Opinión

Los acuerdos de paz al son de la tuba

Jorge creció escuchando a su padre y sus familiares ensayar música de banda

Margarita Patricia Velázquez Osuna

lunes, 12 julio 2021 | 06:00

Jorge creció escuchando a su padre y sus familiares ensayar música de banda, a quienes también acompañaba a amenizar las fiestas de su pueblo natal y las poblaciones aledañas. Fue en una de esas fiestas que sintió que la tuba lo había elegido, hasta convertirse en su proyecto de vida. 

Aunque le encantaba la música de banda, su fascinación era la música de orquesta. Así que a los 18 años decidió dejar todo para irse a vivir a la ciudad buscando un mejor futuro, tramitar una beca para ingresar al conservatorio y un trabajo para pagar su sostén mientras perseguía su sueño de convertirse en un tubista de una orquesta famosa. 

En la ciudad tenía algunos conocidos, que en un inicio le ayudaron a conseguir trabajo y hospedaje en unos multifamiliares cerca de la zona industrial. Durante el día trabajaba de cargador en un almacén y mientras que sus compañeros de departamento regresaban del trabajo, tocaba su tuba. 

En un inicio, nadie en los multifamiliares se quejaba del ruido porque los ensayos no pasaban de las nueve de la noche, pero conforme sus compañeros tomaron el turno nocturno de trabajo, a Jorge se le hizo fácil aliviar su soledad acompañándose de su tuba; además buscaba practicar más para conseguir una beca en el conservatorio.

Para los vecinos las primeras noches fueron pasables, pero con el paso de los días la convivencia vecinal se tornó complicada. Empezaron los avisos, después los reclamos y al final las agresiones que se extendieron incluso hacia sus compañeros. Aun cuando Jorge evitaba tocar su tuba después de las 9 de la noche, la situación empeoraba y la violencia escalaba.

Seguramente estarás pensando que Jorge tenía la culpa de todo este conflicto, pero cuando contemplas esta situación desde el punto de vista de Educación para la Paz, te percatas de que hay maneras de mejorar la convivencia. 

Justo esto que vivieron Jorge y sus vecinos es uno de los conflictos más comunes en nuestro país. De acuerdo con el Inegi en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que investiga la percepción de inseguridad y violencia en México, el primer trimestre del 2021, del 29.7% de la población mayor de 18 años que tuvo al menos un conflicto en su vida cotidiana, 11.6% de estos conflictos fueron por ruido, siendo éste el más común de los enfrentamientos vecinales. 

Para este tipo de situaciones la mediación comunitaria es una herramienta eficaz de resolución de conflictos relacionados con el trato cotidiano. En estas situaciones es común que el administrador intervenga idealmente acompañado de uno o varios mediadores que faciliten el diálogo entre los vecinos para mejorar la convivencia, solucionar con rapidez una disputa, economizando en recursos, tiempo y emocionalidad. 

Con este diálogo se da un mayor cumplimiento a los acuerdos, pues estos compromisos se generan entre los vecinos y se adaptan a las circunstancias y necesidades cambiantes de la comunidad; además, estos mismos vecinos toman conciencia de los impactos que provocan en los demás lo que hacen o dejan de hacer, por lo que pueden anticiparse cuando susciten situaciones que identifican como detonantes de situaciones conflictivas. Toda esta conciencia finalmente les ayuda a blindar sus acuerdos.

A modo de conclusión y, aceptando la premisa de que el conflicto forma parte de la rutina de nuestras relaciones sociales, la mediación resulta ser un mecanismo que beneficia las relaciones vecinales y nos ayuda a aprender cómo afrontar los conflictos para mejorar nuestras condiciones de vida, fomentar la cultura del acuerdo para una convivencia sana.

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