Los migrantes de la Parroquia San Juan

Ayer, junto a un grupo de alumnos y alumnas, acudimos a la Parroquia San Juan Apóstol, donde viven un grupo de migrantes

Carlos Murillo
Abogado
domingo, 07 abril 2019 | 06:00

Ayer, junto a un grupo de alumnos y alumnas, acudimos a la Parroquia San Juan Apóstol, donde viven un grupo de migrantes. En este lugar, la mayoría son de nacionalidad cubana. La idea de la visita, era hacer algunas entrevistas con el fin de conocer más sobre la cultura de estas personas.

La forma de llegar es muy fácil, si usted viene por la avenida Panamericana de norte a sur, pasando el Parque Central, da vuelta a la derecha en la esquina donde hay una Farmacia Guadalajara y unas cuadras más adelante está la parroquia, en el mero corazón de Infonavit Jarudo.

Ahí nos atendió el presbítero Francisco García, quien escuchó atentamente el motivo de la visita y nos explicó que, en ese momento, había pocos migrantes y estaban descansando, otros todavía andaban trabajando y unos más salieron a comprar algunas cosas para la comida. En total son poco más de cincuenta.

A los alumnos les mandé un mensaje diciéndoles que, si podían, sería bueno que llevaran alguna donación en agradecimiento, estos albergues necesitan material de limpieza, jabón, detergente, así como productos de aseo personal, shampoo, pasta de dientes, rastrillos. Si usted puede donar algo, seguramente será muy útil para los migrantes.

Antes de iniciar la dinámica, era necesario establecer algunas reglas mínimas para los jóvenes investigadores. Primero, les dije que deben ser muy respetuosos porque, al final de cuentas, llegamos al lugar donde ellos viven y -la entrevista-, es un pacto entre las dos partes, uno que está dispuesto a contestar y otro que quiere hacer las preguntas.

Esta idea -de entablar un diálogo con los migrantes-, no es solamente didáctica, se trata de hacer un ejercicio de comunidad a partir de la acción. La misión era abrir un canal de comunicación para conocernos y reconocernos.

También, el objetivo era dialogar porque eso permite quitarse los prejuicios. Los migrantes están aquí porque buscan una mejor vida, algo que también nosotros deseamos, eso nos une. 

Después de sacudirnos los estereotipos, ahora tenemos que acercarnos con un valor universal: el respeto, para después entendernos en un plano de igualdad. Hay que entendernos como seres humanos buscando encontrarnos en un diálogo. En esa lógica no hay diferencias.

Antes de comenzar las entrevistas, les dije que debían presentarse y solicitarle a la persona unos minutos para hacerle algunas preguntas. Después de llegar al primer acuerdo, ahora sí pueden comenzar con el cuestionario.

Una vez que establecimos las reglas para las entrevistas, sigue abordar a las personas. En la cocina había tres o cuatro mujeres jóvenes que estaban preparando los alimentos, así que varios de los alumnos se quedaron para entrevistarlas.

Los demás salimos a buscar ese diálogo. Desde ese momento, los alumnos que iban a observar se convirtieron en observados. Algunos de ellos se acercaron con alguna persona que estaba en el patio y comenzaron a persuadirlo para que les diera la entrevista. Como suele suceder, no todos aceptaban, quizá porque ya los entrevistaron anteriormente o porque en ese momento no estaban de humor.

Es complejo acercarse a una persona que no conocemos y más en estas circunstancias. Eso nos explica mucho de las relaciones humanas.

Por un momento, los estudiantes tuvieron que vencer las barreras del diálogo y acercarse para intentar conversar un rato. El simple hecho de estar ahí ya es un éxito para vencer la apatía.

Sin embargo, no todos comprenden con el mismo ritmo, después de ser rechazado por una o dos personas, un alumno que ya se quería ir me preguntó “¿profe, también podemos entrevistar a los que limpian los vidrios en el puente?”. A pesar del esfuerzo por acabar con el estereotipo del migrante, no a todos les cae el veinte.

A ese alumno, le dije que no todos los migrantes están en el puente en esas condiciones. Muchos de los migrantes son profesionistas altamente calificados o fueron empresarios en sus lugares de origen, como suele suceder con estas olas de migración, entre la marea viene de todo, seguramente hay quienes eran líderes en sus comunidades, otros personas comunes y algunos no eran tan buenas personas.

A continuación transcribiré una parte de la entrevista de unas alumnas, que me parece importante visibilizar: “Te voy a decir, hay dos tipos de caravanas, las personas que vienen como yo, pacíficamente, buscando sus documentos legales, ¿por qué? Porque no tenemos miedo a que miren nuestros antecedentes legales. La gente que viene haciendo refuego que quiere entrar por la fuerza es la gente que no quiere registrarse ¿si?, ese es otro bando, otro tipo de gente, otro tipo de pensamiento, otro tipo de metas. Vamos diferentes. Ya si aquí, unidos, hay un refuego, yo me aparto”. Esta narrativa demuestra que, desde su experiencia, hay por lo menos dos grupos de personas, los que vienen pacíficamente y los que quieren entrar violentamente a los Estados Unidos.

Después de dar las instrucciones en el comedor, fuimos a un edificio de dos pisos que está enseguida de la parroquia. En ese lugar, en el segundo piso se acondicionaron algunas aulas como dormitorios y los baños se adaptaron para contar con regaderas, en la parte de abajo continúan las jornadas de confirmaciones y pláticas prebautismales y prematrimoniales.

Las puertas de esta comunidad católica se abrieron para los migrantes, pero esto también causó un aumento en el costo de los servicios; la parroquia ahora paga más luz, agua y gas. Las necesidades son más ahora y es necesario ayudar.

Según me contaron, un empresario les ofreció trabajo a los migrantes y algunos de ellos aceptaron, así que, algunos, se han integrado a la comunidad también como fuerza laboral. Otros solamente esperan su turno, pero como están las cosas con el gobierno de Estados Unidos, la meta de brincar el río se ve lejos todavía.

Estas entrevistas nos permitieron acercarnos a los migrantes, conocer sus historias más allá de lo que se alcanza a ver en los medios de comunicación y las redes sociales. Varios grupos de alumnos salieron emocionados por tener la oportunidad de platicar con un migrante. Sin duda, para todos fue una gran experiencia.

Después de hacer la tarea, salimos de la parroquia, en ese momento me entero por las redes sociales del asesinato de una alumna universitaria, Dana Lizet Lozano Chávez, estudiante de la Licenciatura en Literatura de la UACJ. La noticia es indignante.

La tarea con los migrantes nunca se borrará de nuestra memoria, no sólo porque dialogamos con ellos, sino porque, ese mismo día, haciendo una tarea que permite acercar la academia con la realidad, volvimos a sentir el dolor que provocan las miserias humanas.

La jornada con los migrantes quedó marcada por una desgracia que enluta a nuestra ciudad y a la universidad en especial. Las autoridades deben responder con acciones para que esto no se repita y hacer justicia.