Opinión

La sinrazón

Estamos aún ante lo desconocido, aun así, la audacia

Yuriria Sierra
Analista

jueves, 24 junio 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Estamos aún ante lo desconocido, aun así, la audacia. Ahora nos dicen que existe una variante llamada “delta”, a la que no debemos perder de vista y que tiene en alerta a varios países, sesenta para ser precisos. México, uno de los territorios en los que ya está en el centro de la discusión. Estamos frente a un camino que no sabemos dónde termina. Aun así, desde la ignorancia, es que seguimos tomando decisiones: Joe Biden informó el martes, por ejemplo, que no llegarán a la meta de vacunación prevista para el 4 de julio. Había prometido que siete de cada diez habitantes de Estados Unidos en edad para ser inmunizados ya tendrían, al menos, una dosis de vacuna contra Covid-19. A dos semanas del plazo, reconoce que no será posible y no es que su país padezca por desabasto de fórmula, por el contrario.

Cadenas de restaurantes ofrecen productos gratis a cada persona que muestre su cartilla de vacunación. Lo mismo hacen bares con las cervezas de su carta. O gobiernos estatales que organizan sorteos tipo lotería y cuyos premios alcanzan sumas de hasta cinco millones de dólares, como sucede en Nuevo México. Desde que la vacunación en territorio estadunidense para todo interesado dejó de estar bajo la sombra, empresas y demás sectores económicos han hecho de la aplicación un activo y una motivación. En la lógica de que sólo la vacuna nos va a proteger del SARS-CoV-2 y sus múltiples variantes, intentan convencer a la mayor cantidad de personas de acudir a vacunarse, sin embargo, no todos están convencidos. Por eso los premios, las recompensas y la promesa de que la vida que se anhela llegará más pronto si más rápido se vacuna a más gente.

La sinrazón humana, la misma que llevó a muchos a resistirse al uso de cubrebocas, algunos para seguir el ejemplo de sus líderes, ahora los hace portarlo sólo para afianzar su idea de que la vacuna es peligrosa. Sí, así de ilógico. Echaron atrás la negativa a su uso para abrazar y alimentar su nueva narrativa de complot. El extrañísimo y contradictorio andar de los seres humanos: mientras hay países que esperan la llegada de vacunas, hay ciudadanos en países como Estados Unidos, sin ningún problema para acceder a las vacunas, que se resisten a recibirla. Otros, como el nuestro, en donde el acceso ha sido asegurado gracias al trabajo de brazos gubernamentales, en este caso la cancillería, se topa con pared con la lentitud en la aplicación que se gestiona desde la Secretaría de Salud, que tendría que ser la primera instancia en poner velocidad. México ha anunciado donaciones a países de Centroamérica, porque sigue su política exterior que se dicta desde la empatía, pero, al mismo tiempo, se enfrenta con la vacuna como una herramienta política. Ya vimos que incluso electoral.

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La prisa por salir de la pandemia, por dejarla atrás, no ha sido suficiente para sacudir los vicios propios de la naturaleza humana, pero que se exacerban y tienen efectos aún más peligrosos cuando se operan desde la función pública. Con la certeza de que un momento sólo puede ser enfrentado por la ciencia, aun así hay quienes se resisten y contrastan con aquellas que suplican por respuestas y vacunas. La desigualdad también se alimenta por nuestra irracionalidad, a pesar de los riesgos, en este caso, sanitarios.

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