Opinión

La nueva realidad política de Chihuahua

La nueva relación Municipio-Estado no tiene más propósito que mejorar las condiciones de las y los juarenses

Cruz Pérez Cuéllar
Político

domingo, 14 noviembre 2021 | 06:00

La nueva relación Municipio-Estado no tiene más propósito que mejorar las condiciones de las y los juarenses. ¿O cómo puede imaginar alguien el crecimiento de su ciudad o el abatimiento de sus principales rezagos en medio de una guerra de declaraciones o los pisotones bajo la mesa entre sus representantes? 

¿Cómo es posible que intentemos bajar los índices de inseguridad si ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo para determinar en cuáles zonas poner más vigilancia o hacer más patrullaje? ¿Cómo embellecer y poner en orden la ciudad si cada esfera de Gobierno hace las obras que quiere según su parecer, sin tomar en cuenta a las demás? ¿Cómo podríamos avanzar si seguimos el derrotero del corralato?

La respuesta es simple si seguimos los cánones políticos, pero es más simple aún si se toma en cuenta el parecer de la gente, de los ciudadanos, que saben mejor que nadie lo que su ciudad necesita, lo que hace falta en las calles, lo que se está haciendo bien o mal por parte de las autoridades.

Y hay una cosa que, estamos seguros, requieren los ciudadanos, que ya exigían a gritos desde hace tiempo: que las autoridades dejaran de estar agarrados, enfrascados en una guerra política inservible más que para alimentar sus egos. Por el contrario, quienes pagaban los platos rotos de esa mala relación eran los ciudadanos, que vieron en cinco años menos obra pública, mal hecha o mal planeada; advirtieron una baja en la calidad de los servicios públicos, y lo peor: incremento de impuestos, de inseguridad y otros factores que empeoraban su vida cotidiana. 

En estos momentos, para el bien de Chihuahua y los juarenses no es una opción regresar a ese esquema de señalamientos y de repartir culpas. Nos corresponde llevar la fiesta en paz porque la historia nos ha enseñado que, en los tiempos de paz, los pueblos que no se duermen en sus laureles evolucionan, generan mejores condiciones de vida para sus ciudadanos. 

Estamos obligados a prolongar la paz política, a mejorar la diplomacia entre las distintas esferas de Gobierno, por varias razones: la primera ya la dijimos, el pueblo lo exige, y al pueblo nos debemos. Pero hay otras que resultan obvias si nos plantamos bien en la realidad predominante en este momento en el estado, en el país entero, como es la necesidad que todo Gobierno tiene de administrar bien el recurso público, de hacer buena obra pública, de fortalecer el desarrollo económico y social, de gobernar bien para luego rendir buenas cuentas. Difícil lograrlo en medio de la turbulencia política.

Muy pragmática, si se quiere ver así, fue la expresión de la gobernadora Maru Campos cuando hace unos días le preguntaron, delante de un servidor: “¿hasta cuando perdurará la buena relación que se han esforzado por evidenciar tanto la gobernadora como el alcalde de Juárez?”. Palabras más, palabras menos. La respuesta de ella la comparto y la replico: “todavía falta mucho tiempo para las elecciones, primero tenemos que dar buenos resultados”.

Totalmente de acuerdo. Hay que trabajar primero y después podremos hablar de nuestras diferencias políticas. Lo principal ahora es concentrarnos en nuestras coincidencias, que por cierto son más fuertes que las diferencias: son los ciudadanos quienes nos eligieron y ellos nos precisan unidos para atraer más recursos a nuestra frontera, para evitar la bochornosa crítica por las obras mal hechas o que nadie pidió, que nadie necesita. Nos necesitan sumando esfuerzos para crear sinergia con el Gobierno federal y así poder hacer frente a otros retos de mayor tamaño, como la inseguridad, la pobreza, la salud y el monstruo que representó la pandemia, que hasta a los países más poderosos los puso a temblar.

Tampoco se trata de esbozar aquí una telenovela de romanticismo político, a nadie le sirven ahorita sólo las buenas intenciones, los buenos deseos y las puras ganas de hacer algo por nuestra gente. Insulso y cursi resultaría esta reflexión sin sustento, sin miras de hacer realidad lo que se dice.

Por ello quiero resaltar que esta semana, la gobernadora y un servidor asumimos un acuerdo relevante para ciudad Juárez: invertir los recursos que provengan del Fideicomiso de Puentes Fronterizos en las obras y proyectos que necesitemos y queramos los juarenses.

Con ello se rompe de tajo con las imposiciones a que estábamos acostumbrados en los gobiernos anteriores, donde se hacían obras con éstos y otros recursos que provenían del Estado y la Federación, pero ya etiquetados a obras o proyectos que ningún juarense había pedido ni deseaba. Es cierto, algunos recursos se aplicaban a proyectos que sí llevaban consenso de grupos minúsculos, pero poco o nada tenían que ver con el resultado de la obra. 

Hablamos, por lo pronto, de 416.8 millones de pesos provenientes del peaje de los puentes fronterizos que se aplicarán a obras y proyectos decididos por los juarenses. Y que decidiremos en consenso con el Estado, pero anteponiendo el interés y la necesidad, para luego dar paso a la viabilidad técnica y económica. 

Hay un borrón y cuenta nueva en el manejo de los recursos de los puentes fronterizos, pero también hemos dicho que lo hecho mal durante la pasada administración, si se encuentran desvíos de recursos (aunque nuestro deseo primordial no es que haya cacería de brujas), se castigue y se proceda conforme a derecho.

El otro acuerdo que merece especial mención es la creación de un convenio entre el Estado y el Municipio para mejorar sustancialmente las condiciones que tienen los habitantes de Riberas del Bravo: la inseguridad, el saneamiento de la acequia, evitar inundaciones, mejorar los espacios públicos, entre otros.

El Ayuntamiento ya ha estado trabajando en Riberas del Bravo en coordinación con otras áreas, como la Junta Municipal de Aguas, en problemáticas de limpieza y saneamiento; pero es fundamental que el apoyo sea sustancial y resuelva en buena medida los problemas que más aquejan a los vecinos de esa zona, olvidados desde hace muchos años. El convenio entre el Ayuntamiento y el Gobierno estatal ayudarán a lograr ese objetivo.

Con la Federación estaremos viendo la aplicación de los recursos surgidos de la regularización de vehículos chuecos, es una gran oportunidad de mejorar nuestras calles; pero también la atención de las zonas más desprotegidas, más olvidadas de nuestra frontera, la aplicación de programas de Bienestar a más familias, la llegada de recursos extraordinarios para poder abatir parte del rezago que tenemos.

Son grandes las carencias en nuestra frontera, por eso deben ser enormes los esfuerzos que hagamos para poder enfrentarlas, aminorarlas y, de ser posible, desaparecerlas. Es nuestra obligación, nuestro compromiso.

Por eso y muchas razones más es necesario conjuntar esfuerzos, pero también debemos estar conscientes de que la parte gubernamental es sólo la base de la tarea que estamos realizando. La alianza con la sociedad es la clave para dar la vuelta a los problemas y generar desarrollo. De ello hablaremos en una próxima entrega. Mientras tanto, sigamos abonando la buena relación entre las diferentes esferas de Gobierno, en el caso del Gobierno estatal no es una “luna de miel”: es la nueva realidad política que se vive en Chihuahua.

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