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Opinión

La cumbre de los tres amigos

Esta semana que acaba de concluir, tuvo lugar en la Ciudad de México la cumbre de líderes de Norteamérica, llamada por la prensa como 'La cumbre de los tres amigos' en clara referencia a la película de los 80

Sixto Duarte
Analista

domingo, 15 enero 2023 | 06:00

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Esta semana que acaba de concluir, tuvo lugar en la Ciudad de México la cumbre de líderes de Norteamérica, llamada por la prensa como “La cumbre de los tres amigos” en clara referencia a la película de los 80. El presidente de Estados Unidos Joe Biden, así como el primer ministro canadiense Justin Trudeau, viajaron a la Ciudad de México para este encuentro con el presidente López Obrador.

Este encuentro viene a liberar tensión a la relación con los dos vecinos del Norte, en virtud que la relación con ambos países no ha pasado por su mejor momento desde que López Obrador asumió el poder. Irónicamente, parecería que López Obrador prefería mantener interlocución con el expresidente Donald Trump, quien por cierto nunca visitó México en su calidad de presidente.

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La tensión entre México y sus dos principales socios comerciales se dio a raíz del intento del presidente López Obrador de nacionalizar (fácticamente) la industria eléctrica, misma que en México cuenta con enormes montos invertidos por parte de empresas norteamericanas y canadienses.

Días antes de la reunión, trascendió en las redes sociales un video de una entrevista del primer ministro Justin Trudeau en donde dice que, tanto Joe Biden como él le harían entender al presidente López Obrador la importancia de respetar las reglas del TLCAN (así le llamó, y no USMCA, como ahora se le conoce) en materia energética. En pocas palabras, respetar las reglas del juego a los inversionistas canadienses y norteamericanos quienes han invertido millones en infraestructura energética en el país. Dicho video circuló en varias plataformas, evidenciando la tensión que se vivía con México, al menos en ese rubro.

El presidente Joe Biden visitó El Paso, Texas, el domingo 8 de enero de 2023 para conocer de cerca la crisis migratoria, y verificar un punto de internación a Estados Unidos. Desde El Paso, el presidente Joe Biden voló a la Ciudad de México ese mismo día para su encuentro con López Obrador.

Por semanas, el presidente estuvo mencionando que le pedía a los líderes de Estados Unidos y Canadá aterrizar a su llegada en el Aeropuerto ‘Internacional’ Felipe Ángeles. Canadá expresó que no sería posible, sin embargo, al final, ambos gobernantes aterrizaron en dicho aeropuerto.

Esta era una manera del presidente López Obrador de enviar un mensaje a México, para convencer a la mayoría de las ‘bondades’ del aeropuerto de Santa Lucía. Resultó que el día que Joe Biden llegó a México al AIFA, a pesar de contar con un convoy de vehículos que le iban abriendo paso y cerrando las calles por donde pasaba, hizo cerca de una hora con diez minutos desde dicho aeropuerto hasta su hotel en la zona de Polanco en la Ciudad de México. Es decir, para el hombre más poderoso del mundo, por quien cierran calles y le habilitan toda clase de vehículos para abrirle paso, tomó todo ese tiempo. Podemos concluir que para el ciudadano promedio, el tiempo es muy superior, confirmando así la poca viabilidad de ese proyecto aeroportuario.

Curiosamente, en cuanto el presidente Biden aterrizó en el aeropuerto de Santa Lucía, el avión se dirigió al aeropuerto de la Ciudad de México desde donde regresó a Washington tres días después. En pocas palabras, el presidente López Obrador tuvo que convencer a dos de los más poderosos líderes del mundo para que aterrizaran en dicho aeropuerto para enviar un mensaje a la sociedad mexicana. En pocas palabras, quemó la pólvora en diablitos, haciendo politiquería con el tema. A cambio de ello, México se comprometió a recibir a más de treinta mil migrantes al mes, para reducir a Estados Unidos la carga de tenerlos en su territorio. Un precio un poco alto a cambio de que aterrizaran en esa base aérea militar.

A pesar de ello, dicho aeropuerto sigue sin ser certificado por la autoridad aeronáutica norteamericana, por lo que ninguna línea aérea de ese país puede viajar a ese destino. Igualmente, México sigue manteniendo una baja calificación aérea respecto a dichas autoridades, impidiendo a las aerolíneas mexicanas abrir más destinos en Estados Unidos.

En relación con el contenido de dicha cumbre, parecería que todos los encuentros versan siempre sobre los mismos problemas comunes entre los tres países. En este caso, se instaló un comité para ‘sustituir’ importaciones. Es evidente que dicho comité tiene por objeto frenar el avasallador avance de China en el mercado global, y del cual no escapan ni Estados Unidos, ni Canadá.

En el mismo sentido, uno de los temas que más interesa a Estados Unidos es frenar la migración. México se había comprometido anteriormente a recibir treinta mil migrantes al mes, para que no tuvieran que esperar en Estados Unidos la resolución de su estatus migratorio. México se comprometió además a desarrollar un sistema de asistencia a personas refugiadas, que incluya trabajo y seguridad social. A cambio, solicitó al presidente Biden su intermediación con el Congreso americano para que regularice a más de doce millones de mexicanos indocumentados que viven en Estados Unidos. Se antoja que dicho plan se cristalice por la polarización que existe en el Congreso de Estados Unidos.

El tráfico de armas, y el combate a las drogas fueron otro de los temas, que parecerían interesar principalmente a México y a Estados Unidos. México llegó a la reunión con la reciente noticia de la captura de Ovidio Guzmán, por lo que pudo argumentar estar combatiendo al crimen organizado.

 

Al final, estimo que el encuentro le favorece a López Obrador, al menos en su ‘mercado’ electoral en México, que es el que verdaderamente le importa. De ser un presidente que no acude a ningún foro internacional, que ha viajado únicamente tres veces al exterior (dos veces a Estados Unidos y una a Centroamérica) y que desdeña cualquier foro exterior (enviando al Canciller a dichos encuentros), López Obrador tuvo la posibilidad de codearse con los líderes de Estados Unidos y Canadá en México. El mensaje que sus apologistas han tratado de transmitir es que los tres países estamos en el mismo nivel, a pesar de las evidentes asimetrías entre México y sus vecinos.

El encuentro le dio ocasión al presidente López Obrador de mostrarse como un buen anfitrión. Circularon diversas fotografías en redes sociales de los tres líderes con sus esposas en un elevador antiguo de Palacio Nacional, en un ambiente de aparente camaradería. Igualmente, circularon diversos videos del primer ministro Trudeau llegando y saliendo de Palacio Nacional siendo recibido con bromas por López Obrador y despedido de manera emotiva.

El contenido de la cumbre, tal como lo referí, parece ser un refrito de lo que ocurre cada año en esa cumbre. Sin embargo, creo que llega en buen momento para López Obrador pues parecería que México tiene un lugar en el concierto de las naciones, lugar donde México dejó de ser relevante hace muchos años.

Repitiendo lo que el mismo López Obrador expresó en campaña, en el sentido de que la mejor política exterior es una buena política interior (frase que critiqué recurrentemente) creo que al final el tiempo le ha dado la razón. En la medida que México no atienda sus problemas internos (especialmente el de seguridad), la participación de México en esta clase de encuentros estará siempre manchada, pues nadie quiere tener un vecino problemático. No basta repartir culpas a los vecinos, ni culparlos por el subdesarrollo del hemisferio sur. México tiene que atender sus problemas internos para entonces sí, ser tomado con seriedad por otras potencias. A pesar de ello, creo que la cumbre fue un éxito político para el gobierno.

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