Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

La paz, fruto de la justicia reparadora y compasiva

Ante la violencia que estamos viviendo en México, deseamos que esta espiral de violencia se detenga y que no continúe

Dra. Mónica Chávez Aviña

lunes, 13 septiembre 2021 | 06:00

Ante la violencia que estamos viviendo en México, deseamos que esta espiral de violencia se detenga y que no continúe. Por eso nos preguntamos si podemos hacer algo sobre esta problemática. Son diversas las respuestas que se han dado a lo largo de las últimas décadas. Ante lo anterior, nos surge una pregunta: ¿cómo propiciar y educar para la paz? Si deseamos la paz hay que buscar la justicia, pero no cualquier tipo de justicia porque no todas tienen los mismos efectos. Cuando observamos las comunidades, colectivos o países que han logrado erradicar la violencia y generar procesos de paz encontramos que es gracias a la justicia reparadora porque ésta resuelve el problema de manera más integral, se ocupa de los ofensores, de las víctimas y de las comunidades afectadas. Pero constatamos que la justicia reparadora tiene que ir acompañada de la compasión.

En la justicia reparadora se reconoce la importancia de aplicar las leyes justamente y el reconocimiento público de lo que sucedió, pues es necesario pasar del silencio a la verdad. Pero, también se tiene en cuenta a los ofensores para que puedan reintegrarse a la comunidad.

En la justicia reparadora, lo primero que hay que entender es que las víctimas saben que su sufrimiento no es consecuencia de un momento, sino que a veces es el resultado de estrategias colectivas y políticas por parte del Estado o de los grupos de poder. Por eso, las víctimas desean que no sólo se les atienda, sino que se reconozcan las injusticias y las políticas que permitieron los acontecimientos y los encubrieron: esto permite buscar posibles soluciones para que eso no se repita.

Lo anterior no es fácil porque la justicia requiere de la equidad, que atiende al contexto cultural, pues cada comunidad va descubriendo lo que es justo y pone leyes para que se cumpla la justicia, y si ésta no se efectúa, se instalan leyes para reparar la falta. Pero esto no quiere decir que no haya un mínimo común de lo que significa la justicia.

Cuando las víctimas desean justicia lo que requieren en un primer momento es que se reconozca públicamente el daño que han sufrido y que se repare la falta. Por otro lado, está la necesidad que tienen los ciudadanos de que las leyes se apliquen de igual manera para todos, es decir que no haya impunidad para los ofensores, aunque sean un grupo de poder.

Por eso, la justicia no sólo implica reparar la falta cometida contra las víctimas, sino tener en cuenta a las estructuras injustas que llevaron a esa violencia. De ahí que la justicia vaya más allá de lo penal. Exigir justicia no es para que las víctimas tengan venganza, sino que las instituciones hacen un juicio público oportuno para que la autoridad otorgue la ley que medie entre la víctima y el ofensor para evitar la justicia por propia mano o el linchamiento.

Así, la justicia permite reconocer públicamente que la víctima ha sido agraviada y humillada. El reconocimiento público puede ayudar a la autoestima de la víctima y a su reconocimiento como ser humano. Hace posible, también, la elaboración del duelo de las personas, tanto de las víctimas como de sus familiares, porque quien es agraviado ha tenido una pérdida física o psicológica.

Tan importante es hacer públicos los actos de violencia que, de alguna manera, tienen una dimensión pedagógica, pues ayuda a educar a los hombres y mujeres en una cultura de justicia y paz, y evita la venganza. Cuando se da una sentencia al ofensor se reconoce que las personas somos responsables de nuestros actos y que éstos tienen consecuencias. Lo que podemos observar es que la justicia no lleva necesariamente al perdón y a la reconciliación, pero es conveniente buscarla como condición para que la reconciliación se dé con mayor prontitud y eficacia.

La justicia reparadora, el cuidado de la víctima y de su comunidad

La justicia reparadora propone un tratamiento colectivo de las ofensas con miras a la reparación del daño, la sanación de las heridas y el restablecimiento del vínculo social, a través de la discusión y la interacción entre la víctima, el victimario y la comunidad. El delito atenta contra las personas y sus relaciones y que, en esta medida, la acción de la justicia debe reparar a las víctimas, a sus familiares y a la comunidad afectada, y el ofensor debe adquirir conciencia de los daños que ha ocasionado, asumir un papel en la reparación de la injusticia cometida a la víctima y prometer a la comunidad la no reincidencia. Así, se utilizan mecanismos para la mediación entre la víctima y el ofensor, que buscan la comunicación entre ambos con ayuda de un intermediario para llegar a un acuerdo sobre las mejores maneras de reparar el daño y, quizá, lograr una reconciliación basada en la solicitud de perdón por parte del ofensor y la respuesta afirmativa de la víctima. Un mecanismo importante en la reparación es el servicio comunitario, pues se afectó no sólo a la víctima, sino a su familia y a toda la comunidad. Así, la justicia reparadora busca la reconciliación social a través de mecanismos en los que participan las víctimas, los ofensores y la comunidad, los cuales ponen el acento en la restauración de los daños, el perdón como proceso personal y colectivo, y el restablecimiento del lazo de la comunidad.

Dicha justicia implica restablecer la dignidad tanto de las víctimas como la de los agresores y restaurar las relaciones humanas lastimadas para que sean de mayor equidad, es decir, se trata de restaurar el tejido social para los hombres y mujeres involucrados en esa situación. No se trata de justicia o paz, sino de justicia y paz. Por eso, busca atender a las víctimas, a los familiares y a la comunidad por medio de actos que reparen el daño causado o con mecanismos de apoyo para que se atienda la parte física, emocional, social y espiritual.

Francisco de Roux propone no sólo quitar la libertad al agresor, es decir darle el castigo, sino que se requiere un cambio de mentalidad, una metanoia, pues no sólo se resuelve penalmente porque puede suceder que al agresor se le dé un castigo y una pena que tiene que pagar, pero no hay ningún arrepentimiento de su parte. La justicia reparadora propone, por todo ello “perdonar de manera responsable”. Sólo es posible si se da entre las personas una verdadera metanoia personal y comunitaria que busque en primer lugar la verdad uniéndola a la búsqueda de la justicia con el perdón, la restauración y la reconciliación.

La justicia reparadora y la compasión

Ahora bien, no es suficiente la justicia reparadora, sino que también hay que considerar la compasión que permite mirar al otro desde su vulnerabilidad y fragilidad y, así, actuar ante el sufrimiento ajeno. Las personas somos sensibles a la compasión porque hemos sido testigos de la experiencia del mal.

Levinas afirma que lo que nos mueve hacia el otro no es el deber hacia el bien abstracto, sino el rostro del otro que sufre. El sufrimiento de la víctima nos mueve a actuar. Lo importante es acercarnos al prójimo, pero lo relevante en este proceso fenomenológico no es el prójimo, sino la proximidad. La justicia compasiva nos lleva a una ética que no actúa por el deber o el imperativo, sino por la forma de responder hacia el otro, el tú me interpela, me demanda, me llama. Por ello es preciso postular una ética de la compasión.

Desde esta vulnerabilidad vivimos el sufrimiento, la muerte propia, y la de los otros. No podemos estar ajenos al sufrimiento de otros, por eso hay que educar para la compasión, para mirar el dolor, la carencia del otro, y en el fondo nuestra propia fragilidad y vulnerabilidad.

Así, la compasión no es sólo ponerse en el lugar del otro, sino situarse junto a él, pues nadie quiere el mal del otro. Quizá por eso la compasión no es sólo una respuesta empática, sino implica responder al dolor del otro acompañándolo.

Ahora bien, un elemento importante en la justicia compasiva es que posibilite las condiciones que hagan viable a las víctimas, a sus familiares y a los agresores rehacer sus proyectos de vida. Sin esta rehabilitación es imposible reconciliar a las sociedades y construir un futuro común.

Por eso, si deseamos educar a las personas, familias, escuelas y comunidades en la paz hay que educar en la justicia reparadora y compasiva.

Bibliografía

Arendt, Hannah. La condición humana (tr. Ramón Gil Novales). Barcelona: Paidós, 2005. Sobre la violencia. México: Joaquín Mortiz, 1970.

Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen, 1999.

De Roux, Francisco. Colombia no aguanta más. Octubre 2014. http://www.verdadabierta.com/procesos-de-paz/farc/5489-colombia-no-aguanta-mas-padre- francisco-de-roux octubre 2014 > [Consulta: 1 de agosto 2021].

Levinas, Emmanuel. Humanismo del otro hombre. México: Siglo Veintiuno, 1993. Melich, Joan-Carles. Ética de la compasión. España: Herder, 2010.

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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