Opinión

Lecciones de Graciela

Como un ejercicio de responsabilidad histórica, así concluyó Graciela Ortiz su discurso para explicar y justificar su adhesión a la causa de Maru Campos

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 31 mayo 2021 | 06:00

Como un ejercicio de responsabilidad histórica, así concluyó Graciela Ortiz su discurso para explicar y justificar su adhesión a la causa de Maru Campos en la determinación de juntas, defender Chihuahua.

Es claro que muchas lecciones pueden derivar de su intervención, que para algunos ya no fue tan sorpresiva pues dio señales de coherencia en su participación en el debate de candidatos. Sin embargo, no ha de resultar esfuerzo menor el haber dejado de lado la imagen personal, la trayectoria propia, el currículum vasto, o los intereses de grupo y parciales, para dar paso a un ejercicio colectivo que busca dar cuentas más allá del proceso electoral y generar una convicción social e histórica de quienes han estado a la altura del momento y de la circunstancia tal y como Ortega y Gasset, el gran filósofo español, en alguna ocasión lo planteó.

Sobresale en su mensaje, la claridad con que observa la necesidad de poner un alto a las políticas, que desde la gran Tenochtitlán, quieren volver a implantarse nuevamente en esta región de raigambre como ella misma señaló. Y para ello es necesario hacer un frente común que ponga un alto a los atropellos centralistas, a los abusos contra la Constitución y las leyes, a la utilización de los programas sociales como amenaza electoral de cooptación, a la mentira cotidiana que disfraza la realidad, a la distracción constante que oculta los graves problemas nacionales, al señalamiento y utilización de las instituciones de procuración de justicia como lo es la Fiscalía General de la República para perseguir, no a los grandes criminales, sino fundamentalmente a los adversarios, y así un sinfín de acciones.

Por ello es de destacarse la idea, de no permitir que Morena se agencie el norte del país, y hay que aclarar, que nada puede señalarse contra Juan Carlos Loera, pero es obvio que él no es más que un peón dentro de la ecuación que desea construir el presidente López Obrador para dar paso a sus trasnochadas ideas que en buena medida reproducen el Mexico de antaño, que sólo regresan a más pobreza, menos salud para la población, más inseguridad y menos libertades.

Hay quienes llaman transformación a equiparar a todos los ciudadanos en condiciones de igualdad, sin importar que ello supone un deterioro para la mayoría de la población y por supuesto no de elevación y de calidad de vida personal, a dejar las decisiones en lo que piense y diga un solo hombre, a tolerar el desprecio del cumplimiento de la ley, a permitir que se vulneren instituciones de la democracia como el INE o el INAI que se oponen a los arrebatos dictatoriales; a que se eliminen programas exitosos como el Seguro Popular, a que se redirijan fondos de mantenimiento del Metro o de la capacitación y seguridad aérea a distribución de becas y dádivas electorales, y un largo etcétera.

Por eso el mérito de la decisión y las palabras de Graciela Ortiz ante el momento que se vive y lo que está en juego; ojalá otros también así lo entendieran.

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