Los abucheos

Al momento de escoger el tema sobre el cual habría de escribir para esta entrega, me debatía entre hacerlo sobre la penalización...

Sixto Duarte
El Diario
martes, 12 marzo 2019 | 06:00

Al momento de escoger el tema sobre el cual habría de escribir para esta entrega, me debatía entre hacerlo sobre la penalización del aborto en Nuevo León y el debate que se generó a nivel nacional sobre el proceder de la Legislatura local, y el tema de los abucheos a gobernadores en los eventos públicos del presidente López Obrador. Al final me decanté por escribir sobre los abucheos, en virtud que estimo es un tema que pronto pasará de moda, en cambio, el debate sobre el aborto, al parecer, será un tema que estará vigente para las próximas semanas.

En este sentido, creo que sobre el tema de los abucheos a los gobernadores de los estados que visita el presidente López Obrador, los periodistas, columnistas y líderes de opinión ya se han expresado, con la opinión casi unánime de condenar dichos hechos. La mecánica parece ser la misma en todos lados, pues el pueblo sabio y bueno arenga e insulta al gobernador del Estado, mientras que entra López Obrador a “mediar” e intervenir por el gobernador, ante sus propios gobernados. Es evidente que dichas reacciones populares son dirigidas. El público asistente a dichos eventos es controlado por la Cuarta Transformación, e instruido de cuándo hacer ruido y cuándo aplaudir. Esto es tan evidente pues, ni el presidente más repudiado de los últimos años, que es Enrique Peña Nieto, recibió esa clase de expresiones en sus últimos actos públicos. Expreso esto con conocimiento de causa, pues en el último grito de Peña en el Zócalo, si bien la asistencia no fue tan copiosa como en otros años, los asistentes no se dedicaron a insultar. Es natural, si tanta repugnancia me causa un personaje público, simplemente lo eludo, y no hago un viaje exclusivamente para desahogar mi furia ante él.

Estoy seguro que los defensores de la Cuarta Transformación dirán que los abucheos son la expresión genuina de un pueblo vapuleado, cansado de la corrupción del PRIAN, y que de esa forma hace ver a sus gobernantes que no son bienvenidos, en un evento donde el gobernador es precisamente el anfitrión. Tan es cierto que los abucheos son creados artificialmente, y no son la voz genuina del pueblo (que a su vez, es la voz de Dios, Vox populi vox Dei) que incluso a gobernadores que no llevan todavía ni un año en su cargo, y que por ende no enfrentan desgaste político, les ha tocado su abucheo en los eventos del presidente. Un ejemplo de ello sería Cuauhtémoc Blanco.

El ejemplo del manejo de las masas enardecidas en estos eventos es lo sucedido en Colima recientemente. Ignacio Peralta, un gobernador sin escándalos (hasta el momento), fue abucheado por la multitud en un evento de AMLO. Por más de quince minutos estuvieron interrumpiéndolo. Peralta, de manera sarcástica e incluso burlona, hizo referencia a que las rechiflas parecían ser ya un “protocolo” en esa clase de eventos. Cuando el presidente tomó la palabra, preguntó quién respetaba al gobernador, y la enorme mayoría de los asistentes al evento levantaron la mano. Esto es algo irrisorio e irónico, pues dos minutos antes lo abucheaban. Si alguien aquí no percibe el acarreo y la instrucción, es porque se encuentra demasiado enajenado para razonar objetivamente y entender lo que pasa.

En el caso de Chihuahua, evidentemente la dosis se repitió y la masa enardecida abucheó a Javier Corral, quien fue el primer gobernador en no tomar la palabra en esta clase de eventos. Podré no estar de acuerdo con el gobernador Corral en la conducción política del Estado, pero Corral fue el gobernador que el pueblo de Chihuahua eligió, justamente como el pueblo de México eligió a López Obrador. Por tanto, la figura del gobernador no debe exponerse a esta clase de ejercicios que en nada abonan a una relación de colaboración entre la Federación y las entidades, especialmente en el caso de Corral, que ha demostrado buscar el mínimo pretexto para enfrentarse con el poder central.

Las reacciones dirigidas en estos eventos no solamente ponen en riesgo el trabajo conjunto entre los distintos niveles de gobierno, también evidencian el profundo rencor que los personeros de la 4T siguen sintiendo hacia quienes piensan distinto, y más que eso (ojalá sólo evidenciaran rencor), demuestran que en vez de colaborar en el Gobierno de México, quizá tienen nivel para colaborar en el Ayuntamiento de Macuspana, Tabasco; estar pensando en la logística del abucheo, en vez de pensar cómo responder ante el tema de las calificadoras o el aborto, demuestra lo que la 4T contempla dentro de sus prioridades.