Opinión

Lo correcto es proteger las dos vidas

Se ha dicho que es histórica la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación con el aborto y su despenalización en el estado de Coahuila

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 13 septiembre 2021 | 06:00

Se ha dicho que es histórica la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación con el aborto y su despenalización en el estado de Coahuila, y siendo así es prioridad que haya un pronunciamiento social que no deje de lado la importancia de la vida en aras de defender, lo que correcto también es: la no criminalización de la mujer que se ve orillada a practicárselo.

En la sentencia de marras se dan explicaciones lógicas que destacan y sobreponen el derecho de la mujer para decidir sobre su cuerpo, pero en ningún párrafo utiliza argumentos para quienes sin voz, resienten los efectos de la sentencia, los no nacidos. Y esto es particularmente grave porque se desconoce que el derecho a la vida desde la concepción se ha puesto explícitamente en la mayoría de las constituciones locales a efecto de salvaguardar la integridad del valor más preciado de una sociedad, como lo es la vida humana, y que para algunos no lo es sino hasta después de doce semanas de gestación o hasta que hubiere actividad cerebral.

De igual forma se escuchan posturas que reprimen la observancia en el presente y en el porvenir de razones que dan grupos como Pro-vida, calificando su manera de pensar de obsoleta o de cristiana y, en el peor caso, de ser retrógradas. Más aún, a fundamentalistas del raciocinio jurídico les es dado promover el aborto como un derecho humano, lo que no es sino una tragedia tanto para el sacrificado como para la madre que por distintos y variados motivos lo ha llevado a cabo, y que por lo tanto requiere de una gran atención social.

Ello no es el triunfo del feminismo, sino la exhibición palpable de la pérdida de ataduras con que gran parte de la población vive hoy, con los lazos religiosos, morales o éticos, comunicantes entre los valores tradicionales y los funcionales que hoy se inauguran.

Punto a destacar es el retiro del Estado de un tema en el que por lo menos deberían establecerse condiciones de apoyo, de soporte sea médico o psicológico y que, sin embargo, hoy no aparece en la redacción de una resolución de gran calado, donde su obligada injerencia debería abonar a la solución colectiva y no a la simple responsabilidad individual.

Aclaro, estoy en contra de que se criminalice a quien comete el delito (sigue estando tipificado, sólo se declaró inconstitucional la sanción) de aborto. Sin embargo, la euforia que desató la resolución de la Corte entre personas que se asumen de izquierda y algunos otros de derecha, nos debe llevar a encontrar la racionalidad y la lógica que conlleva el retraimiento del Estado en su atribución primordial de equilibrio entre afanes individuales y colectivos.

Se corre el riesgo de que arribemos a lo que Nietzsche externaba en uno de sus últimos papeles escritos a mano, La Voluntad del Poderío: “Un gran hombre, un hombre a quien la naturaleza ha construido y formado al gran estilo, ¿qué es? Si no puede dirigir, camina solitario; por tanto puede suceder que se enmarañe con cosas que encuentra en el camino… no quiere compasión del corazón sino sirvientes y herramientas; en su relación con los hombres intenta siempre hacer algo de ellos. Sabe que es incomunicable, encuentra poco gustoso ser familiar y normalmente no es como se le piensa. Cuando él no se habla a sí mismo lleva una máscara, miente más bien que dice la verdad: mentir exige más espíritu y voluntad. Hay una soledad dentro de sí mismo inaccesible a la alabanza o al reproche y su justicia está más allá de cualquier apelación”.

El egoísmo en la evolución, tal es el riesgo de la claudicación.

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