Opinión

La política infame

En nuestro país, nos encontramos en plena coyuntura política porque el próximo domingo 6 de junio —en menos de cuatro días— habremos de elegir a nuestros futuros gobernantes

Iván González Ibarra
Historiador/Académico

jueves, 03 junio 2021 | 06:00

“La técnica de la infamia es comenzar dos mentiras a la vez y hacer que la gente discuta con calor sobre cuál es verdadera”, decía el poeta Ezra Pound en una entrevista con D. G. Bridson, para julio de 1959.

La frase ha sido utilizada muchas veces como vía de análisis político, me apena decir que esta vez no será la excepción a la regla. Y es que la máxima confesada por el poeta, ensayista y crítico norteamericano encuentra cabida en nuestra realidad inmediata.

Ante tal afirmación vale la pena preguntarnos: ¿hay infamia en la política actual? ¿Nos han inventado dos mentiras a la vez y nos tienen discutiendo sobre cuál es verdadera?

En nuestro país, nos encontramos en plena coyuntura política porque el próximo domingo 6 de junio —en menos de cuatro días— habremos de elegir a nuestros futuros gobernantes.

Desde luego muchos analistas políticos y “líderes de opinión”; esos que viven del círculo grillo; se dejan llevar por el calor de las campañas y demuestran con denuedo su apoyo a las candidatas o candidatos que confían, les redituarán los mejores dividendos.

Entre tanto, la población general —“los de a pie”— adolecen de una frustración por sentirse aislados y marginados de la toma de decisiones, impotentes ante los graves problemas que viven a diario en sus colonias, temas tan recurrentes como abandonados: falta de agua potable, ausencia de alumbrado público, baches, calles sin pavimentar, parques abandonados, basura.

La gente siente que los políticos solo se acuerdan de los ciudadanos cuando es época de elecciones, por eso hay un desencanto generalizado y un abstencionismo creciente. “Todos son la misma bola de rateros”, contestan cuando se les pregunta si elegirán votar por uno o por otro.

Mientras esto ocurre en las tribunas, en la cancha nuestros políticos hacen circo, maroma y teatro por conseguir el voto a costa de promesas, las mismas promesas que al final quedan en el olvido.

Y es que prometer no empobrece, “construiré un puente” les dice el candidato, “no hay río” —le replica el público— “haré un río también”. Sin escrúpulos se señala que todo será diferente cuando ellos lleguen al poder, apelan a la esperanza de que con ellos las cosas serán diferentes.

Sin embargo está más que probado que cuando llegan al poder comienzan a padecer de amnesia y de soberbia, de pronto se les olvidan las promesas, las carencias sociales, la falta de espacios públicos, la cara de los niños que besaron y abrazaron. De las propuestas que hicieron en campaña solo queda el recuerdo.

Algunos incluso a mitad de la campaña olvidan lo que prometieron y declinan a favor de un proyecto que juraron combatir, hombres y mujeres sin ideología, con ausencia de pensamiento crítico o ética alguna.

Ante tal panorama es necesario crear una conciencia ciudadana y democrática que permita la participación de todos los sectores de la población, no solo en tiempos electorales sino de manera permanente.

Necesitamos con urgencia que se tome en cuenta nuestra opinión sobre los graves problemas que se viven en nuestro país, en nuestro estado y en nuestra frontera.

Dejemos la política infame a un lado y apostémosle a una participación ciudadana constante. Es tiempo de exigir lo que conforme a derecho y dignidad nos corresponde: una participación democrática tan auténtica como cotidiana.