Opinión

La sana crítica, una obligación de los votantes

Con honestidad les participo que hace un poco más de dos años determiné votar por López Obrador

Jorge Breceda
Analista

sábado, 27 junio 2020 | 06:00

Con honestidad les participo que hace un poco más de dos años determiné votar por López Obrador, esta decisión fue controvertida en mi entorno, aún recuerdo que tenía que debatir mi voto con cada una de las personas a las que les participaba la determinación de mi sufragio. 

Recuerdo repetir una y otra vez, sin ambages, que Meade, Rodríguez y Anaya representaban el seguimiento a un sistema económico que, seguramente, me favorecería, pero no así, a los más de 50 millones que se encontraban en extrema pobreza, este mi principal argumento desde la solidaridad hacia mi comunidad.

Lo anterior, no es más que la paráfrasis de lo dicho por Montesquieu que dijo: "Si supiera alguna cosa que me fuese útil y que resultara perjudicial para mi familia, la expulsaría de mi mente. Si conociera alguna cosa útil para mi familia, pero que no lo fuese para mi patria, trataría de olvidarla. Si conociera alguna cosa útil para mi patria, pero perjudicial para Europa, o útil para Europa y dañina para el género humano, la consideraría un crimen". 

En los escenarios que se visualizaban (2018), siempre confíe en que la división de poderes, particularmente, el Poder Judicial no permitiría una atmósfera dictatorial, confiaba en la honestidad y capacidad intelectual de los miembros del gabinete que se habían anunciado y descansaba mi voto en que cierta ciudadanía con voz pública tendría una crítica permanente al actuar gubernamental. 

Es dable mencionar que nunca confié en la oposición partidista, ya que me daba la impresión que era ramplona, falta de congruencia y honestidad ideológica, criterios que se han comprobado en este período de gobierno, ya que le debaten al presidente banalidades y futilidades, esto por dos razones: porque es más sencillo debatir la forma que el fondo y porque, claramente, no existe un liderazgo que pueda abanderar dicha oposición. 

Ahora bien, retomo el tema de la ciudadanía en la que deposite mi confianza: los llamados (as) intelectuales, estos debían de estar siempre alertas y atentos, para luego criticar o aplaudir, es decir, reconocer lo positivo y criticar lo negativo, la capacidad de ser asertivo y objetivo como personalidades públicas; leídas y seguidas por la comunidad. 

 

Sin embargo, lo que ha sucedido me recuerda lo descrito por Aristóteles en la descripción de los tres tipos de amistad: la utilitaria, que será el nexo amistoso mientras sea rentable; la divertida, que perdura mientras ambos disfrutan un tiempo lúdico, por último; la virtuosa, particularmente la que involucra el areté, que conlleva una perfección igualitaria no sólo del otro, sino del trato entre ambos. 

Estas personas que cuentan con voz pública parecería que su compromiso se encuentra en el primer tipo de amistad, son amigos del presidente de manera utilitaria, pero no por un interés dual, en el que la relación conviene a ambas partes (como el movimiento de un péndulo). En realidad, lo que se busca en la defensa ultranza del presidente -se ven y leen metaanálisis de lo que dice el presidente, llegando a interpretaciones humorísticas, ajenas al discurso original-, es ocultar la imposibilidad de autocrítica, ya que no se permiten reconocer el error de haber elevar a una figura política a un grado de perfección.  

Sin embargo, de llevarse el tercer tipo de amistad con el presidente, se podrían entablar comentarios objetivos sobre el quehacer gubernamental, tal situación forzaría al gobierno para elevar el nivel de gobernanza federal, crecerán en sí mismos -al aceptar que no existe el gobernante idóneo- y trabajarán para constituir una mejor relación entre el actuar gubernamental y la todas (os) nosotras (os).  

En este sentido, cabe recordar que, en el año 80, el Emperador Tito inauguró el Coliseo Romano y anunció 100 días de espectáculos, por la mañana había juegos y por la tarde eran sacrificaban a los enemigos, en los descansos se repartían mil hogazas, sin embargo, se tienen documentados eventos en donde no existía el apoyo del pueblo, aun y cuando les daban de comer y se esforzaban por entretener.  

¿Por qué razón? Porque la crítica deberá estar siempre en el actuar ciudadano y mucho más en aquellas voces que son seguidas, cuyo peso público es importante y cuya responsabilidad les obliga a colaborar con aquellos que menos tienen, porque ellos y ellas son las que les permitieron y permiten ser escuchadas y encontrarse en zonas privilegiadas del sistema económico.

Por último, en relación con el Coliseo romano y las personas con voz pública, traigo a colación a García Lorca que dijo “No sólo de pan vive el hombre, si yo tuviera hambre pediría medio pan y un libro”, en este sentido, los amigos del presidente, los partidarios de Morena o simplemente los que votamos por él, tenemos la obligación de criticar, esto como un ejercicio de pedir un libro y no sólo pan.