Las mujeres y la justicia

La semana pasada se presentó en Ciudad Juárez el libro del senador Ricardo Monreal

Jesús Antonio Camarillo
Académico
sábado, 02 febrero 2019 | 06:00

La semana pasada se presentó en Ciudad Juárez el libro “El acceso de las mujeres a la justicia. Una visión para transitar a la igualdad de derechos y de oportunidades” de la autoría del senador Ricardo Monreal Ávila. Recibí la amable invitación para comentar el libro y acepté con mucho agrado. El simple hecho de que se presente en nuestra ciudad un texto con esa temática se convierte en un símbolo. Si en todo el país los derechos de las mujeres han sido lacerados y menoscabados, Juárez ocupa históricamente uno de los primeros lugares en la carga de ese lastre.

El libro que presentamos es breve y puntual. Sin preámbulos excesivos o corolarios desbordantes, busca profundizar en la manera en que las mujeres conocen, ejercen y defienden sus derechos en México, en diversas materias.  En ese sentido, se alude a las barreras que enfrentan ellas para acceder a los aparatos de procuración e impartición de justicia. Por esa razón, en los comentarios, me permití inscribir esa obra dentro de dos esquemas generales: por un lado, en el de la eficacia del derecho; por  el otro, en el problema hermenéutico, es decir, el relativo a la interpretación.

Con el primero me quiero referir a que pese a que México ha avanzado en la incorporación de medidas normativas y convencionales en el tema de los derechos de las mujeres, esto no se ha reflejado en la realidad del acceso de las mujeres a la justicia. Como Monreal lo señala, el desconocimiento de los derechos sustantivos pero también de las vías y procedimientos para ejercerlos, aunado a un cúmulo de limitaciones económicas que imposibilitan a que la mujer cuente con una buena asesoría o representación, así como las trabas geográficas que dificultan recurrir a los centros de impartición de justicia, especialmente en zonas rurales, constituyen algunas de las barreras más evidentes.

Por si esto fuera poco, no hay que olvidar que un gran número de mujeres siguen siendo revictimizadas al momento de acudir a las diversas instancias u órganos del Estado para ejercer sus derechos o denunciar la vulneración de los mismos. Con mucha frecuencia son las mismas autoridades las que flagrantemente continúan la línea deleznable de la victimización, sin que se vea ningún efecto o medida de reparación para esas víctimas secundarias. En este punto, suelen ser el miedo y la angustia eternos acompañantes.

Mención aparte merece el segundo esquema en el que inserté la obra. El del problema interpretativo. Si queremos que realmente exista un franco acceso de las mujeres a sus derechos, en el sentido más amplio de la expresión, se requieren otro tipo de gafas para leer y entender el derecho. Los lentes empañados por los estereotipos, prejuicios, ideologías medievales, cartabones clasistas, deben tirarse al bote de la basura. Hay que aceptar que grandes bloques de normas jurídicas se hicieron bajo la óptica masculina. Hoy muchas de esas directrices están cambiando por enunciados deónticos que regulan las mismas situaciones pero bajo perspectivas más igualitarias.

Ahora el gran problema radica, en buena medida, en los intérpretes de esas normas, especialmente de los intérpretes “oficiales”. Juzgar, por ejemplo, con perspectiva de género implica un cambio drástico, que involucra elementos no solamente relativos a los valores que eventualmente se pueden perseguir en el acto aplicativo del derecho, sino también conceptuales. Juzgar con perspectiva de género no es un mero rótulo, implica involucrar toda una cultura que corre en sentido contrario a nuestras aletargadas tradiciones milenarias.

El acceso de las mujeres a la justicia es todavía una asignatura pendiente del Estado mexicano. Libros como el que presentamos ayudan a entender el problema e invitan al debate para buscar soluciones a un problema enquistado en lo más profundo de la sociedad mexicana.