Opinión

La corrección política (I)

En días recientes, HBO determinó que no transmitiría más la película 'Lo que el viento se llevó' porque, a su criterio, se perpetuaban prejuicios raciales

Sixto Duarte
Analista

miércoles, 24 junio 2020 | 06:00

Uno de los libros que más disfruté leer durante el 2019 fue “Cuando la sociedad es el tirano”, una compilación de todos los artículos del magnífico escritor español Javier Marías, publicados en el diario español El País durante los últimos 18 meses. Dicho libro lo recomiendo cada vez que puedo. Incluso, en este mismo espacio (“El violador eres tú”, 10 de diciembre de 2019), ya había hecho referencia a un artículo contenido en él.

En este libro, Marías a través de sus diversos artículos, critica de manera muy puntual y ácida la forma en que la sociedad se ha ido volviendo más intolerante a la diversidad de opiniones, tratando de imponer el modelo de pensamiento único, en donde se exige ortodoxia y sumisión hacia la opinión mayoritaria. Marías retrata muy bien lo que ha sucedido en los últimos años. En caso de disenso a la opinión mayoritaria (y políticamente correcta), la turba (ahora comunicada a través de las redes sociales) se erigirá como el Tribunal del Santo Oficio, determinará lo que es correcto, condenará aquellos pensamientos que no se ajusten a dicha narrativa, y dictará sanciones que pueden ir desde un simple linchamiento en las redes sociales, hasta convocar a un boicot para hacer quebrar determinado negocio.

En el mismo sentido, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, publicó hace un par de años, igualmente en El País, sendos artículos titulados “Nuevas Inquisiciones” donde reflexiona hasta dónde hemos llegado en la ejecución de lo que se estima políticamente correcto.

Entiendo que en la época del oscurantismo, fuera válido censurar a aquellos que difundieran ideas que no era acordes con la imposición del pensamiento único dictado por la Iglesia; a Galileo Galilei casi le cuesta la vida afirmar que la tierra giraba alrededor del sol. Entiendo que en regímenes teocráticos de la actualidad (Irán, el régimen Talibán, entre otros) se censure todo aquello que se estime censurable por quienes detentan el poder. Entiendo que la censura exista en dictaduras como Cuba, Venezuela o Corea del Norte, pues una característica precisamente de estos regímenes es el control de la información, y los lineamientos a que debe someterse incluso lo que muchos llaman la libertad artística.

Lo que no entiendo es cómo en pleno siglo XXI, en occidente, se esté dando marcha atrás a las conquistas logradas durante la Ilustración, la Revolución Francesa, y todos los movimientos libertarios emprendidos en las distintas latitudes occidentales en los últimos trescientos años, para dar paso a una nueva Edad Media, en donde la gente ya no puede expresarse de forma libre. Este retroceso no se está impulsando desde el poder, sino desde la misma sociedad que se siente ofendida, muchas veces por nimiedades. No hay nada más sagrado que la libertad, incluyendo la de expresarse y disentir, misma que no debe ser moldeada para que nadie se siente ofendido. En un Estado que garantiza dicha libertad, la de expresarse, la audiencia tiene derecho o no a consumir determinados productos, sean literarios, cinematográficos, o televisivos.

Durante años, las películas, series, programas de televisión, libros, entre otras expresiones culturales, explotaron diversos estereotipos. En gran medida, el humor está basado en ello. Todos recordamos a Chespirito, junto con diversos personajes como el Chavo del 8. En la actualidad, y con esta ‘modita’ de ofenderse por todo, es impensable que alguien pudiera reírse de un niño gordo como lo era Ñoño, o el Señor Barriga. Chespirito no pudiera haber tenido éxito alguno si hubiera sido producido en esta época de profunda fragilidad.

Vemos también que en días recientes, HBO determinó que no transmitiría más la película “Lo que el viento se llevó” porque, a su criterio, se perpetuaban prejuicios raciales. Una película filmada en 1939, que retrataba la época de la Guerra Civil en Estados Unidos, es ahora sometida a la fragilidad de la opinión contemporánea. Como si con ello, se pudiera borrar la historia, tanto del siglo XIX (la época en que se sitúa la trama), como del siglo XX (la época en que fue filmada dicha película). Posteriormente, HBO salió a decir que colocaría una advertencia al inicio de dicha película para concientizar a la audiencia sobre dichas épocas.

Observamos que Quaker Oats, filial de PepsiCo, determinó retirar del mercado la marca “Aunt Jemima” porque dicha imagen estaba basada en estereotipos racistas. En lo personal, no percibí que hubiera habido alguna molestia por parte de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.   Sin embargo, la empresa optó por tomar esta decisión. En esa lógica, deberían estar en la mira el Capitán Crunch o el Tigre Toño, si seguimos en este espiral de frivolidades ‘buenaondita’.