello, olvidémonos de los indicadores arriba descritos. Los números se tornarán más rojos aun, como el fuego del circulo quinto de Dante.

Sólo en educación hablamos de más de cuatro mil millones de pesos al año, sin contar con los recursos que pasan por cuentas productivas de la Secretaria de Hacienda estatal y que tienen como destino las universidades autónomas de Ciudad Juárez y Chihuahua.

En salud son más de mil millones; sumados servicios de salud y seguro popular.

Con ello se reduce el porcentaje de recursos de los cuales, como estrategia financiera a corto plazo, tenía un respiro la administración estatal.

El convenio de federalización, más bien dicho, de centralización, se encuentra ya en el principal escritorio de Palacio de Gobierno en espera de una firma.

Por ello la resistencia inicial de Corral. Defiende el auténtico federalismo, dice, pero en el fondo, sabe que la Federación amenaza con terminar de estrangular las débiles finanzas estatales.

Ponían sus esperanzas en patear el bote hasta el 2040, pero no se ve para cuándo se resuelva la controversia interpuesta en contra de la reestructura, que curiosamente recae casi en un 100 por ciento en una institución bancaria gubernamental del orden federal, Banobras.

Veremos si dicha institución mantiene su oferta de tasas de interés, con un mercado turbulento, que se volvió a agitar por el resurgimiento de la guerra comercial China-EEUU, donde México se encuentra en situación incómoda de sándwich.

Y si el país se encuentra en esa situación, Chihuahua es un pastelillo a punto de ser engullido de manera inmisericorde. Ninguna consideración del gobernador Corral y sus funcionarios a ese desastre que asfixia a los chihuahuenses.