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Opinión

Maestros de ayer en Juárez

La Benemérita escuela primaria José María Morelos y Pavón, igual que todas las demás escuelas de Ciudad Juárez, estaba construida sobre un hospital que antes había sido cementerio

Laura Estela Ortiz Martínez
Doctora

viernes, 13 mayo 2022 | 06:00

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La Benemérita escuela primaria José María Morelos y Pavón, enclavada  en lo más profundo de la  colonia Arroyo Colorado, igual que todas las demás escuelas de Ciudad Juárez,  estaba construida sobre un hospital que antes había sido cementerio, por lo menos con esta leyenda urbana nos asustaban a todos los pequeños que tuvimos el honor de recibir clases en esa institución por aquellos casi miles de años 80. Y es que todas las escuelas de ésta ciudad estaban y están bajo los mismos cimientos, lo mismo se decía de la Primaria Benito Juárez ubicada en la colonia Bellavista, de la escuela Revolución Mexicana de la calle Velarde, de la escuela Reforma, instalada en la calle con el mismo nombre. Un verdadero cementerio escolar. 

     Una escuela por demás modesta, de pasillos pequeños y patio grande, los salones con grandes ventanales superiores carcomidos por lo antiguo de sus materiales . Fue aquí a donde vinieron a realizar sus pasantías los maestros jóvenes que llegaban de lejanas tierras después de haber cursado su formación en las Escuelas Normales del país,  del centro y sur del estado de Chihuahua. Eran maestros de esos de “antes” de los que tenían como encomienda y creencia  que las letras con sangre entraban y así lo practicaban utilizando como arma mortal los borradores del pizarrón que solían aventar con una fuerza y velocidad  increíble, solo los veíamos volar por el aire y caer sobre la cabeza de algún compañero que faltara a la  más mínima regla de disciplina  y el famoso metro con el que solían golpear las manos de aquellos que se atrevieran a fallar en las tareas o trabajos que realizábamos en clase. Enérgicos, firmes, nunca tuvimos la duda que eran una autoridad máxima a quienes teníamos que respetar por sobre todas las cosas, mucho más con esos comandos paternales que te hacían saber: ¡ay de usted dónde le falte al respeto a un maestro! Prácticamente podemos decir que esos grandes  docentes venían a practicar con nosotros todo lo aprendido en su formación  de pedagogía, de ciencias, historia, matemáticas y español aunque  la didáctica fuera un poco rústica, y sus prácticas poco convencionales. 

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     Buenísimos para montar la coreografía de rondas infantiles, bailes folclóricos y danzas de todos los lugares del mundo, excelentes en la formación de la poesía coral, y en la elaboración de los mas sabios discursos para los concursos de oratoria y declamación. Igual armaban escenas  sencillas para  obras de teatro que tablas de gimnasia para los desfiles del 20 de Noviembre por la calle 16 de Septiembre.  

Que no se nos ocurriera tener una letra poco legible y no saber tomar dictados, porque inmediatamente teníamos que practicar la  cansada  caligrafía con muchísimos palitos y bolitas en la misma posición y en los famosos cuadernos de doble raya, obviamente sin salirnos de la raya. Para eso también estaba “Mi libro mágico”, el libro más grueso jamás conocido y que contenía hojas de papel cebolla para  “calcar” con letra cursiva  las lecciones de ese oso se asea y así es su oso.  Era casi un pecado no saberse las tablas del 1 al 10, para eso existía  el famoso, pero terrible cuaderno “GADER”, con cinco mil ejercicios de multiplicación, división y raíz cuadrada que nos hacían reforzar  y repasar nuestros conocimientos, ¿Qué más daba realizar la numeración hasta el 1000 de dos en dos o de tres en tres subrayando siempre las centenas con color rojo? 

Nos enseñaron a ahorrar, eran excelentes en finanzas,  siendo ellos mismos quienes recolectaban el dinero que depositaban en el Banco de Mi pequeño comercio   y que nuestros papás nos daban con esfuerzo los lunes para esa comisión,  para después  entregarnos esos ahorros a principios o mitades del mes de  mayo con un honroso 0.5 por ciento de interés acumulado. 

Para el día 10 de mayo  organizaban los festivales con los números artísticos más divertidos para poder agradar y honrar a nuestras madres  y agradecer todos sus esfuerzos y bondades, por supuesto preparando previamente un periódico mural con múltiples colores de papel de china que daban la bienvenida a tan grande evento. 

     Se pintaban solos para instruirnos en tejidos, bordados y manualidades para poder confeccionar el presente  de mamá, los cuales  envolvíamos en un  colorido papel celofán con moño más grande que el regalo. 

     Los lunes nos formaban por grados en el gran patio escolar, tomábamos distancia extendiendo el brazo derecho sobre el hombro del compañero de enfrente, y al ritmo de la marcha de Zacatecas entrábamos a nuestros salones de clase ordenadamente y listos para empezar una nueva lección y una nueva aventura semanal. 

Inolvidables los maestros de música cómo: Rodolfo Zarate del Castillo, Felipe Sánchez y José Fernando  Solares que al ritmo del piano y de todos los instrumentos musicales nos daban sus lecciones incluyendo un poco de vocalización y  solfeo. 

Recordados  los que nos enseñaron a leer, los que nos mostraron las primeras letras, los que nos enseñaron los primeros poemas, los que forjaron  nuestro carácter y las bases para nuestra formación   profesional. 

Gracias a los que gestionaban permisos para ir de excursión a El Chamizal,  a los que nos procuraban desayunos gratuitos  en las cooperativas escolares, a los que nos guardaban   cuadernos marca ”polito”, lápices y plumas con las tablas de multiplicar que donaban previamente los partidos políticos. Gracias por enseñarnos a cooperar  a la Cruz Roja y creer en los niños héroes,  hacernos pintar mapas de la República Mexicana, a escribir las biografías de personajes famosos, y a recortar las planillas de a 50 centavos  sobre las cadenas alimenticias. 

Sí. Todos los días pueden ser el día de algo. Pero el 15 de mayo  está lejos de ser una fecha  comercial,  es el día que se mueven los corazones de los que han sido y son nuestros maestros, una celebración especial, porque los maestros impregnan todas las esferas de la sociedad. 

El día 15 se celebra a los maestros, a su compromiso, a su capacidad y a su vocación de formadores de generaciones, y muchas veces también colaboradores y asesores sociales, por lo que sería conveniente que aparte de los festejos se ahondara con responsabilidad, en su realidad, sus necesidades, sus afanes y en definitiva, en hacer justicia a su destacada labor, supliendo deficiencias, propiciándoles capacitación y alentando, mediante los instrumentos disponibles, el reconocimiento que se merecen, no en palabras, sino en hechos concretos.  FELIZ DÍA DEL MAESTRO. 

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