Opinión

Los procesos de desertificación y su remediación

Conviene advertir que por procesos de 'desertificación' no se hace referencia a la pérdida de tierras productivas al devenir éstas en 'desiertos'

Armando Sepúlveda Sáenz
Analista

miércoles, 24 noviembre 2021 | 06:00

Conviene advertir que por procesos de “desertificación" en el contexto de las ciencias del medio ambiente no se hace referencia a la pérdida de tierras productivas al devenir éstas en “desiertos”, como consecuencia de diversos factores, como las variaciones climáticas y las actividades humanas. Para la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés) la tierra es el "sistema bioproductivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación, otras biotas y los procesos ecológicos e hidrológicos que tienen lugar en él" y más ampliamente como "un área delimitable de la superficie terrestre, que abarca toda la biosfera que se encuentra inmediatamente por encima o por debajo de esa superficie, incluyendo los atributos del clima, las formas del suelo y el terreno, la hidrología superficial (incluyendo lagos poco profundos, ríos, pantanos y ciénagas), las capas sedimentarias cercanas a la superficie y las reservas de agua subterránea asociadas a ellas, la biodiversidad, los patrones de asentamiento humano y los resultados físicos de la actividad humana pasada y presente (terrazas, estructuras para el almacenamiento de agua y drenaje, carreteras, edificios, etc.)". 

La UNCCD pone énfasis en las tierras secas. Dicha importancia se debe a que sus características climáticas, como la precipitación escasa e irregular, la gran diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas, la elevada evapotranspiración potencial, así como la presencia de suelos con poca materia orgánica y humedad, elevan la susceptibilidad de sufrir degradación del suelo y alteraciones de los sistemas biofísicos y sociales que sustenta.

Los procesos que provocan la desertificación son variados y complejos. De acuerdo con la UNCCD están relacionados principalmente con dos aspectos, el primero se refiere a las variaciones climáticas, tales como lluvias irregulares y poco frecuentes (sequía) y a la persistencia de altas temperaturas durante periodos prolongados de tiempo, lo que provoca tasas de evapotranspiración elevadas; mientras que el segundo factor tiene que ver con las actividades humanas, tales como la sobreexplotación del suelo en actividades agrícolas, el sobrepastoreo, la deforestación y el uso de sistemas de irrigación inadecuados. Las acciones para enmendar o evitar el problema de la desertificación deben atender las esferas ambientales, políticas y sociales. Las consecuencias más importantes de la desertificación se agrupan en las afectaciones a las poblaciones humanas y a los ecosistemas, las primeras tienen que ver con la insuficiencia alimentaria, por la producción insuficiente de alimentos, la pobreza, el agravamiento de problemas de salud debido a las partículas transportadas por el viento (p. e]., infecciones oculares, enfermedades respiratorias y alergias); la segunda incluye un deterioro de la capacidad funcional del ecosistema asociado a la baja en la fertilidad del suelo, salinización y erosión, reducción de la capacidad de resiliencia de la tierra, incremento de las inundaciones en las partes bajas de las cuencas por la afectación del ciclo hidrológico, escasez de agua, desecación y sedimentación de cuerpos de agua y la alteración de los ciclos biológicos.

Según la UNCCD, en 2011 el 12.1% de la superficie terrestre del planeta está ocupada por zonas áridas; 17.7% por zonas semiáridas y 9.9% por secas subhúmedas. En ellas vivía un poco más de la tercera parte de la población mundial, la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo. En México en el año 2013 la Conafor, en colaboración con la Universidad Autónoma Chapingo, publicó el estudio para la determinación de la Línea Base Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación. El Informe de la Situación Medio Ambienta en México 2018 en su página 203 recoge un mapa de los tipos de tierras secas conforme al estudio de la Universidad de Chapingo. En él puede observarse que en nuestro estado predominan las superficies de los tipos de tierras secas: semiáridos, áridos e hiperáridos. 

Si se evalúa en esfuerzo de la Conafor en materia de forestación y reforestación, las metas distan de las necesidades y puede considerarse exiguo. Para el estado de Chihuahua, como en todas partes, enfrentar los procesos de desertificación exige el concurso de diversos actores: las comunidades productivas y sus organizaciones, las autoridades federales, estatales y municipales. Las dimensiones del problema involucran un conocimiento preciso de las variables que definen su estado y una política específica para luchar para subsanar los diversos grados de presencia de la desertificación. Desgraciadamente las irrelevantes acciones preventivas sobre este proceso ahora representan un mayor costo financiero, técnico y humano de las acciones correctivas. 

Ante la irrelevante intervención del gobierno federal, la atención del problema descansa en la determinación del gobierno estatal para atender un problema que en nuestro estado alcanza niveles de gravedad sin parangón en el resto del país.

close
search