Llega Trump a El Paso amarrado de manos

Se reunirá en El Coliseo con sus simpatizantes y correligionarios exclusivamente

LA COLUMNA
de El Diario
domingo, 10 febrero 2019 | 06:00

La visita de Donald Trump a El Paso, Texas este lunes es una prueba de fuego para el inicio de su campaña electoral rumbo al 2020. Su desventaja le obliga a la prudencia cuando menos en el manejo de su lenguaje.

Nada bien le fue a su propósito con las declaraciones de hace unos días sobre la inseguridad en dicha ciudad. Su obstinación con la construcción del muro polariza a la sociedad de ambos lados de la frontera.

Se reunirá en El Coliseo durante la tarde-noche con sus simpatizantes y correligionarios exclusivamente. 

Afuera del evento se prevén manifestaciones de protesta que se pronostican duras. Aun en el interior es predecible que brote la autocrítica. Es muy difícil de solicitar la tolerancia en este menú.

A mitad de su mandato, el señor presidente de la nación más fuerte del mundo enfrenta el desgaste del desastre electoral intermedio, la renuncia de piezas clave en su gabinete y el escándalo por las investigaciones del financiamiento ruso. Su propio temperamento constituye su principal enemigo.


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No las tiene todas consigo, en el 2016 su triunfo estuvo colgado de un voto antiestablishment y el declive electoral horroroso e imprevisible de Hilary Clinton, asediada por la revelación de correos electrónicos comprometedores.

En aquel entonces su victoria fue pírrica. Apenas obtuvo 306 votos electorales contra 232 de Clinton. Su bastión fue la Cámara de Representantes donde se refugió para evitar el impeachment, de otra manera sería distinta la historia.

En las elecciones intermedias de 2018, en las cuales se renovaron 35 escaños del Senado y 435 de la Cámara de Representantes, los resultados fueron también desalentadores para su causa.

Los demócratas se alzaron con 24 triunfos y con ello alcanzaron la mayoría.

Dicho órgano representativo ahora se integra por 235 demócratas y 200 republicanos. Sigue siendo el Senado su muro, donde aventaja por ocho sillas a sus opositores.

Igual que la elección de 2016, la correspondiente a 2018 estuvo plagada de rispidez por la diferencia tan cercana en votos de Georgia, Arizona y particularmente Florida, que debieron definirse en recuento de votos, bajo la estridencia nerviosa de Trump por lo clave que resultaban dichos sufragios.

Así las cosas, el panorama de Trump cuando visita El Paso es de alta complejidad. Tiene implicaciones la frontera en lo político, social y económico, en medio de lo que legisladores norteamericanos y mexicanos, derechohumanistas y organizaciones de la sociedad civil consideran hay una verdadera crisis humanitaria, que se agravará con la edificación del muro.


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En su mensaje a la nación hace apenas unos días, Trump aseguró que la violencia se había reducido con la edificación del muro en esta zona fronteriza de El Paso sustituyendo la malla ciclónica, que en estos momentos –es cierto– parece un auténtico queso gruyere.

Dicha afirmación fue inmediatamente refutada. Las redes digitales y la sociedad, que no coincide con su proyecto, rechazaron sus afirmaciones; del otro lado le aplaudieron.

No es sencillo construir el muro ni en El Paso ni en los tres mil kilómetros de frontera con México. No se trata del recurso económico que le ha sido negado una y otra vez en la Cámara de Representantes, que es obsceno, sino también y fundamentalmente por sus implicaciones humanitarias y medioambientales.

Los demócratas ya se comprometieron a no liberar recursos para el muro, y si la seguridad es preocupación, se ofrece reforzar con el uso de tecnología y personal especializado, congruente con una visión más humana.

Desde el punto de vista medioambiental no ha quedado resuelto el tema de su impacto negativo en la flora y fauna de esta extensa frontera, el cual sería terrible.

Estas propuestas flotan en el ambiente electoral de los Estados Unidos y están presentes en el imaginario paseño. Es conocido que no pudieron ser autorizadas porque el presidente carecía del voto suficiente para sacarlas adelante, pero ahora con motivo de su arranque de campaña presidencial se colocan irremediablemente sobre la mesa.

Hay en El Paso una sociedad fracturada con miedo por las implicaciones que tiene el hecho de que el presidente estadounidense pueda cumplir su oferta electoral, que como sabemos no se queda en el muro sino que proyecta una reforma profunda en migración la derogación del Obamacare, la eliminación de la ciudadanía por nacimiento y recorte de impuestos para beneficiar a las empresas y no a los ciudadanos.


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Como se observa, el evento en El Coliseo mañana a las 7 de la tarde es candente. Genera sentimientos encontrados de apoyo y rechazo, porque coloca sobre la palestra a un régimen de gobierno con manejo desafortunado desde el despacho presidencial.

Son demasiadas las imprudencias cometidas por Donald Trump en su aventura discursiva con personajes muy cercanos al Gobierno, dentro y fuera de él, usando las redes sociales como instrumento de ataque con especial virulencia.

Si con sus cercanos ha reñido, con sus opositores políticos ha sido prolijo en una batalla permanente que aleja cualquier posibilidad de solución política a los graves diferendos que tiene con ellos. Remember el cierre de Gobierno por 35 días que se acaba de superar, crisis inédita en la administración pública norteamericana.

Con la modificación a la mayoría en la Cámara de Representantes se abre la puerta de iniciar el proceso del impeachment, a través del cual se puede intentar su destitución.

Eso lo sabe el presidente, pero juega con fuego confiado en que la mayoría demócrata no va a dar ese trascendental e histórico paso. Confía en su buena estrella, aunque se encuentra sobre la cuerda floja jugando a una especie de ruleta rusa.

Por ello no pierde tiempo y lo primero que hace es enseñar los dientes en la frontera ardiente con México. Viene a este bastión texano a refrendar el principio “Make America Great Again”, eje central de su visita.

Por las vísperas, y sin tener una bolita mágica en las manos, ya adelantamos parte de su pronunciamiento.

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No es sencillo abordar este tema porque dependiendo de la lente que se use para verlo puede ser sencillo o muy complicado. ¿Qué es un muro en la frontera? A simple vista busca proteger a la Unión Americana de ladrones y violentos.

Pero desde un punto de vista integral es mucho más que eso, porque trastoca una comunidad de vida que se ha venido construyendo a lo largo de la historia, desde que, ¡oh paradoja!, Juárez le daba electricidad a El Paso.

Pese a este maremágnum de posiciones y acontecimientos, la vida en El Paso sigue realizándose con normalidad, pero con el temor descrito. 

Todos los días, miles de ciudadanos de un lado y otro de la frontera transitan para realizar sus actividades económicas, educativas y sociales. 

Ambos lados de la frontera se han integrado como una zona común que comparte, incluso construida a lo largo de los años, una idiosincrasia cultural e idioma bilingüe.

Hablamos de El Paso por su cercanía con Chihuahua, pero ahí están McLaren, Houston, San Antonio, Corpus Christi, Tucson, San Diego, Presidio, guardadas las dimensiones de cada una, y muchas otras comunidades aledañas y cercanas que como El Paso se encuentran en esta condición de comunidad binacional, que quieren y desean proteger en la continuidad.