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Opinión

Lo irrelevante de los pelos pintados

Ojalá que el Conapred también emita recomendaciones a las escuelas y a los gobiernos para que dejen a un lado la infraestructura y políticas públicas discriminatorias

Erasto L. López
Analista Ciudadano

martes, 06 septiembre 2022 | 06:00

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Hace unos días salió a la luz una recomendación del Conapred indicando que las escuelas deberían permitir a los estudiantes que tienen el cabello largo o pintado tomar sus clases de forma regular, ya que eso fomenta “el libre desarrollo de la personalidad”.

Las modas van y vienen; recuerdo que en mis épocas de juventud en secundaria y preparatoria la moda era que los hombres trajéramos el cabello largo, las mujeres con la falda arriba de la rodilla y la blusa tipo ombliguera. Mis padres y tíos me han contado sus historias de como es que en sus épocas juveniles el cabello afro y los pantalones acampanados eran la moda. Desde aquellos años remotos ha existido ese “estira y afloja” entre los jóvenes estudiantes y los directivos de las instituciones directivas, así que tema nuevo no es, solo es que la moda es distinta. 

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Pese a que las modas han sido cambiantes, hay algo que se ha mantenido como una constante y de la que casi nadie habla: la discriminación contra las personas discapacitadas ya sea motora o cognitiva. 

Desde que tengo memoria, muchos de los centros educativos en Ciudad Juárez carecen de las condiciones necesarias para personas discapacitadas: planteles sin rampas, sin elevadores, escaleras sin pasamanos, salones sin puertas de una medida acorde para acceder con silla de ruedas, además de la falta de docentes para atender a niños y jóvenes con autismo, asperger, TDA, entre otros. 

En una ocasión conocí a un joven llamado Kevin, él utilizaba un andador de aluminio, de estos que les ponen pelotas de tenis para que no se dañen las gomas de las patitas. Bueno, el caso es que Kevin tenía clase en un segundo piso, y por su discapacidad motora le era imposible subir al segundo piso. Afortunadamente, el director de la escuela tomó la medida para trasladar a todo el grupo a un salón en el primer piso; con mucha pena, Kevin pedía disculpas a sus compañeros por haber causado que los movieran de salón. Evidentemente, esa escuela no tuvo, no tiene y no tendrá la infraestructura para alguien como Kevin que, si bien es cierto, no se quedó sin sus clases, él nunca pudo visitar el segundo piso de la escuela como todos los demás. 

En muchas ocasiones el problema de los jóvenes que sufren de alguna discapacidad se extiende más allá de las rampas y elevadores, necesidades tan básicas no están resueltas, como los baños que no cuentan con los espacios o soportes para que una persona en silla de ruedas o andador pueda acceder, o los bebederos no están a una altura adecuada para que se pueda tomar agua.

Desafortunadamente, las cosas no solo son difíciles dentro de las escuelas, sino también al exterior. En una ocasión supe de un joven universitario en situación de silla de ruedas que sufrió en sus traslados, ya que nuestra ciudad no cuenta con transporte público adecuado para viajar en silla de ruedas; por ello, su madre tuvo que acortar sus horas de trabajo para poder llevar y recoger a su hijo. 

Sobre el tema del pelo pintado, algunos podrán decir, “pero es un derecho humano”, y están en lo correcto. Pero, como dijo una vez un ius-internacionalista local: “incluso los derechos humanos se deben ponderar entre ellos”; y definitivamente la violación de derechos concurrente y hasta sistemática que sufren las personas con discapacidad es mucho más ponderativo que aquellos que piden traer el pelo de colores. 

Ojalá que el Conapred también emita recomendaciones a las escuelas y a los gobiernos para que dejen a un lado la infraestructura y políticas públicas discriminatorias, y que los padres de familia, así como se desgarran por los pelos pintados, también luchen, opinen y critiquen con esa euforia en favor de las personas con discapacidad; porque traer el cabello largo o pintado es una moda, pero la discapacidad jamás lo ha sido, y tristemente sigue en el olvido.  

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