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Opinión

¿La seguridad empieza en casa o en las redes sociales?

Gran parte de mi infancia la viví en un pueblo cercano a la capital chihuahuense donde, por las tardes, los hombres y mujeres de edad adulta salían de sus casas para conversar con los vecinos

José Luis García
Analista

lunes, 14 noviembre 2022 | 06:00

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Gran parte de mi infancia la viví en un pueblo cercano a la capital chihuahuense donde, por las tardes, los hombres y mujeres de edad adulta salían de sus casas para conversar con los vecinos. Hablar de lo que sea: del clima, de la cosecha, de la familia… de la vida.

Los hijos, nietos, amigos de los sobrinos, niños y niñas se apoderaban de las empolvadas calles con esos juegos que ya se perdieron en la historia y se quedaron en los museos de la memoria. Había, por ejemplo, beisbol en un campo imaginario, en el que solamente hacía falta una pelota de esponja.

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También había canicas, trompos, lazos y todos esos juguetes que, si aún existen, se fueron al baúl de los recuerdos o se quedaron como piezas raras que los niños de ahora ni siquiera conocen y, cuando los ven, preguntan qué diablos es una ágata o un trompo de mezquite.

En ese pueblo, al que después invadió la modernidad, como a todo el mundo, las mujeres dejaban las puertas abiertas, con el famoso mosquitero, para dormir con un poco de fresco en las noches de verano. Los aires acondicionados, las calefacciones y esos artefactos que poco a poco se metieron a las casas de adobe, finalmente ganaron la batalla a los días y noches de pisos de tierra humedecidos para generar mejores condiciones climáticas.

Curiosamente lo mismo sucedía en las ciudades medias, donde se podía dormir con las ventanas y puertas protegidas solo por una malla para cuidar que no se metieran tantos mosquitos; en las casas se cuidaba que no se metieran los moscos, pero no los ladrones.

Eso de robar casas, por supuesto, siempre ha existido. La delincuencia existe desde toda la vida; el asunto es que en los barrios, las colonias y las zonas habitacionales, la mayor parte de los vecinos se conocía, se protegía y, por no decir más, se ayudaba. Quienes tuvimos la fortuna de dormir con las ventanas abiertas y la puerta de mosquitero enganchada solo con la famosa “aldaba”, sabemos que esa fue una parte importante de nuestra vida.

Pero de pronto la delincuencia se recrudeció: hubo necesidad de poner rejas en las ventanas, puertas metálicas con doble chapa, cocheras para evitar el robo de autos y, de la noche a la mañana, desaparecieron los mosquiteros. Ni de día ni de noche las amas de casa, los padres de familia, volvieron a dejar las puertas abiertas.

Hoy vivimos encerrados la mayor parte del tiempo, porque con cualquier descuido, en un abrir y cerrar de ojos, el patrimonio, ese que tanto nos ha costado, puede cambiar de manos. Entre más seguras sean las puertas del hogar, o del negocio, más tranquilos podemos vivir. Jamás volverán los tiempos de dormir con el fresco de la noche entrando por las ventanas abiertas.

Y cuando ya nos sentíamos seguros, con rejas en las ventanas, puertas metálicas con doble chapa en la entrada de la casa, con controles remotos en la cochera, cámaras de vigilancia, seguridad privada en el fraccionamiento, alarmas y todo eso que nos da tranquilidad, ¡toma!: de pronto aparecieron las redes sociales.

Y, con ello, volvimos a abrir la puerta de par en par: sin mosquiteros, sin filtros, con un desparpajo tal, que le dimos libertad a secuestradores, extorsionadores, asaltantes, ladrones y defraudadores, para que entraran hasta la cocina sin mayores problemas.

Empezamos a decirle a todo el mundo -literalmente-, dónde vivimos, qué hacemos, cuánto ganamos, a qué hora salimos y hasta anunciamos que estamos de vacaciones y la casa a merced de quien quiera entrar, con el tiempo que necesite para llevarse lo que se le pegue en gana.

¿Qué no entendimos? ¿Que las rejas fueron de adorno? ¿Que nuestras ventanas se ven mejor atravesadas por fierros? ¿Acaso se nos olvidó que decidimos, un día, cambiar el aire fresco de la noche por una casa llena de artefactos para darnos seguridad?

Las redes sociales cambiaron radicalmente la vida de los seres humanos, pero también nos hicieron más vulnerables. La modernidad y la tecnología de punta nos dieron mejores condiciones laborales con la conectividad, pero parece que nos entregaron las llaves para convertirnos en víctimas de manera fácil, gratuita y hasta indolente.

Por más que nos recomiendan no revelar en nuestras redes sociales dónde vivimos, que evitemos fotografías de las placas de los vehículos, que tratemos de no generar imágenes de los hijos con sus uniformes de la escuela… por más que nos lo dicen, seguimos haciéndolo.

Cuando a usted le llaman para decirle que vive en tal parte, que frente a su casa hay un parque, que tiene tal vehículo y que si no les entrega cierta cantidad de dinero le harán daño, o a su familia, ¿de dónde cree que sacaron la información?

Antes, la seguridad empezaba en casa. Hoy, de acuerdo a los especialistas en investigación de delitos cibernéticos, la seguridad empieza en las redes sociales. Ya no hay mosquiteros, pero sí existen filtros para prevenir un daño en contra nuestra. La prudencia es buena consejera. Al tiempo.

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