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Opinión

Las personas débiles crean tiempos difíciles

Los cambios en nuestro entorno fronterizo han sido alcanzados por la era de la globalización, y esta logró el cometido que se había propuesto desde los años 70, romper los paradigmas en los que nos encontrábamos

Erasto L. López
Analista Ciudadano

martes, 10 mayo 2022 | 06:00

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En varias ocasiones he escuchado a los adultos y adultos mayores decir que “la juventud juarense está podrida”. Su tono de preocupación al momento de decirlo es evidente, pareciera que aquella frase tan famosa “los jóvenes son el futuro” se ha esfumado, y con ello la esperanza de que un futuro mejor está por venir. 

Uno de los errores más comunes que tenemos las sociedades actuales, incluyendo la nuestra en Ciudad Juárez, es creer que avanzamos bajo un principio de progresividad, es decir, que por el simple hecho de que los años pasen las cosas de hoy deben ser mejores que las del ayer. En este sentido, no tomamos responsabilidad por los cambios venideros que se producen, y en caso de que el cambio no sea favorable siempre es culpa de alguien más.  

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Los cambios en nuestro entorno fronterizo han sido alcanzados por la era de la globalización, y esta logró el cometido que se había propuesto desde los años 70, romper los paradigmas en los que nos encontrábamos. Con esta ruptura de paradigmas se dio también desencanto de las tradiciones. Todo se cuestiona, todo se pone en una balanza y se juzga con un parámetro sin definir. En este (des)orden de ideas, la incertidumbre es tan válida como la exactitud, y ambas carecen de valor, por lo tanto, no importa cuál se use para medir, el resultado es el mismo, la nada.  

Sin embargo, esta ruptura de tradiciones no siempre trae consigo una mejor sociedad. Nuestra frontera es testigo de ello, “las nuevas generaciones nacen podridas” dicen algunos. Los valores que integraban esas tradiciones han sido desacreditados de tal manera que, “él que es buena persona es un imbécil” y “el tranza es muy listo”. Desde esta perspectiva, el hacer el bien a los demás es visto como un acto de debilidad o estupidez, por ello se fomenta el egoísmo “pasar por encima de quien se tenga que pasar para lograr el éxito”, y entre más personas se pisen, más premiado se es, hasta lograr la distinción de ser de “carácter fuerte”.  

Como juarenses no nos hemos percatado que este tipo de actitudes nos han puesto en un limbo, que poco a poco se convierte en un infierno. Este lago de fuego que hemos estado construyendo generación tras generación solo se ha logrado enalteciendo los vicios, las pasiones y los sentimientos efímeros, sepultando las virtudes que en algún punto nos hicieron verdaderos seres humanos. 

Estos cambios radicales han creado religiones sin dioses, familias sin hijos, riqueza sin trabajo, alimentos sin nutrientes, matrimonios y noviazgos sin amor, y recompensas sin esfuerzos, en conclusión, han creado una vida sin sentido. Se pretende obtener todo sin pasar por un largo proceso de aprendizaje, obtenerlo de la manera más sencilla y fácil posible, sin una gota de sudor, porque eso es “lo más inteligente”.  

Parafraseando a Michael Hopf “los tiempos difíciles crean personas fuertes, las personas fuertes crean tiempos fáciles, los tiempos fáciles crean personas débiles, las personas débiles crean tiempos difíciles”. La pregunta en cuestión es ¿en qué momento nos encontramos los juarenses? ¿Somos personas fuertes que pasaron por tiempos difíciles o somos personas débiles creando tiempos difíciles? 

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