Opinión

Las nuevas formas de migración y sus reglas

Es poco lo que sabemos de los migrantes que pasan por aquí, a pesar de que, desde su fundación, esta frontera se construye...

Carlos Murillo
Abogado
domingo, 17 marzo 2019 | 06:00

Es poco lo que sabemos de los migrantes que pasan por aquí, a pesar de que, desde su fundación, esta frontera se construye todos los días con el trabajo de migrantes que han llegado de otras regiones del país y de otras partes del mundo.

Cuando pensamos en la migración solemos simplificar y segregar; así, llegamos a conclusiones ilógicas como “los migrantes son centroamericanos que piden dinero en la calle y cruzan la frontera escondidos en el tren”, pero es esta apenas una arista de la migración, no lo es todo. Generalizar es uno de los errores más comunes a la hora de analizar los problemas sociales. Además, nos gusta hablar de la migración como si fuera un fenómeno ajeno y homogéneo, esto se puede resumir con una expresión: “todos los migrantes van al mismo costal y no es mi costal”.

En realidad es un asunto complejo, porque hay distintas formas de migración. No es lo mismo pensar en un migrante que escapa de una amenaza de muerte en su tierra, no trae un dólar en la bolsa y así cruza 10 mil kilómetros para entrar ilegalmente a Estados Unidos, a que en quien emigra con el patrocinio de un familiar o de un grupo de amigos para cruzar legalmente la frontera con una visa en un aeropuerto. Ambos son migrantes, pero viven diferentes circunstancias y, por tanto, sus experiencias serán diferentes.

Entre esos dos casos –que representan los extremos– hay miles de posibilidades en medio. Una de esas alternativas, que han elegido miles de migrantes, es quedarse en Juárez. 

Durante las últimas décadas, miles se quedaron –en la frontera– después de una travesía persiguiendo el “american dream”; porque es aquí, en la antesala del lado mexicano, donde se atoran esperando la oportunidad de brincarse “pa’l otro lado” y, en esa espera, consiguen un trabajo, estudian, forman una familia y de pronto, sin darse cuenta, ya echaron raíces en Juárez.

Algunos por el destino y otros por elección, pero terminan aquí y comienzan una nueva vida; esta migración ha generado el escenario propicio para el crecimiento económico de Juárez, donde hay mano de obra y un mercado con capacidad de compra. En esa lógica crecimos y es la razón por la que una gran mayoría de los juarenses somos hijos de migrantes. 

Están entre nosotros, mejor dicho, somos nosotros, hay migrantes en nuestras familias, con nuestros amigos, entre los compañeros de trabajo o en la iglesia, somos una sociedad de migrantes y, por eso, a nosotros no nos sorprende la caravana hondureña o centroamericana.

Sin embargo, algo distinto hay en esta época. Durante los últimos meses de 2018 y los primeros de 2019, Ciudad Juárez ha recibido a cientos de migrantes que provienen de distintas regiones de América Latina y que se dirigen a Estados Unidos. Una diferencia entre los flujos migratorios anteriores al 2018 y estas nuevas formas de migración es que vienen en grupos que se organizan con sus propias reglas.

Según lo narran los migrantes centroamericanos en algunas entrevistas, en su paso por México, en cada región interactúan con la sociedad, con su cultura, tradiciones y con su sistema de normas. Entre más larga sea la estancia, la experiencia es mayor. 

En México, muchas sociedades son conservadoras y rechazan al sujeto diferente, en esos lugares –los migrantes–, encuentran hostilidad. Por el contrario, en Ciudad Juárez hay una sociedad más abierta, donde existe una comunidad solidaria, que suele ayudar a los más necesitados.

Es por eso que en nuestra frontera existen lugares como la Casa del Migrante, que tiene más de veinte años funcionando; sin embargo, ante la crisis humanitaria de la caravana migrante, también se acondicionó el gimnasio Josué ‘Neri’ Santos casi al cerrar el año pasado y, en las últimas semanas, el gimnasio de Bachilleres atiende a más de 300 personas.

Una característica de estos nuevos migrantes es que se organizan para viajar en grupo y, para esa convivencia durante el largo viaje, es necesario establecer una organización política y un sistema de reglas entre la comunidad que forman. Así, las nuevas reglas dependen también de los referentes que tengan de principios y valores, de la comunidad a la que pertenecen, de modo que estas reglas impuestas por el colectivo hablan mucho de la cultura jurídica a la que pertenecen.

Para el filósofo brasileño Boaventura de Sousa Santos, el pluralismo jurídico es precisamente eso, reconocer en la sociedad la posibilidad de hacer justicia comunitaria a través de procesos y normas que están fuera del Estado y, con ello, aceptar también que el conflicto le pertenece a la comunidad y es precisamente esa comunidad la que está en condiciones de solucionarlo a través de un sistema de normas propio.

En ese sentido encontramos todo un entramado de principios y reglas en los centros que se han dispuesto en diversos lugares de Ciudad Juárez para darle alojamiento a los migrantes, en los que participan diversas instancias del Gobierno mexicano y de las organizaciones de la sociedad civil, que coordinan los esfuerzos y también imponen sus reglas para la convivencia. Entonces hay dos sistemas de reglas, el del grupo de migrantes y el de los anfitriones que los reciben.

Sin embargo, los sistemas normativos de los migrantes nos permiten reconocer una forma de pluralismo jurídico, aunque en una dimensión efímera, puesto que solamente estará vigente en el paso de ese grupo de migrantes por la frontera, pero dar cuenta de esto nos permite conocernos más.

No solamente es el sistema de normas, es también su forma de entender el mundo, desde el arte, la gastronomía, la ética, el medio ambiente, la política y la economía. En ese orden de ideas, escuchar a los migrantes permite visibilizar las narrativas de otras regiones de Latinoamérica que ahora están de paso por Juárez.

Vale la pena hacer un esfuerzo y abrir los ojos para aprender de los migrantes y, por tanto, de otras culturas distintas a la nuestra. porque es muy probable que eso nos ayude a entendernos como un pueblo de migrantes.