Opinión

La guerra civil de las posturas

Es momento de ser pacientes para no convertirnos en pacientes

Carlos Irigoyen
Analista Independiente

viernes, 22 mayo 2020 | 06:00

“ Solos podemos hacer poco, juntos podemos hacer mucho”. Una frase de Helen Keller que bien podría ser aplicable en toda su extensión a la realidad mexicana, una mezcla de sentimientos que tienen un profundo arraigo en diversidad de sectores sociales de nuestra querida ciudad. 

A la sombra del Covid-19, los efectos económicos de una pandemia que en absoluto se puede considerar “domada”, las ocurrencias de las propuestas políticas carentes de sustento social y pragmatismo; se vislumbra una intensa guerra de posturas entre quienes están a favor de una reactivación económica a pesar de no tener una situación favorable respecto a la situación sanitaria y por otro lado quienes privilegian la cuestión de quedarse en casa con los mínimos de operación económica pero que advierten que las acciones para sobrellevar la crisis económica por parte de las autoridades son insuficientes y hasta en ocasiones simplistas y vacías, carentes de fuerza e impacto en el bolsillo de los mexicanos. 

A esa pugna agreguemos dos factores, la credibilidad en las cifras que ofrecen las autoridades bajo constante duda y por otro lado hay errores en los esquemas de comunicación; grotescos y groseros. Eso nos lleva a pasos agigantados a una nueva crisis que puede ser más letal que la económica, la sanitaria y la de seguridad juntas, la crisis de la incertidumbre, la crisis de la desesperanza, la crisis del valemadrismo, la crisis de la desunión; y ahí si se pierde mucho de lo ganado en tiempos difíciles; volvernos solidarios como sociedad y ser capaces de dar pasos extraordinarios, lo hemos demostrado con creces en momentos de alta tensión como los terremotos de 1985 y 2017; huracanes, lluvias torrenciales, la influenza, crisis económicas como las del 82, 94, 2008 e incluso; hemos sobrellevado momentos terribles como tener ciudades catalogadas como las ciudades más violentas del mundo, en Juárez lo sufrimos tres años consecutivos y aún así nos unimos en torno a una estrategia basada en el desarrollo social, dirigida en gran parte por organismos e iniciativas de la sociedad para mitigar el desgaste del tejido social; la esperanza por delante y la convicción de que si se podía daba un matiz diferente. 

Al día de hoy, esta esperanza se percibe sin el eco necesario, hay partes de la sociedad que no han entendido la trascendencia ni la peligrosidad del momento, las acciones que dejemos de tomar en este momento van a repercutir en el corto y el mediano plazo; la pandemia nos ha arrojado el periodo extendido del cierre de la frontera, un potencial incremento de casos en el caso de la reapertura de la economía en forma prematura, los contagios en la vuelta a clases cuando se dé, la contracción en el consumo donde el último reporte de la confianza del consumidor retrata una fuerte reducción, hay un miedo totalmente justificado ante la incertidumbre que se vive y un dato más, en una conferencia del destacado Dr. Isaac Sánchez Juárez profesor de la UACJ, hizo un análisis de tres escenarios, el menos grave, el grave y el severo donde el número de empleos perdidos entre abril y junio puede ir desde los 57 mil hasta los 163 mil tan sólo en el estado de Chihuahua, un pronóstico de tiempos aciagos. 

El desempleo conlleva a una contracción en el consumo y a un ahorro basado en el miedo, un ahorro “por si algo sucede”, afecta el bienestar de las familias y puede ser un detonante de situaciones de delitos como el robo. A eso agreguemos la crispación en amplios sectores por la forma en cómo es llevada a cabo la comunicación de las acciones gubernamentales. A nivel municipal y estatal hay esfuerzos importantes y aun así la gente muestra una especie de relajación preocupante, hay tráfico regular en la ciudad, reuniones y fiestas en muchas casas, además de que algunos ciudadanos se niegan en ocasiones a portar sus elementos de seguridad en lugares públicos. Pero el gran fiasco informativo es a nivel nacional donde el gobierno federal insiste en que esta domada la pandemia, llama a algunos municipios como los de “la esperanza” y afirma que a la economía se le puede medir en términos de felicidad, bienestar y desarrollo económico, menospreciando conceptos como el PIB y el crecimiento económico. 

Hay una especie de mensajes encontrados en el discurso y su contraste con la realidad, esta mezcla es muy negativa, alimenta la especulación, los rumores, la credibilidad y termina por matar la confianza; el elemento que como sociedad debemos de cuidar a toda costa si creemos que vamos a evolucionar al reto de la pandemia en cualquier terreno. 

Es momento de ser pacientes para no convertirnos en pacientes, es momento de estirar y no jalar la cobija para que alcance para todos, es momento de cubrir con la esperanza de que si juntos enfrentamos el enorme reto de la pandemia, la economía, la inseguridad; pudiéramos construir una nueva realidad. Una vez más enfrentamos circunstancias sumamente adversas, pero por eso estamos reconocidos a nivel mundial como un lugar resiliente. 

El momento es hoy, unión y disciplina para entrar a la nueva realidad o construirla de manera diferente.