Opinión

La candidatura del PAN (II)

En lo personal, estimo que el tiempo de Madero ya pasó. En 2010, Madero pudo haber enfrentado a César Duarte en la elección constitucional

Sixto Duarte
Analista

martes, 05 enero 2021 | 06:00

El 28 de enero de 2020, hace casi un año, escribí en este mismo espacio algunas reflexiones respecto a la candidatura del PAN a la gubernatura del Estado de Chihuahua. Las cosas no han cambiado mucho desde ese momento: la popularidad de la alcaldesa de la capital, María Eugenia Campos Galván, ha ido en aumento, aunque desde entonces encabezaba las encuestas; igualmente, Gustavo Madero sigue aspirando, aunque sin tener manera de competirle legítimamente a Campos.

Este domingo pasado, dio inicio la precampaña para elegir a quien será candidato (a) del PAN a la gubernatura. Si las cosas se resuelven por la vía democrática, es natural que Maru sea la candidata del PAN. Primeramente, porque encabeza todas las encuestas, internas y externas de Acción Nacional. Sería un error del PAN no postular a alguien que ha demostrado ser un imán de votos, y que aparece encima de Morena en prácticamente todos los sondeos. Es irónico que, a pesar del mal gobierno que ha hecho Javier Corral, el PAN tenga posibilidades reales de mantener la gubernatura. Esto sucedería únicamente en el caso de que fuera Maru la candidata, no así Madero.

En segundo término, la decisión ambigua del Tribunal Electoral de nombrar candidaturas a los gobiernos de los Estados, guardando el principio de paridad. Si bien no estoy de acuerdo con las razones expuestas (mismas que ya expuse también en este espacio), es un hecho que el PAN puede cumplir con este requisito, postulando una mujer en Chihuahua, quien además, es la mejor posicionada. Desestimar la candidatura de Maru, para meter a Madero, poniendo en riesgo la elección para Chihuahua, complicando el tablero político en alguna otra entidad donde sea un hombre quien aparezca mejor posicionado, es un lujo que no se puede dar el Comité Ejecutivo Nacional del PAN.

Por otro lado, Gustavo Madero representa la continuidad del proyecto político de Javier Corral. Madero ha dicho en repetidas ocasiones que él seguirá con “el legado” de Javier Corral, sin que se sepa a qué se refiere, pues a más de cuatro años de gobierno, Corral solamente ha rumiado fobias políticas. Un Estado sin obra, sin infraestructura, incapaz de enfrentar la pandemia, inseguro como nunca, y además, altamente endeudado, es un legado que creo que ningún ciudadano quisiera que continuara. Esa continuidad, la ofrece Gustavo Madero.

En lo personal, estimo que el tiempo de Madero ya pasó. En 2010, Madero pudo haber enfrentado a César Duarte en la elección constitucional, sin embargo, optó por quedarse en la comodidad del Senado, para posteriormente acceder al CEN del PAN, donde luego fue traicionado por Ricardo Anaya. En 2016, pudo haber enfrentado a Enrique Serrano (a quien seguramente hubiera vencido), pero también dejó pasar la oportunidad, misma que aprovechó Javier Corral.

Si el PAN quiere tener posibilidades reales de competir en 2021 en Chihuahua, debe dejar de lado a Madero y elegir a Maru como su candidata. No pasamos por alto la “espada de Damocles” que pende sobre Campos, al haber sido amenazada de forma pública y privada por el politburó corralista, de detenerla y vincularla a proceso, para descarrilarla de su aspiración. Sin embargo, quisiera saber quién es el juez que quisiera asumir (por lealtad corralista, pues es evidente que en Chihuahua existe persecución política) el reto de proceder en contra de quien probablemente sea la próxima gobernadora de la entidad. Por mucha sumisión que muchos de los juzgadores le deban al gobernante en turno, lo cierto es que no deben asumir conflictos políticos que no les incumben, pues ellos mismos se colocan en el peligro de estar mal con quien puede gobernar.

A estas alturas, parecería que al gobierno de Chihuahua le mojaron la pólvora que tenía preparada para Maru, pues con la exhibida que les dio hace algunas semanas, se quedaron sin elementos para proceder en su contra, sin que esto pareciera una verdadera persecución política.

Si de verdad quisieran procurar justicia, incluso con sus correligionarios, se pondrían a investigar a otro aspirante del PAN que quedó en el camino: Carlos Borruel. Borruel, con tanto escándalo de corrupción, violencia, tráfico de influencias, entre otras fechorías, sería un claro ejemplo de combate a la corrupción que tanto pregona el régimen de Corral.