Opinión

Los Alemán

Hay quienes dicen que la política es el instrumento que hace iguales a los desiguales. Esta aseveración puede tener diversas aristas

Sixto Duarte
Analista

martes, 20 julio 2021 | 06:00

Hay quienes dicen que la política es el instrumento que hace iguales a los desiguales. Esta aseveración puede tener diversas aristas. Se puede entender que la política es un elemento de equilibrio entre el poderoso y el desposeído. Por otro lado, para los cínicos y corruptos puede ser un instrumento muy lucrativo que les permite, con recursos públicos, incrementar sus capitales privados.

Es un elemento básico dentro del estudio de la Teoría del Estado y del Derecho Constitucional, que el poder político (cuya fuente, la voluntad popular es la única que otorga el monopolio de la fuerza) tiende a someter a todos los demás poderes de carácter fáctico como lo son el poder económico, religioso, mediático, etc. Si no lo cree, basta ver qué sucede con Cuba y Venezuela para confirmar que el poder político no acepta competencias y doblega a los que lo amenazan. En pocas palabras, por mucho dinero que se tenga en el banco o abajo del colchón, nunca es suficiente para resistir una embestida del Estado.

En un país como el nuestro, donde el dinero significa necesariamente poder y cercanía con quienes lo detentan, muchas veces esta proximidad se traduce en impunidad para una cierta clase. Como decía Monseñor Óscar Arnulfo Romero, “La justicia es como la serpiente: solo muerde a los descalzos”.

A pesar de creer firmemente en lo que he expresado, en México está ocurriendo una situación que no alcanzamos a entender de forma clara.

La semana antepasada fue girada una orden de aprehensión en contra de Miguel Alemán Magnani, presidente del Consejo de Administración de la aerolínea Interjet. Se le acusa del delito de defraudación fiscal por un monto superior a los sesenta millones de pesos.

En abril pasado, en la columna de El Universal de Salvador García Soto, se narró el encuentro sostenido entre Alemán y Raquel Buenrostro, jefa del SAT. En pocas palabras, Buenrostro amenazó a Alemán que si no se pagaban los adeudos con el fisco, terminarían en la cárcel. Alemán terminó autoexiliándose en Europa en lo que pasaba la tormenta.

A pesar de llevar una relación de amistad con el presidente, la procuración de justicia (en teoría autónoma, pero en los hechos supeditada al Ejecutivo) solicitó una orden de aprehensión en contra de Alemán Magnani por los actos antes descritos. Esto pudiera entenderse como un mensaje de que en México terminó la impunidad. Sin embargo, con lo tolerante que ha sido el gobierno de la 4T con personajes tan cuestionados como Napoleón Gómez Urrutia, Elba Esther Gordillo, Félix Salgado Macedonio, Manuel Bartlett e incluso el mismo Emilio Lozoya, es evidente que la motivación no es genuina.

Tal vez el gobierno quiere enviar un mensaje a la clase empresarial para tenerlos alineados a los intereses de la 4T. Qué mejor que enviar ese mensaje a través de quien supuestamente es un amigo cercano al presidente. De esa forma, se entiende que si los Alemán (hijo y nieto del expresidente Miguel Alemán Valdés) no están seguros, entonces cualquiera puede ser alcanzado por el brazo de la “justicia tetratransformadora”.

Quizá por los inagotables escándalos de corrupción y saqueo de las arcas públicas que se han dado en nuestro país, hemos visto que la opinión pública se vuelca a aplaudir siempre que se captura a algún poderoso. Como si estuviéramos en el circo romano, el público quiere ver sangre, más que una genuina procuración de justicia. El caso de los Alemán pinta para convertirlos en un ejemplo para todos.

Este gobierno ha usado como nunca el terrorismo fiscal (SAT) y financiero (UIF) para mantener a raya a sus enemigos políticos. En este caso, es a un supuesto amigo del poder al que quieren sentar en el banquillo de los acusados. De ahí que parecería que quieren usar a los Alemán como chivos expiatorios.

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