Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

La fidelidad con uno mismo en la búsqueda de la contribución a la construcción de la cultura de la paz

Departamento de Reflexión Interdisciplinaria Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Mtro. Alberto José Segrera Tapia

lunes, 04 octubre 2021 | 06:00

Querido lector, querida lectora,

Quizá a esta altura de la lectura de lo que te vengo ofreciendo podrás ya deducir qué tiene que ver todo lo anterior con la invitación a la “construcción de la cultura de la paz”. Al preguntarnos a nosotros mismos con respecto a lo que nos es propiamente humano –mediante un profundo, honesto y cariñoso acercamiento a lo más profundo de nuestro ser–, considero que parte sustantiva de esta pregunta estriba en cuestionarnos si al vincularnos con nuestra esencia encontramos que ella tiende naturalmente hacia el encuentro cariñoso con los demás o si por el contrario al conectar con nuestro centro nos sentimos impulsados a dañar al otro, a lastimarlo, a agredirlo (y aquí no me estoy refiriendo indudablemente al sentimiento que me surge ante quien previamente me dañó, del cual hablaré más adelante, sino a mi tendencia central original para con los seres humanos). Te comparto que cuando conecto con mi núcleo lo que encuentro es que mi tendencia humana es eminentemente fraterna. 

Me vivo impulsado a encontrarme cariñosamente con el otro y evidentemente este no es un impulso exclusivamente mío ni de unos cuantos seres humanos, sino que es común a toda nuestra querida especie, incluso en aquellos aspectos y ámbitos en los que más hemos desarmonizado este impulso hacia el encuentro y el cuidado del otro, junto con el encuentro y el cuidado de mí mismo. Este impulso permanece siempre palpitante en nuestro interior y de nosotros depende si le damos cauce o le obstaculizamos su fluir, en cuyo caso, de todas maneras, el impulso fraterno permanece presionando y reclamándonos que no le estamos permitiendo ser (que no nos estamos permitiendo ser). La prueba de ello es que cuando no nos dejamos alentar por nuestro impulso fraterno (¿“amor”…?), aunque vivamos alguna aparente satisfacción superflua, en el fondo nos sentimos intranquilos, incómodos, tristes, molestos, sin poder “escapar” de dicha sensación, indicador de que nos hemos desarmonizado por elegir traicionar nuestra esencia, es decir, traicionarnos a nosotros mismos.

Ahora bien, esta fidelidad existencial con uno mismo no es un tema de “blanco o negro” como si fuéramos totalmente fieles o totalmente infieles con nosotros mismos, de manera estática, sino que, de forma acorde con la naturaleza de lo humano, que es siempre proceso y, por lo tanto, siempre dinámica, el ámbito de la fidelidad se refiere a “hacia dónde estamos caminando” en nuestra vida, es decir, el cuestionamiento no se presenta en términos de “soy fiel o infiel conmigo mismo” sino de “estoy siendo fiel o infiel conmigo mismo”. Ahora bien, si elijo estar siendo fiel esto significa necesariamente que estoy siendo cada vez más fiel, dado que soy un ser en constante crecimiento, por lo que mi “fidelidad” no puede ser nunca un fin alcanzado ante el cual me puedo sentar a descansar, sino que, por el contario, siempre puedo seguir creciendo en ello, tanto cuanto yo quiera seguir haciéndolo.

Por otro lado, si descubro que estoy tendiendo a comportarme de manera preponderantemente infiel con mi naturaleza humana, sé que siempre puedo reencauzar el rumbo para recuperarme y rearmonizarme, ahí donde me desarmonicé.

Un indicador de que estoy siendo fiel a mí mismo es que me estoy sintiendo profundamente satisfecho conmigo mismo, en plenitud, aun en situaciones adversas, estoy “contento” con aquello que estoy eligiendo vivir, lo cual, recordemos, tiene que ver necesariamente con elegir aquello que mejor me beneficia a mí y beneficia a los demás de manera irrenunciablemente simultánea.

Por espacio en la edición, el artículo se publicará en varias partes.

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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