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Opinión

La generación cibernética

Bryan tiene 10 años de edad. Es un niño muy inteligente. Sus padres lo presumen y con justa razón, pues sabe manejar la Tablet con inigualable destreza

José Luis García
Analista

lunes, 23 enero 2023 | 06:00

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Ciudad de México.- Bryan tiene 10 años de edad. Es un niño muy inteligente. Sus padres lo presumen y con justa razón, pues sabe manejar la Tablet con inigualable destreza; incluso logra aprovechar esa parte de la tecnología para algunas de sus actividades grupales en su equipo de amigos virtuales que, dicho sea de paso, a algunos ni los conoce 

A veces se convierte en el asesor de sus padres en eso del YouTube o puede también bajar videos de sus canciones preferidas, películas de moda o bien, entretenimientos y videojuegos. La verdad es que Bryan ha logrado impresionar a los adultos que conviven con él por sus habilidades para el manejo de las tecnologías

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Lo que más “apantalla” a sus padres, fue que creó un canal en YouTube donde sube tutoriales de sus juegos favoritos… ahí le dice a sus suscriptores cómo pasar de nivel en el Gears of War, un juego de estrategias de guerra donde tienes que sobrevivir pasando de una simple lucha hasta la utilización de sofisticadas armas. Hay que salvar rehenes, rescatar gente a base de encarnizadas peleas bélicas y es vivir o morir.

Apenas llega de la escuela, deja a un lado la mochila y se pierde con su Tablet, tratando de conocer más y más; dice que aún no alcanza a descifrar todas las funciones y que cuando lo logre estará en condiciones de solicitar a su papá una de mayor capacidad y con más aplicaciones. Por lo pronto la que tiene es suficiente.

Hay tal confianza en Bryan, que ambos, papá y mamá, le dan la libertad de manejar su nuevo entretenimiento: la Tablet, sin mayores supervisiones que las que acostumbramos los padres de familia a hacer de vez en cuando. Más o menos le dedica a su aparato tecnológico entre cuatro y cinco horas diarias y los fines de semana no se puede separar de su “amigo”, desde que amanece, hasta que debe acostarse a dormir

Este niño, como muchos otros, miles me atrevo a decir lleva una vida aparentemente normal donde la tecnología forma parte de sus actividades cotidianas… y un poco más.

El problema es que, como Bryan, hay un mundo de niños y adolescentes pegados a las máquinas y alejados de la realidad con la que deben convivir a diario, sin querer entender, a veces, cuál es la verdadera condición, es decir, dónde termina la realidad y dónde empieza la fantasía.

No es broma: en el mundo de la tecnología, hemos pasado al terreno de la despersonalización, donde la “convivencia” entre seres humanos, se da más en las máquinas que cara a cara; “hablamos” más por mensajes de texto que en un intercambio de palabras en vivo y cruzamos más información y datos por redes sociales, que entre personas.

El ejemplo con el que abrí este artículo puede ser cualquier situación e, incluso, habrá quien señale que se trata de un ejemplo simplista; sin embargo, la preocupación, hoy, es cómo separar a nuestros hijos del abuso que hacen de la tecnología.

Esta generación cibernética es preocupante, por muchas razones. Primero, la que mencioné anteriormente: la despersonalización, porque vamos avanzando con niños y adolescentes pegados a las máquinas y luego nos quejamos de nuestros hijos no nos hacen caso. Sucede algo terrible: ellos no hablan, porque nosotros no estamos ya escuchando.

Preferimos que nuestros hijos pasen horas en sus videojuegos, o en las redes sociales, que hablando con nosotros; han empezado a desaparecer los espacios lúdicos familiares, como aquellos juegos de mesa con los que, toda la familia nos sentábamos a la mesa a divertirnos una tarde de lluvia.

Cambiamos esos espacios por el silencio aparente, porque las redes sociales, incluso, son más silenciosas de lo que pensamos, porque su ruido está en el generador de espasmos mentales e instrucciones cerebrales que llegan a ser tan riesgosas como una descarga eléctrica repentina.

Ahora que estamos a casi un año de que nuestros niños y adolescentes regresaron a clases presenciales, después de dos años de un encierro obligado generado por la pandemia, habría que replantear varias cosas, una de ellas, valorar qué tanto deben continuar nuestros estudiantes pegados a sus máquinas, porque ya no hay pretexto de clases en línea, salvo casos muy excepcionales.

Dos: es urgente e importante un acuerdo entre padres de familia y centro escolar, de las horas que debe pasar el niño, niña o adolescente en las computadoras, el ejercicio real en la escuela, la convivencia, los trabajos grupales, las actividades paraescolares, deportivas o culturales y, quizá, los espacios lúdicos familiares y escolares.

Estamos frente a una generación cibernética que no llegó sola: la hicimos nosotros y ahora, irremediablemente, necesitamos arreglarla, darle alternativas, pero parece que se convirtió en un vicio llamado tecnofilia, del que va a ser difícil separar a esta generación, salvo que lo hagamos entre todos, en un convierto donde nadie puede faltar. Al tiempo.

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