Los problemas de la ciudad

Juárez merecería un mejor presente, ya no digamos un futuro promisorio

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 14 julio 2019 | 06:00

Ciudad Juárez es una ciudad que merecería un mejor presente, ya no digamos un futuro promisorio, sino más bien estar dentro de la actualidad del estado, del país y del mundo, porque es, sin duda alguna, una de las ciudades más importantes en el contexto no sólo nacional, sino mundial. Desafortunadamente no es así.

Nuestra ciudad presenta rezagos gravísimos en muchas áreas, pero principalmente en temas de infraestructura urbana –vialidades, señalización, pavimentación, drenaje pluvial, alumbrado público, transporte urbano colectivo y otros–, pero también en materia de desarrollo social, cultural, turístico y de salud. No es posible que a estas alturas no tengamos un hospital de tercer nivel, ya sea del IMSS o del Issste o de cualquier otra instancia de salud oficial, tan sólo por poner un ejemplo en el tema de salud.

Sin olvidar, por supuesto, uno de los más graves y sentidos reclamos sociales: la seguridad pública. Estamos hablando de los índices o satisfactores esenciales para cualquier comunidad, que le permitan a sus habitantes una calidad de vida digna del tamaño e importancia de ciudad que tenemos.

Para contextualizar adecuadamente, analicemos lo que significa el término rezago. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, rezago significa “atraso o residuo que queda de algo”, es decir, en el caso que nos ocupa estamos hablando del atraso en obras de infraestructura urbana y social que padecemos, lo que se ha dejado de hacer a lo largo del tiempo. Obras o programas que se han dejado de hacer a pesar de que se tenían que haber realizado.

El mismo gobernador del estado, y otros actores políticos y sociales, reconocen que el rezago general de la ciudad asciende a unos 100 mil millones de pesos. Tan sólo por cuantificar en pesos las muy diversas problemáticas que nos aquejan a los fronterizos. Es un mundo de dinero.

Y si ese rezago es de tal magnitud, hablando por supuesto de la cuantía de lo no hecho, quiere decir que han sido varios años, décadas incluso, en los que las administraciones municipales y estatales han permitido o incluso llevado a esa condición precaria para Juárez y para los juarenses. Porque, sin duda alguna, la responsabilidad primaria del desarrollo armónico de una ciudad corresponde a las autoridades de gobierno.

Por años hemos sabido que una simple llovizna pone de cabeza a la ciudad. Por años se ha dicho que el problema es porque carecemos de un drenaje pluvial (sistema de tuberías, desagües y canales específicamente diseñado para captar y canalizar el agua de lluvia), y también por años presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la República le han sacado la vuelta al problema y a la solución.

Tirándose la responsabilidad unos a otros, como es costumbre entre los políticos, han dejado que ese problema crezca y se acentúe cada vez más. Que si es competencia federal, que si lo es del Gobierno estatal (las Juntas de Agua Municipales sólo tienen el nombre porque en la realidad están subordinadas al Gobierno del Estado), o en algunos casos extremos se ha llegado a señalar la responsabilidad a las administraciones municipales, cuando en la realidad carecen de competencia y de recursos.

Se han dado varias cifras sobre lo que costaría construir un adecuado drenaje pluvial para la ciudad. Pero más allá de las cifras, todas estratosféricas e inalcanzables para un exiguo presupuesto municipal, lo que está de fondo es la falta de voluntad de los gobernantes para resolver el problema. No han querido hacerlo a pesar de la trascendencia del mismo.

Y como el caso del drenaje, puedo mencionar también el de la falta de vialidades modernas, funcionales, bien planeadas y trazadas, que mejoren la movilidad de los juarenses. Un transporte que de verdad le de un servicio oportuno, de calidad y seguro a los juarenses. Pero tampoco lo tenemos.

O el tema de la pavimentación de calles. Ciudad Juárez presenta un rezago del 45 por ciento en ese tema. Es decir, prácticamente la mitad de las calles de la ciudad no tienen pavimento ¡eso es terrible!, no puede ser que una ciudad como la nuestra, del tamaño e importancia que tiene, tenga casi la mitad de sus calles sin pavimentar. Ese es un índice que incide directamente en la calidad de vida de los ciudadanos, y por el que se mide internacionalmente la pobreza.

Ya en 2016 se reconocía un incremento del 32.6 por ciento, durante los anteriores 10 años en el rezago de pavimentación de la ciudad, porque habíamos pasado entonces de 10 millones de metros cuadrados a 13 millones 260 mil, con información del Sistema de Administración de Pavimentos (SAP), y en un estudio elaborado por el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP) en 2006, es decir 10 años antes, en ese tiempo la ciudad tenía 10 millones de metros cuadrados sin pavimentar; mientras que en 2016, el director de Obras Públicas de ese momento, Héctor Anguiano, daba a conocer que la cifra había ascendido tres millones 260 mil metros cuadrados.

No hay dinero que alcance, del presupuesto municipal, para remediar esa situación. Tan sólo el año pasado el Municipio invirtió casi 200 millones de pesos en pavimentar calles. La actual administración 2018-2021 hizo el compromiso de pavimentar 500 calles nuevas durante su gestión, y aún así, el avance que se logre será insuficiente ante el tamaño del problema.

O el tema del Centro de Convenciones que, si bien se trata de una obra magna para el sector comercial e industrial, principalmente, no deja de ser un importante rezago para una ciudad cosmopolita como la nuestra, considerada en el mundo entero de las más importantes en materia de actividad industrial. Un centro de convenciones digno detonaría localmente, de manera importante, aspectos como el empleo, el comercio y el turismo con la derrama económica que eso implica. Pero, en aspecto tampoco se ha avanzado nada a pesar de que se han puesto al menos cuatro primeras piedras, en diferentes lugares de la ciudad, del centro de convenciones.

O el alumbrado público que tenemos hoy; deficiente, de baja calidad, caro, inoperante por completo, y fuera de todas las normas oficiales para ese servicio. La luz que proporcionan las luminarias instaladas, en donde funcionan, es amarillenta, escasa y de corto espectro de iluminación. Es tan viejo y obsoleto en sistema de alumbrado que, las lámparas que hoy se deben reemplazar cuando dejan de funcionar, ya no se encuentran en el mercado. Están descontinuadas por obsoletas, entonces se deben mandar a fabricar en pedido especial a algún fabricante chino, con todos los costos que eso implica.

He dado cuenta tan sólo de algunos de los más importantes rezagos que tenemos, de manera muy general y sólo enlistándolos, pero ¿por qué padecemos esos rezagos? ¿Por qué otras ciudades como la capital del estado no los padecen de igual manera? 

Hay varias razones para que así sea. Una de ellas es que la temporalidad de los gobernantes –tres o seis años– los hace no pensar en obras o proyectos de largo alcance, tan sólo les interesa el rendimiento electoral de sus acciones, es decir, piensan y proyectan solo a tres o seis años. No más.

Otra razón es que las cuantiosas inversiones que se requieren hacen inviables muchos de los proyectos, al menos en el corto plazo, y ante el inconveniente de dejar obras inconclusas, para que otros se lleven el mérito, prefieren dejar de hacerlas o ejecutarlas. También debemos enlistar como una de las causas la pasividad de la sociedad. Nos hemos acostumbrado a no exigir, a dejar hacer, a dejar pasar, por lo tanto los gobernantes no han sentido la presión social que los obligue a realizar obras de gran calado y trascendencia en la comunidad.

En ese sentido, los capitalinos de Chihuahua se refieren a los juarenses con cierta sorna y sarcasmo, porque mientras ellos logran ponerse de acuerdo entre autoridades, ciudadanos, cámaras empresariales y diversos sectores sociales para la realización de grandes proyectos, más allá de filias y fobias partidistas o de sectores, los fronterizos somos especialistas en ponerle peros a todo y a todos, hasta por sistema, sólo por joder, como dice coloquialmente algún meme en redes sociales.

Así no hay modo de avanzar a ningún lado. Si los mismos juarenses seguimos oponiéndonos al desarrollo, modernización, funcionalidad y embellecimiento de nuestra ciudad, vamos a tardar mucho más en salir de tantos rezagos que tenemos.