Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

La fidelidad con uno mismo en la búsqueda de la contribución a la construcción de la cultura de la paz

Ahora bien, como ya te compartía anteriormente, esta fuerte tendencia natural de lo humano hacia la fraternidad, permanece siempre, en situaciones favorables y en situaciones adversas

Mtro. Alberto José Segrera Tapia

lunes, 11 octubre 2021 | 06:00

Querido lector, querida lectora,

Ahora bien, como ya te compartía anteriormente, esta fuerte tendencia natural de lo humano hacia la fraternidad, permanece siempre, en situaciones favorables y en situaciones adversas y, dado que –como ya se planteó anteriormente–, siempre podemos elegir quiénes queremos estar siendo, de nosotros depende cómo procedemos para con nosotros mismos y para los demás, en ambos tipos de situación. Generalmente, cuando la situación es “favorable” nos es menos difícil ser presencia humanizante para nosotros mismos y para los demás, sin embargo, cuando la situación es “adversa”, precisamente porque hay algo que está obstaculizando nuestro fluir natural, quizá nos es más difícil permanecer fieles a nuestra tendencia fraterna, sin embargo, en esos momentos, contamos con esa fuerza natural a nuestro favor para mantenernos fieles a nosotros mismos. Y, además, si el abordaje de la situación adversa no intentamos llevarlo a cabo de manera exclusivamente individual –con lo cual estaríamos en muchas ocasiones luchando personalmente contra una gran marea–, sino que buscamos a quienes desean permanecer también fieles a sí mismos e, identificándolos, les invitamos a sumar esfuerzos juntos, es un hecho que lograremos mucho más que lo que hubiéramos podido conseguir intentándolo personalmente. Y, mientras más personas que estamos en la misma búsqueda sumemos esfuerzos, mayor será el logro alcanzado. Estaremos pues impulsando la tendencia natural humana grupal. Evidentemente esto no significa que no se requiera mucho esfuerzo ni que habrá resbalones e incluso caídas, pero en la medida en la que juntos y juntas nos unamos (nos reunamos, ahí donde hemos debilitado nuestro vínculo original al cual estamos llamados), más podremos recuperar la armonía quizá perdida y entregarnos, cada vez más, a recuperar una vida armónica, lo cual implica que sea necesariamente buena para todos.

Cabe señalar que nuestra presencia en el mundo es o preponderantemente humanizante o preponderantemente deshumanizante. Nuestra presencia no es ni puede ser neutra. Incluso cuando no actuamos, estamos sumándonos a la presencia deshumanizante y en el fondo lo sabemos y vivimos nuestro propio reclamo interior por nuestra triste omisión.

Sin embargo, en esta intencionalidad, nos enfrentamos con que, al desear entregarnos a ella, en muchas ocasiones nos encontramos en nuestro interior con resentimientos, dolores, heridas… que debilitan, arriesgan o incluso obstaculizan de una u otra manera nuestra entrega a la recuperación de armonía. Resulta pues evidente que corresponde no ignorar la presencia de estos factores que nos estorban en nuestra fidelidad con nosotros mismos (y con los demás). Tampoco es conveniente minimizarlos. Ante estos elementos corresponde identificarlos cariñosamente, valorarlos y procesarlos de manera humanizante para uno mismo y para los demás. Incluso los más profundos rencores, incluso aquellos que están profundamente fundamentados debido a la magnitud del daño que recibimos, es posible abordarlos de tal manera que dejen, paulatina y progresivamente, de dañarnos. Esto implica llorar todo aquello que se haya almacenado, permitir el libre fluir de las lágrimas que hemos acumulado, a veces durante mucho tiempo… sin forzarlas a salir ni impedirles su fluir. Y ello siempre es menos difícil si lo hacemos con quienes queremos y que nos quieren. ¿Cuánto tiempo requiere este proceso?, el que se necesite para permitir (se) fluir todo el llanto, enojo, furia acumulados… no hay referentes externos, el indicador incuestionable es que nos vamos sintiendo cada vez más “liberados” y, por lo tanto, cada vez menos incómodos existencialmente.

Por espacio de la edición, este artículo se publicará en varias partes.

------------------------------------------------

Cultura por la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez;  el Comité de Pacificación  y Bienestar Social (Copabis), y el Centro Familiar para  la Integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

close
search