Opinión

Ley Olimpia, realidad en todo el territorio nacional

El área de la comunicación no ha sido ajena a este gran avance y ha sido uno de los ámbitos que más ha evolucionado con estos novedosos instrumentos que se posan al alcance de una gran mayoría de la población

Mayra Chávez
Abogada

martes, 10 noviembre 2020 | 06:00

El uso de la tecnología ha facilitado en gran medida nuestra vida diaria. El área de la comunicación no ha sido ajena a este gran avance y ha sido uno de los ámbitos que más ha evolucionado con estos novedosos instrumentos que se posan al alcance de una gran mayoría de la población.

Las ventajas son muchas. Algunas que han sido fácilmente identificables son las que se han puesto a prueba con motivo de esta pandemia en la que las clases en línea, el trabajo a distancia y hasta las estrategias de venta se han adaptado a lo que la realidad exige.

Estas novedosas formas de acercamiento entre seres humanos han generado no solo situaciones ventajosas, que ante la serie de restricciones que atravesamos logran observarse más claramente, también han dado muestra de grandes desigualdades entre las personas que conforman una misma sociedad.

Con estas desigualdades no me refiero únicamente a las de acceso a un equipo de computo o al internet (que bastante tela de donde cortar tiene el tema), sino a las situaciones que difícilmente eran percibidas dentro de un macrosistema social, normalizadas completamente y que solo con motivo de la ventana que abrieron las nuevas formas de comunicación, entre ellas las redes sociales, se han logrado visibilizar.

En cada ocasión que es presentada alguna noticia relacionada con la violencia a la mujer, los comentarios que cuestionan a la víctima no se hacen esperar: ¿por qué andaba en la calle sola, en ese horario? ¿Por qué tomó tanto? Se lo merece por “cualquier adjetivo calificativo denostativo que intente quitar responsabilidad al agresor”. Esto es una violación a las propias reglas de convivencia de algunas redes sociales y aunque no ameritan mayor sanción que el cierre de un perfil, sí generan revictimización. 

Existen también otro tipo de conductas a las que la ley ha tenido que adaptarse, pues sus consecuencias han denigrado la integridad humana y en ocasiones han puesto en peligro la vida. Algunos ejemplos son la pornografía infantil, la trata de personas, entre muchos otros que al ser legislados han logrado formar parte de un catálogo de conductas punibles.

Hace algunos días fueron aprobadas por el Senado, previa aprobación de la Cámara de Diputados, las modificaciones a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Penal Federal para sancionar la violencia digital. A esta reforma se le reconoce como: Ley Olimpia.

El popular nombre a esta reforma, tiene su origen en la difusión de un video de contenido sexual que Olimpia, una estudiante de Derecho a sus 18 años, decide grabar con su novio con el que mantuvo una relación desde los 12 años. Esta información solo es relevante para contextualizar el peregrinar que podría ser el de cualquier mujer, independientemente de su edad, ocupación o situación sentimental. La afectación en Olimpia, al ser juzgada por su mismo novio, sus amistades, su mismo Municipio y posteriormente su Estado; cobró tal magnitud que intentó suicidarse. Fue con una enorme fuerza intrínseca y  el apoyo de su familia, que decidió enfrentar la situación por ella y por las demás mujeres que pudiesen pasar por esta terrible situación mediante la presentación de una iniciativa ciudadana que fue aprobada inicialmente en su Estado natal para posteriormente, ser escuchada a nivel federal y que esta violencia, que tanto le lesionó a ella, sea punible en perjuicio de todas las personas que decidan ejercerla.

Olimpia sufrió una primera victimización con la difusión sin su consentimiento de ese video (que bien pudieron ser fotografías o cualquier otro tipo de material coloquialmente conocido como pack´s) y ser violentada por todas las personas en su entorno, y más allá del mismo, al imponerle etiquetas ofensivas que degradaban su integridad y su vida misma. Sufrió una segunda victimización al valientemente decidir interponer una denuncia y encontrarse con que no existían las vías legales para que accediera a la justicia que como víctima reclamaba; pero aún más lamentable es una tercera victimización que tuvo lugar en el Congreso de su Estado, cuando un representante popular pidió la tribuna para justificar su voto en contra de una adición a la ley que, desde su obtusa opinión, apoyaba la prostitución (no lo dijo así, pero es la palabra que no representa un insulto y que se asemeja mejor).

Hoy, la Ley Olimpia es una realidad en todo el territorio nacional. Sin embargo esto es solamente un paso en la legalidad del combate a la violencia que mucho dista de la lucha del origen de la misma: la desigualdad.