Opinión
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La flojera no podía acarrear milagros, sino depresión

Fue llamada visita de cortesía aun por las solidarias y algo ingenuas fuentes de La Columna en el interior de Palacio de Gobierno; y pudo serlo, pero nadie en el mundo político la creerá como tal en circunstancias de fiera guerra electoral

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 02 mayo 2021 | 06:00

Fue llamada visita de cortesía aun por las solidarias y algo ingenuas fuentes de La Columna en el interior de Palacio de Gobierno; y pudo serlo, pero nadie en el mundo político la creerá como tal en circunstancias de fiera guerra electoral.

Quedó registrado el encuentro una noche de hace 15 días entre Javier Corral Jurado, Alfredo “El Caballo” Lozoya, candidato del Movimiento Ciudadano (MC) a la gubernatura; y Miguel Riggs Baeza, candidato del mismo partido a la Presidencia Municipal de Chihuahua.

El tema abordado es un misterio para efectos de literalidad en su conversación, pero no hay ningún secreto en la hábil alianza tejida con Corral desde hace meses por el auténtico jefe de los naranjas en el país, el senador y exgobernador veracruzano, Dante Delgado Rannuro, acusado por Andrés Manuel López Obrador de haber hurtado su idea del “águila juarista”que identifica al logo del Movimiento Ciudadano.

Los primeros días de febrero de este año tuvo Corral también en Palacio de Gobierno su cuarto y último informe de gobierno. Uno de los invitados especiales fue el síndico de la ciudad de Chihuahua, Amín Anchondo, panista reclutado por el titular del Ejecutivo estatal para su lucha fratricida contra su hermana de partido, Maru Campos Galván.

Amín incluyó en su flamante look para ese día una cegadora corbata naranja que no pasó del saloncito de recepción previo al evento general del informe en el patio central de Palacio.

“Se vería muy evidente su corbata con el cubrebocas de Miguel”, dijo Corral, refiriéndose al también naranja del entonces precandidato a la alcaldía y amigo y operador suyo; quizá uno de los poquísimos que le quedan originado en Acción Nacional.

Más que Amín (o Mamín, como es ampliamente conocido en Chihuahua), Riggs es de abolengo esencialmente panista. Su madre, doña Carolina Baeza, que en paz descanse, lo heredó como encargo a Corral por la otrora “verticalidad” de éste con principios y doctrina blanquiazul.

Corral asumió el padrinazgo hasta con lucrativa felicidad. Condujo al joven Riggs a una sindicatura, a una diputación, a una candidatura a la alcaldía con las siglas del PAN, pero luego cobró caro el mecenazgo prostituyendo a Riggs al más puro estilo de un lenón o padrote político. Lo sacó del PAN y lo trasladó al MC. Aventó al bote de basura sus bonos con el compacto panismo de la ciudad.

Amín anduvo por las mismas, pero su nivel no le dio para postulación importante alguna en la presente campaña. Se quedó sin estrenar en público su corbata cítrica.

Sin ser panista, también el fiscal de Justicia en la Zona Norte, Jorge Nava, tuvo una reunión privada con Corral durante la víspera de su presentación como candidato suplente a diputado por el MC en el cuarto distrito de Juárez, ahí donde pretende alzarse con el triunfo el panista Gabriel García por tratarse de una demarcación con añoso historial azul.

El dueño en turno de Palacio de Gobierno sin duda aventó el grueso de su apuesta por el MC. No puede quejarse, por fortuna para él, del trabajo desarrollado por Lozoya, que ha combinado -también con habilidad- la consigna de golpear a Maru, pero sin dejar a un lado las propuestas de gobierno y un frenético activismo por todo el estado que sin bien no le ha dado para rozar siquiera los talones a Maru ni a Juan Carlos Loera, sí le puede generar una sólida estructura de regidores, alcaldías y diputaciones muy buenas hacia el futuro. Así cumplirá él y presentará el avance que realmente anda buscando en Chihuahua el auténtico jefe naranja, Dante Delgado.

Esa es parte de la acongoja que ensombrece por ahora al gobernador, lo empuja hacia la depresión y lo mantiene con su última esperanza puesta para la sucesión no en un aliado completo, pero el menos no abiertamente enemigo, Morena. Sostuvo una reunión para esos efectos el 19 de abril en el Pueblito Mexicano con Gustavo “El Pichú” de la Rosa, tío favorito del candidato a gobernador.

Seguirá intentando por estos días algunos golpes judiciales más contra su hermana de partido Maru, pero ya no reserva aquella certeza fanática que expresaba hace meses personalmente o a través de su mal aprendiz de brujo, el consejero jurídico, Jorge Espinoza Cortés, por desactivarla y acabar con su carrera política. Y pensar que Jorge fue presidente municipal del PAN, y el propio Corral presidente del mismo partido en el estado.

Pero con Morena enfrenta Corral otro grave problema, de hecho catastrófico para su futuro político. Mantiene su relación a medios chiles con Loera, pasadera, perdonable; sin embargo, su dolor de cabeza, quien verdaderamente le afloja las corvas y va muy perfilado a la Presidencia Municipal, es Cruz Pérez Cuéllar.

Si decir que odia a Maru Campos es excesivo, no encontramos calificativos que le acomoden respecto al abanderado de Morena por la alcaldía; por cierto su compadre de pila bautismal, pero enfrentados irreconciliablemente en esta y cualquier vida futura.

Eventualmente Cruz puede convertirse en alcalde y de ahí no bajará la velocidad hasta ir por la gubernatura.

Tendrá todo el tiempo para cobrar cada uno de los múltiples agravios sufridos desde el poder público a manos de su impiadoso compadre.

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El domingo pasado jugó golf Javier Corral toda la mañana en el San Francisco Country Club de la ciudad de Chihuahua con su amigo, mecenas y todavía funcionario estatal “honorario”, Ismael Rodríguez , “El Chacho”, empresario de altos vuelos de la ciudad de Chihuahua, responsable, junto con Luis Felipe Siqueiros, Gustavo Elizondo y Sergio Madero, de la pesadilla que sufren los conductores juarenses en sus principales vialidades.

Sin ninguna empatía por asuntos familiares dominicales ni en cualquier día de la semana, el gobernador y su regañado amigo concluyeron la estancia en el green y se trasladaron a la residencia del segundo, en el exclusivo Fraccionamiento Cañadas, para pasar el resto del día.

El lunes estuvo Corral en Juárez para un par de eventos oficiales sin trascendencia, la reunión de “la coordinación de seguridad”, sin resultado alguno; y una conferencia de prensa, igual, sin mayor trascendencia.

Se tomó el martes. Se encerró buena parte del día en una de sus casas en Ciudad Juárez. El miércoles tuvo supuestas reuniones privadas de trabajo de las que no fueron enterados ni sus secretarios particulares. Y el jueves... el jueves transcurrió toda la mañana jugando tenis en Chihuahua.

Quienes lo vieron ingresar ya muy tarde a Palacio soltaron en tono de broma que aplicó la frase estilo cenicienta: vámonos a Palacio, ya van a ser las 12 y se me convierte la blindada (Suburban) en calabaza.

El gobernador y su comitiva de escoltas y amigos fueron vistos en un fraccionamiento exclusivo. Un sector de la ciudad conocido como El Herradero. El juego fue en cancha de la casa del empresario Álvaro Hernández. Tuvieron como equipo, y “reta”, a los funcionarios de medio pelo pero amigos del mandatario, Pablo Mendoza y el concuño Alejandro Silva.

Reapareció en actividades públicas de gobierno hasta casi el cierre de la semana, el viernes.

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No son pocos los que observan hondamente preocupado a Javier Corral por la inminente derrota de todos sus planes la primer semana de junio próximo.

Quedó imposibilitado de recomponer las cosas al menos al interior de su partido, el PAN, pierda o gane Maru. Después de la jornada electoral quedará convertido en un paria solicitando asilo con Dante Delgado y su MC, Morena, o inclusive en los Estados Unidos.

Finalmente le podrá servir de algo su nacionalidad norteamericana, pero tendría que irse solo. No le seguirán ni sus mascotas.

La descripción de su última agenda semanal ofrece una explicación meridiana sobre la falta de resultados no únicamente en materia de gobierno, aunque al final del día una cosa lleve a la otra, sino en su proyección política.

Francamente imposible era que a estas fechas alcanzara sus objetivos trazados en su mente cuando físicamente ha sido un contumaz enemigo de la talacha. Ni paseando en la flotilla aérea, ni pedaleando la bici, ni jugando golf o tenis; ni desapareciéndose hasta semanas enteras de sus labores le caería del cielo la gubernatura para cualquiera de sus delfines... o diputaciones, o alcaldías.

Ese veinte le ha empezado a caer hasta ahora, de ahí que con frenético apuro busque del Congreso del Estado las autorizaciones presupuestales correspondientes para seguir contando con escoltas pagados por el presupuesto público cuando deje la gubernatura, la primer semana de septiembre próximo.

Ha cosechado al final de su mandato, eso sí para todo el resto de su vida, muchas tempestades. Sus últimos preparativos de salida transpiran miedo aunque sean disfrazados por estribillos justicieros. Es la consecuencia de los vientos sembrados.