Opinión

La rave de niños junto al golpe naranja

Hubo descaro pleno y sin prejuicio de ninguna especie por parte de quienes organizaron lo que fue llamado despreocupadamente como reventón

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 09 enero 2022 | 06:00

Hubo descaro pleno y sin prejuicio de ninguna especie por parte de quienes organizaron lo que fue llamado despreocupadamente como reventón. Se pasaron de todo límite.

Una pseudo fiesta en la que fueron hacinados casi 150 niños y adolescentes para venderles alcohol y sin duda drogas es un delito flagrante en varios sentidos justo por tratarse de menores de edad.

Los chicos fueron descubiertos en esa “party” llevada a cabo la noche de este viernes en una pequeña granja-“terraza” localizada en las calles Andrés Horcasitas y Carlos Adame, de la colonia Anáhuac.

Fueron hallados porque algunas jovencitas llamaron a sus padres cuando sintieron temor por el tamaño de la “fiesta” y el control férreo de entrada y salida.

Intervino primero la Policía Municipal, pero se encontraron con puertas selladas, gritos de muchachos (as) adentro y la llegada de los primeros padres de familia tratando de auxiliar a sus hijos. Algunos no sabían que “sus amigos” los llevarían ahí, otros engañaron a sus familiares diciendo que sería la fiesta en otro lugar.

Hubo muchos testimonios antes y durante el desalojo. Debió intervenir Protección Civil del mismo Municipio para abrir los portones a golpe de marros y otras herramientas. Hubo momentos calificables como secuestro.

El trabajo desarrollado por las autoridades preventivas deberá seguir pulcramente seguido por las ministeriales, las de investigación, que recibieron todo en la mesa para hacer su trabajo sin pretexto. Testimonios de los muchachos, de sus padres, cantidades importantes de alcohol, porciones de droga, y la detención de dos organizadores de la “rave”, madre e hijo, de 43 y 24 años, respectivamente, que cobraron 100 pesos a cada asistente solo por “cover”.

El delito por corrupción de menores quedó multiplicado por cada uno de los cerca de 170 menores participantes en la fiesta, más los agregados por la venta clandestina de alcohol, la distribución de drogas, la falta de permisos… y el punto que nos colocó en este tema dominical, la infracción a las restricciones Covid-19.

***

A los organizadores de la malvada fiesta les importó menos que nada la llegada del Ómicron a Chihuahua capital con dos casos y a Juárez con otros dos, y con sospechas de muchos más en ambas ciudades y el resto del estado, donde el Covid no baja, sigue subiendo peligrosamente como la espuma.

Pasaron por largo, sin temor a nada y atenidos a algún nivel de protección oficial o a la ausencia de inspectores, el nuevo decreto que colocó el viernes mismo al estado completito en semáforo naranja con restricciones en los aforos hasta del 70 por ciento. La mentada terraza tenía arriba del 150 por ciento.

Lamentablemente no hay seguimiento médico a ese tipo de reuniones, pero las autoridades sanitarias han concluido que es donde se generan los principales brotes. A esa granja deben habérsele sumado muchísimas reuniones de naturaleza similar en salones de fiestas “con permisos”, antros, restaurantes...etc.

Juárez mantuvo estadísticas moderadas en registro de contagios y decesos por la pandemia inclusive hasta la Navidad; hasta la tercera y cuarta semana de diciembre, pero los últimos números en los primeros días de enero brincaron de 17 a 72 y de 175 a 184 casos o contagios. Seis decesos en las últimas 24 horas previas al viernes. Cantidades similares de viernes para sábado.

Hay gran discusión entre los sectores económicos locales sobre la proporcionalidad del decreto naranja para Juárez idéntico al de Chihuahua que trae el doble de decesos y hasta tres veces más infecciones; en algún momento Chihuahua superó cinco veces a Juárez.

A media semana fueron desarrolladas varias reuniones públicas y privadas entre transportistas, restauranteros, hoteleros etc., y funcionarios estatales del área de Gobernación, no los de primer nivel, pero sí con poder de decisión.

Buscó la iniciativa privada brincar los aforos en restaurantes y centros sociales de 30 al 50 por ciento y horarios “un poco” más extendidos. La respuesta categórica fue en sentido negativo, inclusive con agregado irónico fuera de libreta por alguno de los funcionarios: autorizamos 50 y se van al 100 por ciento.

Podemos conceder la razón estadística y hasta técnica al sector privado sobre el naranja, pero sería ocioso someter a discusión la tendencia real de la epidemia con saltos abismales de un solo día para otro durante los últimos días.

Adelantarse quizá un poco en el naranja es evitar de plano el rojo, y entonces sí, la paralización completa de la movilidad social y por lo tanto de la economía. La experiencia del rojo ha sido catastrófica en todos los sentidos.

La evidencia del puro comportamiento del Covid en sus principales indicadores, contagios, decesos, ocupación hospitalaria, dispersión, etc., junto con las farmacias y laboratorios saturados, así como la llegada del Ómicron, son suficientes para advertir que, de continuar las cosas igual, regresar a la normalidad será aún más difícil; más secuelas física y psicológicas, más luto… mayores pérdidas económicas.

El mal ejemplo de la terraza atestada de niños y adolescentes es un punto de referencia sobre el desinterés de algunos con afectación a los más. Por unos la llevan muchos, dice la antigua frase. Los números hablan por sí mismos.

Resta a las autoridades estatales, y a las federales por supuesto, perfeccionar e incrementar los flujos de información a la sociedad, empezando por el trabajo de las tristemente célebres células Covid que clausuran una estética “por exceso de aforo”, pero convenientemente ignoran los lugares atestados como el de la granja en la colonia Anáhuac.

La población debe conocer detalladamente el desarrollo de los indicadores para tomar sus propias medidas preventivas, desde las tasas de reproducción, las tasas de incidencia, las de mortalidad por cada 100 mil habitantes, los porcentajes de hospitalización por cada hospital Covid, etc... Estos números ahora permanecen ocultos.

El manejo del Consejo Estatal de Salud debe ser más representativo y más transparente en la divulgaciónde sus decisiones que se suponen apegadas precisamente a esas estadísticas.

“No asistí porque me avisaron de un día para otro y les otorgué mi voto de confianza para las decisiones tomadas”, dijo la diputada panista, Yesenia Reyes Calzadias, sobre las restricciones adoptadas el pasado fin de semana que generaron una extraordinaria confusión sobre semáforo amarillo y naranja.

Es evidente que no todas las autoridades están al nivel de las circunstancias que la epidemia va presentando, pero en ese caso no hablamos de una autoridad cualquiera ni de un representante cualquiera, sino de quien forma parte del Consejo a nombre del Congreso del Estado.

Si una diputada no conoce el desarrollo del virus, por lo tanto también lo desconocen sus compañeros en el Congreso. Es imposible y hasta injusto exigir que la población permanezca al día en tan delicado tema si las distintas áreas de gobierno no cumplen con el mínimo de sus obligaciones.

Ignoramos también la cantidad de vacunas aplicadas en esa responsabilidad monopolizada al 100 por ciento por el Gobierno de la República. Es muy escasa la información al respecto.

Si por las vísperas del Ómicron y el renovado ataque del Covid sacamos los días, nada buenos siguen siendo los augurios.

Paralelo a sus acciones sanitarias de semaforización y/o restricciones, deben los actos de autoridad implementados por el gobierno ser acompañados de una difusión masiva que ayude a todos a conocer el desarrollo del bicho e impedir que avance y se convierta en mayor fatalidad.

Siempre habrá tiempo de hacer algo más.

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