Opinión

Lo que vale, cuesta

Durante siglos los seres humanos hemos sido partícipes de grandes cambios que han revolucionado la manera en que vemos el mundo, todo ello basado en un principio fundamental, la lealtad

René Javier Soto López
Académico

martes, 01 junio 2021 | 06:00

Durante siglos los seres humanos hemos sido partícipes de grandes cambios que han revolucionado la manera en que vemos el mundo, todo ello basado en un principio fundamental, la lealtad. Esta palabra, aunque corta, tiene una larga historia que ha generado un vaivén de interpretaciones y una serie de conflictos en la frágil y delgada línea del pensamiento humano. Según la RAE, la lealtad se define, como: (sic) “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor […]”; Legalidad, verdad, realidad. La lealtad tiene entonces un estrecho vínculo con la fidelidad, la cual deriva del latín fidelĭtas que significa, “confianza”. 

La lealtad es por decir menos, una actitud de fe que una persona tiene ante otro ser, una institución o un ideal.

En la actualidad, la lealtad es un instrumento que se ha puesto sobre la mesa, para establecer el compromiso de una persona y la participación que la misma pueda tener dentro de un grupo, un partido o una institución, su extendido uso para arraigar un compromiso muchas veces indefinido hacía un ideal, es lo que hace cuestionarnos ¿cuál es el costo de la lealtad? 

Para entrar en contexto a nuestra interrogante, es de considerar conocer la naturaleza humana desde una mirada filosófica. El ser humano es un ser finito, que se ahoga en la inmensa temporalidad del universo, hasta ahora infinito, esa conciencia de saber de nuestra mortalidad hace que sea aquella la que guíe nuestro camino por este grano de arena que llamamos planeta Tierra. De ese modo, es de considerar si la lealtad tiene un costo, ya que ante la transfiguración del pensamiento humano que busca ante la finitud la trascendencia más allá del plano corporal, hace que el ser humano sea incapaz de establecer una lealtad perpetua, cuando la misma no le favorece a conseguir dicho fin. He allí un punto importante; si el ser humano no tiene una naturaleza fija y por ende su conducta se encuentra condicionada a la búsqueda de expresiones de libertad que comulguen con dicho fin, no es raro pensar que dentro de cualquier grupo social el incentivo capital que ofrecen estribe en impulsarnos en alcanzar dicha meta. 

Ante la volatilidad humana, al igual que en los mercados financieros, considerar se asigne un valor a la lealtad resulta algo necesario para la conservación y permanencia de una causa, premiando a aquellos que son fieles y castigando la deslealtad, que en muchas ocasiones entierra en el olvido a sus detractores. 

Un ejemplo es Ciudad Juárez, una tierra que ha visto de primera mano la importancia y el costo de este valor, cuando en el año de 1865 arribó el presidente Benito Juárez García, a esta ciudad instaurando la sede del gobierno republicano, poco tiempo después de que el ejército francés tomara la ciudad de Puebla. Lo anterior, no solo fue un referendo que marcó la historia de los chihuahuenses, sino que reafirmó la importancia del compromiso por la lucha de un ideal común que no hubiera sido posible sin un grupo de mexicanos leales a la causa. ¿Qué hubiera sido de nuestro país, si ante las circunstancias no hubieran existido personas dispuestas a mantener la lucha por un ideal?  

El costo de la lealtad es alto, pues implica una sabiduría de contraponer nuestro tiempo, esfuerzo y metas, frente a las necesidades y exigencias de un color, un ideal o una persona; y es durante ese momento en el que uno debe ser capaz de decidir hasta dónde estás dispuesto a entregar su vida por una causa, pero también, de cuándo es momento de volver a comenzar, de modo que, seamos responsables afrontando las consecuencias de nuestras decisiones.