Opinión

Lo que el 11/S nos dejó

El mundo cambió drásticamente. En un acto de desesperación, el gobierno estadounidense ordenó sellar las fronteras y el espacio aéreo por seguridad nacional

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 12 septiembre 2021 | 06:00

¿Dónde estaba usted el 11 de septiembre por la mañana? Yo lo recuerdo bien, trabajaba en una oficina del Gobierno estatal, teníamos una sala de juntas con una mesa de madera para unas 12 personas donde había pocas reuniones de trabajo, pero a diario había desayuno; en la esquina, junto a la ventana, había una vieja televisión con un gancho como antena que a duras penas sintonizaba un par de canales abiertos. Recuerdo que me habló mi mamá y me dijo “¿estás viendo las noticias?”, yo respondí que no. Cuando volteo a ver la sala de juntas, la televisión ya parecía un avispero. De todos los privados salieron a ver la tragedia en directo, cuando me acerqué me impactó una torre humeante. “¿Es una película?”, pregunté. “No, está en vivo”, me contestaron. Era el primer avionazo en las torres gemelas de Nueva York. Unos minutos después, el segundo avionazo. El horror en technicolor. La escena era el apocalipsis en tiempo real. Los gringos bajo ataque, eso no pasaba desde que los japoneses kamikazes se lanzaron sobre Pearl Harbor o desde que Pancho Villa se metió a patalearle el pesebre a los güeros en Columbus y se regresó por Puerto Palomas carcajeándose –según el famoso corrido-. Han pasado varias décadas sin que los gringos se sintieran amenazados y esta vez fue en el corazón de la economía mundial. El 11/S desató una crisis de escala global que arrojó a un estanque de pirañas a las pequeñas localidades. La globalización apenas había mostrado su sombra a finales del siglo pasado, cuando de pronto nos dimos cuenta de que estamos conectados por redes invisibles. El mundo cambió drásticamente. En un acto de desesperación, el gobierno estadounidense ordenó sellar las fronteras y el espacio aéreo por seguridad nacional. La incertidumbre se apoderó del mundo. El escenario más catastrófico era la caída del imperio yanqui. Del asombro pasamos al miedo, eso querían Osama Bin Laden y los talibanes, provocar todas esas emociones y anunciarle al mundo que el fin estaba cerca. Los más paranoicos pensaron en el alto riesgo de estar tan cerca de Fort Bliss, la base militar que está aquí pegada en El Paso. Pero el tiro no iba por ahí. El efecto del 11/S fue la estrangulación de la economía fronteriza. El impacto inmediato se sintió en la operación de las empresas maquiladoras asentadas en Juárez -principalmente las de inversión gringa- que habían quedado a la deriva, la frontera se había sellado herméticamente y el flujo de mercancías legales se detuvo. Estados Unidos es el consumidor número uno del mundo de todo lo legal y lo ilegal. Además de televisiones ensambladas en Juárez, miles de toneladas de drogas que pasaban por aquí se quedaron varadas en el trasiego. Aquí va otra faceta de la globalización. Nueva York, una de las ciudades con más consumidores de cocaína del mundo, también sufrió las de Caín en las calles después del 11/S, la droga aumentó su precio por la ley de la oferta y la demanda, como lo narra el antropólogo colombiano Juan Cajas en su libro “El truquito, la maroma, cocaína, traquetos y pistolocos en Nueva York”. La idea de un sudamericano haciendo una investigación sobre drogas en Estados Unidos parece un tema lejano, de no ser porque Juan Cajas antes estudió la cultura rarámuri en la Sierra Tarahumara en la década de los 90 y, un día, estando en el poblado de Basaseachi, le dijeron que había unos colombianos que querían conocerlo, uno de ellos, el “Gardfield” después se convertiría en su informante clave en Nueva York, en aquella ocasión, Cajas acompañó a sus paisanos en mula hasta Ocampo, en Sonora, porque venían a comprarle heroína a los chutameros de la región. Una de las mil caras de la globalización. Para finales del 2001, la industria del crimen organizado también se congeló, las bodegas del narcotráfico estaban a tope. Toneladas de mariguana se convirtieron en abono para las plantas. Así es como el juego del narco también cambió. El tráfico de drogas a gran escala dejó de usar puentes, barcos y aviones, para usar túneles clandestinos, inaugurando un nuevo negocio. Como lo dice Pablo Neruda “se llevaron todo y nos dejaron todo”, el 11/S para Juárez reconfiguró la frontera. Pero el show debe continuar. La dinámica volvió a ser igual; por aquí pasa todo lo legal y todo lo ilegal. En el trayecto se queda el germen del caos como resabio de una tragedia fronteriza, porque solo lo que se puede monetizar se globaliza, pero las miserias de la violencia se quedan en lo local. Mi estimado amigo Alberto Belmonte, juarense radicado en Nueva York, me comparte un par de datos interesantes sobre el 11/S: en junio, unos meses antes del atentado terrorista, Larry Silverstein, magnate de los bienes raíces, firmó un contrato de arrendamiento por 99 años del World Trade Center, tres meses después, el negocio se convirtió en escombros. Para las autoridades y los desarrolladores, el área había muerto económicamente porque nadie iba a querer rentar oficinas, locales, tiendas, ni hospedarse en los hoteles que seguramente cerrarían. Sin embargo, Silverstein, astuto empresario, vio oro molido. En las ruinas había un potencial para comenzar de cero con un nuevo proyecto, así que convenció a desarrolladores, a la autoridad portuaria (que eran los dueños de las Torres Gemelas) y a la ciudad de invertir en la “zona cero”. Veinte años después es otra historia. Construyeron el One World Trade Center, el edificio más alto de América y Europa, logrando atraer a empresas globales como Spotify, Conde Nast, Cushman Wakerfield, entre otras; también invirtieron en un mall de cuatro billones de dólares con el diseño del famoso arquitecto español Santiago Calatrava que es una maravilla del nuevo siglo. En vez de desaparecer, en la zona del terror se triplicó el número de hoteles para atender a los turistas que también se duplicaron, pasando de siete a casi 14 millones. En resumen, Nueva York se levantó. Esto podría parecer un final feliz, pero contrasta con nuestro querido Ciudad Juárez. Antes de finalizar, quiero dar otro dato que me comparte Alberto Belmonte: resulta que de todos los restos humanos encontrados tras el atentado terrorista del 11/S, hay 40 que no han sido identificados hasta la fecha, mi primera impresión es que eso puede pasar en una ciudad tan grande como Nueva York, la segunda idea que viene a mi mente es que fueron migrantes, olvidados en sus pueblos de origen e invisibles en la gran metrópoli. En conclusión, esos 40 muertos desconocidos, se suman a cientos de miles de víctimas colaterales del 11/S, una gran parte de esos muertos están en Juárez, aquí pagamos también los platos rotos de Nueva York; el efecto mariposa provocó la crisis en el negocio del narcotráfico y una ola de violencia que nos persigue desde entonces. Lamentablemente, nosotros no hemos tenido un Larry Silverstein que piense en reconstruir la ciudad después de la violencia. Juárez sigue esperando.

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