Opinión

¡Los ciudadanos estamos de pie!

Sucedió lo mismo: las grandes obras anunciadas por el gobierno terminan postrando a nuestra querida ciudad. Aún recuerdo cuando con bombos y platillos se anunció a Riberas del Bravo como 'un conjunto habitacional único en el país, ¡y es para Juárez!'

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 08 septiembre 2021 | 06:00

“Los problemas que parecen enormes, son la oportunidad para crecer y no la excusa para la tristeza inerte… 

La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo”.

Jorge Bergoglio

Henos aquí, expectantes.

Sucedió lo mismo: las grandes obras anunciadas por el gobierno terminan postrando a nuestra querida ciudad. Aún recuerdo cuando con bombos y platillos se anunció a Riberas del Bravo como “un conjunto habitacional único en el país, ¡y es para Juárez!”. Cuando creímos que al fin tendríamos hospitales de buen nivel, nos quedamos con elefantes blancos, mal diseñados y peor construidos, y la promesa de que un día -que no llega- se concluirán. Se hipotecó nuestro futuro por décadas en aras de un supuesto plan de movilidad urbana que todavía seguimos pagando sin saber en qué nos benefició. La administración municipal acaba de liquidar la deuda de un costoso programa de alumbrado… mientras la ciudad sigue a oscuras. Proyectos inacabados algunos, otros inútiles. Podría decirse que nos engañaron, pero lo cierto es que nos usaron.

Como ciudadanos estamos conscientes de que el período de las administraciones gubernamentales es una limitante para implementar proyectos de alto impacto y que, ante la prisa de aparecer en fotografías de inauguraciones, se opta por proyectos menores o retacería de obras mal ejecutadas. No estamos acostumbrados a que los proyectos importantes tengan la continuidad que merecen. En ese sentido, la posibilidad para los alcaldes de reelegirse ha paliado un poco esta situación abriendo la posibilidad de visualizar proyectos de mayor alcance.

Pero si mal o bien hemos sobrevivido a los vaivenes de los tiempos de transición y obras inacabadas, en esta ocasión hemos quedado entrampados en el punto de no retorno de un proyecto de vital importancia cuyo futuro es tan incierto, como lo ha sido su desarrollo a lo largo de los últimos tres años: la segunda línea troncal del transporte semimasivo BRT.

Al parecer todos estamos de acuerdo en que el transporte público de nuestra ciudad -y del municipio entero- debe modernizarse, más no así en cómo debe hacerse. La importancia global de la metrópoli binacional en que vivimos amerita abandonar el ineficiente modelo radial con el que actualmente funciona, así como de las concesiones hombre-camión que someten a los usuarios a los caprichos de los concesionarios. No basta con actualizar el modelo de las unidades de transporte porque, tarde o temprano, volverán a caer en la obsolescencia.

En lo personal le apuesto al sistema BRT por dos razones: porque funciona con éxito en ciudades no solo de otros países latinoamericanos, sino también de nuestro país, entre otras, León, que tiene vocación y tamaño similar a Ciudad Juárez, y en la propia Ciudad de México, cuya complejidad no ponemos en duda, ¿por qué no habrá de funcionar aquí? La segunda razón se debe a que lo considero como la mejor opción dada su factibilidad: ¿qué más quisiera yo que contáramos con un metro, subterráneo o en segundo piso? Sin embargo, los recursos disponibles, simplemente, no dan para cumplir mi sueño. 

Si ciertamente convengo en que el sistema BRT es la opción más adecuada por el momento -ya que pudiera ser complementado por otros sistemas de transporte, aún el metro- estoy consciente de que el proceso de implementación ha tenido sus sombras, una de ellas la falta de socialización que ha dado lugar a reacciones que se pudieron evitar: el desconocimiento y la incertidumbre han sido el mejor aliado para sumar adeptos a quienes se oponen al BRT. En contraste, las autoridades municipales han hecho lo correcto al requerir licencias de construcción y ceder en comodato el suelo para los paraderos que correspondan: ello les dota de formalidad; por su parte, los concesionarios comprometidos con el proyecto han consolidado empresas para garantizar el cumplimiento de la ley y capacitación de los choferes, entre otros beneficios. Han cumplido con su parte.

Como comunidad estamos comprometidos a garantizar que cada persona viva con dignidad y tenga oportunidades para su desarrollo integral. No dudemos: la superación de la inequidad trae consigo desarrollo económico y social. Por ello, estoy cierta en que hoy día, a diferencia de ocasiones anteriores, los ciudadanos nos mantendremos de pie, prestos a levantar la mano de Maru Campos y Cruz Pérez Cuéllar, ya que ellos, por la responsabilidad asumida hacia los juarenses y, por qué no decirlo, valentía al asumir el reto, serán quienes finalmente inaugurarán la obra que transformará a Juárez.

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