Opinión

Los ‘todasmías’ de la política

Creen que son la punta del tren y en realidad solo saben venderse bien

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 07 febrero 2021 | 06:00

Seguramente todos conocemos a alguno. Los “todasmías” son esas personas a las que no se les gana una, ni con la verdad en la mano, son quienes desean estar en todo sin importar que su presencia no sea requerida o necesaria. Quieren estar en cualquier evento de su círculo social, no importa de qué naturaleza sea, pero además quieren ser siempre el centro de atracción.

Si es una boda, querrán ser el novio (o novia), si es un cumpleaños quieren ser el cumpleañero, si es un funeral piden ser el muerto, no importa. Si alguien cuenta una anécdota graciosa o emotiva en una reunión, a toda costa buscarán superarla la mayor parte de las veces con muy poco éxito, si otra persona expone algún caso de éxito o hasta infortunado incluso, el “todasmías” siempre tendrá un caso similar que contar, suyo o de algún amigo cercano, el chiste es tratar de sobresalir siempre, aunque sea inventando historias o forzando situaciones. Quieren siempre ser el centro de la atención sin hacer nada para merecerlo. 

Es una característica de la personalidad de los “todasmías” que se presenta desde muy temprana edad, todos los hemos conocido en diferentes etapas de nuestras vidas, en la primaria, en la secundaria, en la preparatoria, en la universidad, en el trabajo, en el gimnasio, en la colonia, están por todos lados y siempre son quienes generan la mayor parte de los conflictos en los grupos sociales. Nunca están conformes con nada porque siempre lo ansían y ambicionan todo.

Básicamente, el problema no estriba en siempre desear el mejor auto o la casa más grande, o aspirar al mejor puesto de trabajo, o a ser el centro de atención de un grupo, o a tener siempre la razón, todo eso es parte de un auténtico y legítimo deseo de superación personal, siempre y cuando se trabaje de la forma adecuada. El problema estriba en desear todo eso sin esforzarse en lo más mínimo y siempre forzando situaciones, personas o acuerdos, por eso se les cataloga como los “todasmías”.

Y en la política también existen. Quieren ser candidatos, funcionarios de primer nivel, dirigentes de partido y hasta consultores de estrategia política, pero todo al mismo tiempo. Ahora, con un existente relajamiento extremo en cuanto a principios y valores dentro de los organismos políticos, en cuanto a lealtades y compromisos, y en pleno proceso electoral de este año, lo mismo les da acostarse una noche siendo aspirantes o militantes de un partido y amanecer al día siguiente siendo los de otro instituto político, sin importar que este último represente exactamente todo lo contrario del que tenían apenas la noche anterior.

Durante el proceso electoral en marcha en nuestra entidad, han saltado a la palestra política varios de estos ejemplares que las quieren todas al costo que sea, para lo que están dispuestos desde luego aun al escarnio público más ignominioso con tal de obtener los tan ansiados cargos de elección popular.

Uno de esos casos es el del doctor Alejandro Díaz, eminente y reconocido médico especialista en pediatría y enfermedades contagiosas, pero muy alejado del quehacer político, quien no oculta su desenfrenada ambición por llegar a la gubernatura del estado, primero hizo su esfuerzo con Morena en donde no encontró el apoyo requerido, luego hizo lo propio en Redes Progresistas, en Movimiento Ciudadano, en el Partido Verde Ecologista de México y terminó siendo el abanderado de Fuerza México, con lo que ha dejado muy claro que las siglas del partido, su ideología, principios y postulados, es lo que menos importa el objetivo es llegar a gobernar el estado grande al costo que sea.

Otro digno representante del gremio de los “todasmías” es Cruz Pérez Cuéllar quien, en sus mejores tiempos dentro de la política, dirigió en dos periodos consecutivos al PAN estatal, fue diputado local y federal, candidato a alcalde de Juárez en 2004 y a Senador de la República en 2012, pero que al ser defenestrado de ese partido por su acérrimo rival Javier Corral, hoy gobernador del estado, Cruz realizó un salto cuántico a las siglas de Movimiento Ciudadano del que fue candidato a la gubernatura en 2016 y en 2018 dio otro brinco mortal a Morena, en donde hoy se desempeña como senador de la República. Cero ideologías políticas, cero principios partidistas, cero convicciones sociales, solo el poder por el poder. 

Con esa calidad de legislador federal abanderado por la 4T, Pérez Cuéllar buscó este año la candidatura morenista al gobierno estatal y al no obtenerla, en un acto digno del mejor “todasmías”, impugnó legalmente el proceso interno de su partido, impugnación que hasta la fecha sigue vigente y en curso ante la autoridad electoral respectiva, y, aun pesar de esa circunstancia de tener demandado a su propio partido, pretende obtener ahora la candidatura por la presidencia municipal de Juárez. 

Es decir, no se trata de un proyecto específico bien planeado y definido, no, se trata de ser por ser, de llegar por llegar, de acumular poder tan solo por acumularlo, de tener por tener, de estar por estar como cualquier buen “todasmías” lo hace sin medimiento alguno.

Y qué decir del licenciado Javier González Mocken, ahora flamante candidato del PAN al gobierno municipal, pero que fue un distinguido priista durante casi toda su vida quien, al no obtener la nominación deseada para ser alcalde en 2018, así, de la noche a la mañana dio el salto mortal a Morena, quienes lo arroparon con esa candidatura, misma que perdió ante el independiente Armando Cabada, no obstante la ola lopezobradorista que en ese año arrasó con todos los puestos de elección popular en esta ciudad, excepto en la alcaldía.

Ahora, en este año, González Mocken sentía que la candidatura de Morena al mismo cargo (alcaldía) era suya, estaba seguro de que nadie se la disputaría, ya se sentía el candidato y luego alcalde de Juárez, hasta que de pronto apareció en el escenario Gabriel Flores un joven empresario juarense, expriista también, pero quien ya venía trabajando en diversos encargos con Morena desde el 2015, específicamente con Yeidckol Polenvsky, entonces Secretaria General de ese nuevo partido.

Por cierto, un dato poco conocido en ese entonces fue que, quienes abrieron las puertas de Morena a González Mocken, fueron precisamente Yeidckol Polenvsky y Gabriel Flores, aun en contra de la opinión de Juan Carlos Loera de la Rosa quien siempre ha visto en el abogado juarense a un redomado priista además muy cercano al exgobernador Cesar Duarte. Por esta razón, Flores ha calificado públicamente a Mocken como una persona malagradecida.

Pero ¿Qué es lo que anima a estas personas a buscar afanosamente cualquier cargo de elección popular, el que sea? ¿Cuál es su motivación? ¿En qué basan sus pretensiones? Al menos en política, se debe tener muy claro un objetivo, pero también un sustento suficiente para lograrlo. En ese orden de ideas la pregunta obligada sería ¿Cuántos votos representan Díaz, Pérez Cuéllar y Mocken? ¿Cuántos votos valen?

En el caso del doctor Díaz es muy difícil saberlo porque nunca se ha medido en una contienda electoral, además de ser alguien prácticamente desconocido para el común de los chihuahuenses, por tanto, se antoja prácticamente imposible que logre siquiera mantener el registro del partido al que representa.

En el caso de Pérez Cuéllar hay dos datos que permiten hacer un cálculo más o menos aproximado sobre ese valor. En 2006, cuando fue diputado federal por el distrito 3 de esta ciudad bajo las siglas del PAN, obtuvo 64 mil 800 votos. Luego, en 2016, cuando fue candidato a gobernador por Movimiento Ciudadano en Ciudad Juárez obtuvo apenas 17 mil votos, es decir, no fue lo mismo con una marca partidista que con la otra. Por tanto, aunque no funciona así el cálculo electoral, supongamos que en una media pudiera obtener 50 mil votos con las siglas de Morena, insuficientes para ganar la alcaldía.

Con González Mocken es todavía más sencillo. Nunca ha ganado un cargo de elección popular, y en 2018 bajo las siglas de Morena, cuando perdió la alcaldía obtuvo 175 mil votos, es decir, 50 mil menos que la síndica Leticia Ortega quien también con Morena sí se subió a la ola lopezobradorista que arrasó en Juárez. El razonamiento lógico es que Mocken le restó votos a López Obrador, en esa elección que debía haber ganado al menos con 225 mil votos.

Así son los “todasmías” de la política, creen que son la punta del tren y en realidad solo saben venderse bien, a partir de supuestos difíciles de comprobar pero que, quienes desconocen de la política local, se los compran a ciegas.