Opinión

La CFE electrocuta

Para Chihuahua el potencial dañino es enorme. La industria demanda cada vez más energía eléctrica. A precios competitivos, y amigable con la naturaleza

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 08 octubre 2021 | 06:00

La reciente propuesta de reforma al sector energético ha llevado a inversionistas, ambientalistas, desarrolladores urbanos, analistas económicos, políticos, y, en cuanto se den cuenta del fondo, hasta amas de casa, derecho a la inequívoca conclusión de que al presidente se le andan quemando los fusibles. 

No hay duda de que el debate sobre esta iniciativa va a generar pronto discusiones de alto voltaje. En síntesis, el presidente dice que una empresa como la CFE, que tiene asegurada la venta de su producto que es la energía eléctrica que todos consumimos, puede generar ganancias enormes que es mejor que vayan al gobierno y no a unos pocos ricos que se la quedan en su beneficio personal. 

El problema es que en el orden práctico no ha ocurrido así en México ni en ninguna parte del mundo en que este ha sido el modelo de la economía. Por años, hasta entrada la década de los 80, el gobierno fue dueño de telefonía, líneas de aviación, cines, revistas, y cuanta cosa se le ocurría. Y Las ganancias siempre fueron a unos pocos, burócratas amigos de los funcionarios de alto rango. Además, las empresas nunca le dieron ganancias al gobierno para que las distribuyera a la gente, ofrecían productos malos y caros, pérdidas que pagamos todos, y finalmente tuvieron que cerrarlas. 

La CFE ha sido una de esas pocas últimas empresas del gobierno (hay quien dice del estado, pero es una discusión aparte, y sostengo que es falso), que se ha resistido a seguir ese camino, y ha actuado como monopolio. Además, gigantesca y difícil de administrar. En los años relativamente recientes, comenzó a tener competencia. Comenzaron a haber nuevas tecnologías que facilitar la generación de energía eléctrica. Y surgieron esquemas llamados de “autoabasto”, es decir una empresa pone su propia planta, más o menos pequeña, de generación de energía. Básicamente conseguía tener una fuente segura de abasto y por otro lado un mucho mejor precio. Aquí uno de los primero debates: AMLO dice que eso se traducía en ganancias a sus bolsillos y otros dirían que eso permite ofrecer precios competitivos en beneficio de la gente. Y lo más probable es que al final sea una combinación de ambas en diferente medida. 

Luego vino la reforma al sector de Peña Nieto, que básicamente dijo que ahora ya no solo CFE vende, sino que se iría creando todo un “mercado eléctrico”, es decir, diferentes productores ponían sus plantas, y la energía se iría comprando a quien ofreciera mejor precio. No estamos hablando de un panel solar residencial, sino de plantas gigantes, con tecnología moderna, amigables con el medio ambiente, que cuestan miles de millones de dólares y abastecen las necesidades de cientos de miles de personas e industrias. Al amparo de esas reformas se hicieron esas inversiones. El resultado: algunas de esas plantas, en concursos competitivos, han ofrecido energía hasta a 16 centavos por kilowatt, cuando hoy el servicio doméstico cuesta entre 80 centavos y un peso, y la tarifa de alumbrado público es de 3.80 pesos. 

Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Resulta que la pretendida reforma quiere dos cosas: eliminar el autoabasto, y que la prioridad de compra no sea a las plantas que la venden más baratas, sino que primero se deberá comprar la energía que genere CFE y después a los privados. Aun cuando la de CFE sea más cara y provenga en su mayoría de plantas que aún usan energía contaminante como el carbón. 

Así en resumen esa es la situación.  Por ello quienes evalúan la situación crediticia amenazan con bajar la calificación de México, lo que va a tener como consecuencia que aumentará el costo de nuestra deuda, va a frenar y ahuyentar inversiones, y va a frenar el crecimiento económico.  

Para Chihuahua el potencial dañino es enorme. La industria demanda cada vez más energía eléctrica. A precios competitivos, y amigable con la naturaleza. La respuesta es que no habrá, solamente de la cara y contaminante. 

Y peor aún, va a evitar que se aproveche el enorme potencial de nuestra privilegiada ubicación geográfica, una de las dos mejores del mundo para generar energía solar. Un solo ejemplo. El municipio de Chihuahua paga a CFE más o menos 200 millones de pesos al año por energía para el alumbrado público. Si comprara una planta de energía solar, para autoabasto, y calculando transmisión, permisos, terrenos, en dos años se pagaría completa y le quedarían unos 12 años de vida útil, es decir, 12 años de energía gratis, que no contamina, y liberaría para la ciudad 200 millones de pesos anuales, suficientes para abatir el rezago de pavimentación, o para apoyar al consumo residencial. O a las inversiones productivas, o para lo que la gente quiera. 

No es menor el tema. El populismo está amenazando seriamente la viabilidad de México. Nos quieren electrocutar. 

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