Opinión

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Manosean reapertura con caprichos y grilla

Con todas las ganas de hallar medidas atenuantes al duro regreso del rojo en el semáforo Covid, a fines del año pasado, octubre para ser más precisos, una líder gremial de estéticas y peluquerías buscó con insistencia a la comandanta Mirna Beltrán Arzaga

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 17 octubre 2021 | 06:00

Con todas las ganas de hallar medidas atenuantes al duro regreso del rojo en el semáforo Covid, a fines del año pasado, octubre para ser más precisos, una líder gremial de estéticas y peluquerías buscó con insistencia a la comandanta Mirna Beltrán Arzaga.

Fue infructuoso el tiempo invertido, nunca la atendió a pesar de que ya había sido recibida por varios funcionarios de primer nivel de la anterior administración, incluido el exsecretario de Salud, Eduardo “El Hígado” Fernández.

Tenía esa lideresa una propuesta muy interesante que hacer, pero la subsecretaria de Salud nunca tuvo tiempo para ella. Sus ocupaciones en las redes sociales y sus constantes viajes a México probablemente fueron la causa superficial; en el fondo, es lo sobrado de la manera en que se manejó y se sigue manejando, mirando de reojo a los simples mortales.

Hay una agravante en el asunto. La alternativa que sería puesta a su consideración había sido planteada antes al mismo Javier Corral, con las consecuencias ya descritas.

Ni siquiera tuvo ella la atención de escuchar y luego darle el avión, al cabo que Corral y “El Higadito” Fernández, en la luna o en cualquier otro astro, jamás se darían por enterados, menos en la cruda realidad que enfrentaron los chihuahuenses en dicha administración pandémica.

Nadie le dio seguimiento al tema, ni a éste ni a muchísimos otros, provenientes de ciudadanos bien intencionados que trataban de acelerar la reapertura económica y el regreso a la normalidad en los cruces fronterizos, cargando en sus espaldas con pérdidas multimillonarias; miles de plazas laborales cerradas y la consecuente crisis económica en los hogares juarenses y del otro lado.

Nada más el comercio entre Juárez-El Paso, el puro comercio, es de más o menos mil 500 millones de dólares al año. De ese tamaño es la pérdida por la no apertura de puentes fronterizos.

En ese contexto abundaban buenas ideas y planteamientos desesperados, por el estrangulamiento económico en miles de juarenses y paseños que dependen para su subsistencia del intercambio económico entre ambas comunidades hermanas.

Pero lejos de cualquier empatía, los oídos sordos eran secundados por la célula Covid, que se dio vuelo en persecución inaudita en contra de las pequeñas y grandes empresas, que hacían esfuerzos por sobrevivir en plena crisis sanitaria… y económica.

La anécdota viene a cuento porque los aspectos personalistas, llamémosle caprichos, de los altos funcionarios públicos, tuvieron mucho qué ver con el manoseo discrecional del semáforo durante el año pasado y parte del actual, con repercusión inmediata en impedir la reapertura total de actividades y en particular en puentes fronterizos.

Pero no es toda la causa, hay otro elemento que forma parte de las variables, y en este caso es ajeno inclusive a Chihuahua y a México. Somos simples espectadores del round ocurrido aquí del otro lado del río.

Hay en el sur de los Estados Unidos una guerra soterrada, y en ocasiones abierta, de carácter político entre el gobernador Greg Abbott y el presidente Joe Biden, condición que ha generado continuos nubarrores que apenas a estas alturas del año muestran luz en el importantísimo tema de la reapertura de los puentes fronterizos y el cruce terrestre por los mismos.

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Está apalabrada la reapertura de los puentes a partir del 8 de noviembre próximo, y se supone que no hay nada que pueda retrasarla u obstaculizarla. Al menos eso hemos escuchado tanto del lado norteamericano como mexicano.

Hay varios asegunes al respecto, que deben ser aclarados a la brevedad posible, para evitar generar falsas esperanzas. El primero de ellos es la declaratoria de semáforo amarillo por parte de la Federación y ratificado por el Consejo Estatal de Salud.

Muy lejos estamos de las cifras de contagios, intubados o fallecidos, de los amarillos mostaza del 2020. Ni mucho menos pensar en la declaratoria de los colores rojos draconianos o los naranjas restrictivos. Pura vacilada mientras ocho mil chihuahuenses morían.

Por eso no se entiende la decisión adoptada, cuando se ha avanzado en vacunación, en adecuación de espacios hospitalarios para atención Covid e incluso en los procedimientos y surtimiento de medicamento para atención de pacientes.

Están los chihuahuenses en niveles de vacunación con al menos una dosis en el 70 por ciento. En Juárez es mucho más elevado, con la garantía de la aplicación del biológico norteamericano Pfizer.

El amarillo sobre la zona fronteriza mexicana es un nubarrón negro que presagia tormenta, y que no es buen augurio en el anuncio optimista de la reapertura, que debe ser total con los mecanismos de seguridad sanitaria ya anunciados, donde destaca el requisito obligatorio del esquema completo de vacunación.

Es este el segundo aspecto, que es escollo por superar. No hay anuncio oficial aún de que serán aceptadas las vacunas autorizadas por la Organización Mundial de la Salud, como es el caso de AstraZeneca, Sinovac o Cansino, que siguen sin pasar la prueba de fuego de la FDA norteamericana, agencia responsable del control y autorización del biológico para su aplicación.

A estos dos elementos se suma la disputa entre el gobernador Abbott y el presidente Biden, que en nada ayuda ni contribuye a facilitar con urgencia y de la manera más flexible la reapertura de los puentes y cruces fronterizos, al menos en la región que nos corresponde.

Tienen ambos serias y grandes diferencias irreconciliables, aspecto adicional que debe tener en cuenta el canciller, Marcelo Ebrard, al echar las campanas al vuelo, y generar muchísima expectativa para dentro de tres semanas, cuando está anunciada la añorada levantada de restricción en viajes no esenciales.

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El tiempo le ha dado la razón a la inquieta líder del ramo de las estéticas y peluquerías. Los negocios han sido abiertos, con las medidas de precaución ordinarias, cubrebocas y gel antibacterial, y el mundo no se ha caído, gracias -en mucho- al esquema de vacunación, aún incompleto y con biológicos intercambiados.

Ni un solo contagio se puede atribuir al manejo de las profesionales de la tijera y el peine. Pero se trataba por parte de la subsecretaria Mirna Beltrán, de ser autoritaria y determinante, sin permitir que nadie le dijera qué hacer. Al cabo, ¿qué puede saber una estilista de aspectos de salud pública? ¡Al carajo!

Ahí es donde estuvo el gran error. No fue escuchada la sociedad acerca de la forma de adecuar las actividades cotidianas a medidas de seguridad sanitaria, cuando haberlo hecho pudo haber impedido el cierre verdaderamente torpe con consecuencias desastrosas para la economía que aún hoy se arrastran.

Se ha avanzado en el conocimiento de la enfermedad y en las fases preventivas de vacunación, como para seguir deteniendo el mayor movimiento de la economía, y aún peor, enviar malas señales cuando se ve un final en el túnel con la apertura de frontera el 8 de noviembre próximo.

La política y sus pleitos no deben junto con los caprichos personales, secuestrar a los fronterizos, de un lado y del otro del Bravo, por el contrario, deben ser motivo de reflexión para asumir una política responsable que en la realidad y no solo en el discurso, equilibre la salud pública con la economía.

Más allá de los chihuahuenses, ya en la práctica formados en fila para lanzarse de compras a Cielo Vista y al centro con los chinos, actualizando pasaportes o buscando la visa en cajoneras olvidadas, la reapertura es signo esperanzador en la frontera, aún con esos claros-oscuros inadmisibles por caprichos personales o de política facciosa.

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