Opinión

Los presidenciables de AMLO y otros (a)

La mañanera del lunes recorrió el país como pólvora ardiendo sobre la superficie de la tierra nacional, veloz y lanzando chispas morenas

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 18 julio 2021 | 06:00

La mañanera del lunes recorrió el país como pólvora ardiendo sobre la superficie de la tierra nacional, veloz y lanzando chispas morenas.

Andrés Manuel López Obrador destapó los nombres de quienes podrían sucederlo en la Presidencia de la República desde “el flanco progresista liberal”. Hubo jalón del gen priista.

Bajó la cabeza hacia un lado del micrófono y contó con los dedos de la mano:

“hay muchísimos como Claudia, Marcelo, Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma, Tatiana Clouthier, Rocío Nahle, bueno, muchísimos. Afortunadamente hay relevo generacional”.

Se refirió a Claudia Sheinbaum, la jefa de la Ciudad de México; al Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; al embajador de México en la ONU, el embajador de nuestro país en Estados Unidos; a la Secretaria de Economía y a la Secretaria de Energía, respectivamente.

Líderes sociales de toda índole, analistas y políticos tanto de la familia Morena como fuera de ella, se agolparon a una sola voz aunque en distintos tonos y significados al arranque de AMLO por el cercano 2024.

La coincidencia general es que entre esos miembros de la clase gubernamental federal, -y estatal en el caso de Sheinbaum-, aparecen en la íntima preferencia del tabasqueño solo uno o dos tanto por cercanos a su corazón costeño como por su viabilidad política. Claudia y Marcelo; de mero relleno el resto.

El impacto es mayúsculo porque esa mañanera significa en realidad el inicio de la campaña electoral hacia el ‘24 y entre los mencionados, en efecto, pudiera resultar al final del día presidente o presidenta para el período subsecuente, el que concluye en 2030.

Eso queda claro como verdad rebatible solo para incautos o simuladores. Quienes en adelante esperen “los tiempos” o las “reglas constitucionales” deberán también resignarse a ver como triunfadores nada menos que a los adelantados de ahora.

Los simuladores repetirán la propia estrategia del Presidente. Dirán en público que aguardarán los “plazos que dicte la norma electoral” pero sus cuarteles de guerra trabajarán con fragor y sin descanso.

Ha empezado a chorrear por sus frentes el sudor de la impaciencia y de sueños futuristas con la banda presidencial calzada al pecho, verde blanca y roja; y su redonda águila dorada al centro devorando la serpiente. Poder, todo el poder en el país bajo ese simbolismo.

La bomba electoral ha estallado, AMLO le apachurró al botón rojo.

•••

-Hay que agradecer al presidente que nos tome en cuenta.

Esas palabras de Marcelo Ebrard no guardan ninguna diferencia con las pronunciadas por los destapados de don Porfirio Díaz ni por sus sucesores de la época post revolucionaria.

López Obrador aludió al dictador de ninguna manera en tono de enojo o reproche. Quiso ser irónico pero sus ademanes, su lenguaje corporal, revelaron una cierta fascinación por los métodos “simuladores” utilizados por el expresidente mexicano para mantenerse en el poder por más de 30 años; apenas un sexenio y poco menos que el permanente referente de vida de AMLO, Benito Juárez. Uno versado en las armas y en la razón de la fuerza; el otro perteneciente a las poderosas catacumbas de la escuadra y el compás.

Andrés Manuel ha dicho que se retirará apenas termine su administración aunque le vaya de maravilla en el referéndum del año entrante.

Tiene lógica su afirmación solo por la edad aunque indicarían otra cosa sus extraordinarios mimos al Ejército, que han incluido el rescate del exsecretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, de manos de la justicia estadunidense, y sus planes transexenales de gobierno

Su destape masivo del lunes exhibe la paciente maduración de la estrategia no para buscar la perpetuación individual en la Presidencia pero sí para heredarla entre los mencionados, los enlistados a todo volumen y con tinta fosforescente en el flanco progresista liberal. Todos funcionarios públicos impulsados por él. Rescatables solo dos en el análisis objetivo.

•••

Desde semanas antes del banderazo presidencial venía tomando ya su propio ritmo la sucesión. Sobre los muertos que dejó la tragedia en la línea 12 del metro de la Ciudad de México pelearon los equipos de Claudia y de Marcelo; también del jefe nacional de Morena, Mario Delgado, e influyentes asesores de la Presidencia de la República. Sin disimulo buscaron descarrilarse unos y otros.

Bajo esas condiciones y las circunstanciales electorales fue lógica la destapada de cartas por parte de AMLO. Al menos ya sabemos que le interesa el 2024 para alguno de sus enumerados con los dedos de las presidenciales manos.

La cosecha de gubernaturas ganadas por los candidatos de su partido ha generado confianza en López Obrador, evidentemente. Han tratado él y sus asesores de minimizar el bajón de la fuerza legislativa sufrida para la Cámara de Diputados y se resisten a la indispensable autocrítica por la derrota en el bastión moreno, en el corazón del lópez obradorismo, del cardenismo: el grueso de las alcaldías de la Ciudad de México.

Ellos, los chairos, los fans de la Cuarta Transformación, pretenden cerrar los ojos a las nuevas circunstancias electorales hacia la segunda mitad del régimen obradorista y se mantienen confiados en que la ola del 2018 les alcanzará por si sola hasta el 2024 con cualquiera del “relevo generacional”.

La realidad es distinta. Guarda discrepancias semejante certidumbre con el nuevo ánimo social en el país hacia la figura de la 4T, muy marcado a su favor en algunas regiones del sur y sureste pero categóricamente rechazado en la mitad de la CdMx y en el norte.

Parece débil la oposición al partido en el poder federal, pero los principales partidos políticos, PAN y PRI, y de pasada el PRD con menos fuerza, han ratificado su alianza hasta el 2024. Es factible que el Movimiento Ciudadano termine uniéndose a ellos si en Morena la siguen haciendo el feo a Dante Delgado, el auténtico jefe naranja.

Además, fuera del flanco progresista pero dentro de Morena, aparece la figura del jefe de dicho partido en el Senado, Ricardo Monreal. Conoce tan bien su fuerza que pudo emanciparse del PRI, convertirse en gobernador de Zacatecas por el PRD, empoderarse con AMLO y seguir en el control de su estado a través de su hermano David, electo gobernador el pasado seis de junio.

El PRI tienen a un joven tiburón para dar batería a cualquier a moreno, su presidente nacional, Alejandro “Alito” Moreno; el grupo tricolor de Miguel Angel Osorio no tardará en aventar su propuesta; los Atlacomulcos de Peña Nieto (y sus Itamitas) no podrán sacar todavía la cabeza sin que se las rebane Santiago Nieto pero seguirán en el proyecto con el blanquiazul.

Por su lado, el PAN tiene varias opciones para escoger, al menos tres con bastante poder para enfrentar a los “liberales” del Presidente, o a Monreal, o cualquier otro guinda.

Los gobernadores de Yucatán y Querétaro, Mauricio Vila y Francisco Domínguez, se han mantenido como los mejor evaluados entre los 32 gobernadores del país. Representan fielmente a los aspiracionistas, a la clase media, al centro, a los conservadores, a la derecha erróneamente señalada cada minuto de cada día por López Obrador.

¿Y Maru Campos?. En dos años, la gobernadora chihuahuense estaría preparada para ser incluida en la lista presidencial si compone el desastre heredado por el fracaso llamado Javier Corral y si mantiene la firmeza y su calidad política operativa que la hizo superar la persecución patológica del corralismo y la llevó al éxito obtenido.

Campos Galván convirtió en oportunidad la pretensión de descarrilarla. Si ya era conocida entre la clase política nacional como diputada federal, su imagen se fortaleció ahora entre los gobernadores de su partido, entre gran cantidad de líderes sociales y de otros partidos, entre la jerarquía nacional blanquiazul, entre todos a quienes recurrió para buscar su respaldo, lo consiguió, y terminó demostrándoles su capacidad enorme de saltar adversidades para muchos posibles solo en sueños.

No hay pues peritas en dulce para la 4T. Cometerían un error histórico los morenos al creer que como van serán ratificados por la mayoría de los mexicanos en tres años.

El “relevo generacional” no completará mayoría solo con liberales e izquierda aunque hayan sido destapados sus integrantes por el Presidente. Queda poco tiempo para la reflexión y la necesaria inclusión. Deben ser los resultados de Chihuahua aleccionadores en ese sentido.

close
search