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Opinión

La batalla de Encinas

El próximo miércoles muy probablemente vinculen a proceso al general José Rodríguez López, a quien el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, acusó de haber ordenado el asesinato de seis normalistas de Ayotzinapa

Raymundo Riva Palacio
Periodista

martes, 20 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- El próximo miércoles muy probablemente vinculen a proceso al general José Rodríguez López, a quien el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, acusó de haber ordenado el asesinato de seis normalistas de Ayotzinapa, de los 43 que habían sido detenidos por policías municipales de Iguala y entregados al grupo criminal Guerreros Unidos. La orden de aprehensión que se giró contra el general la semana pasada no tiene relación alguna con esta imputación de Encinas, pero le sirve mediática y políticamente para sembrar en el imaginario colectivo que su trabajo para encontrar la verdad en el crimen de los estudiantes la noche del 26 de septiembre de 2014, avanza en la dirección correcta.

Encinas ha trabajado en dos vías. Una es tratando de ajustar sus convicciones y creencias para involucrar al Ejército en la desaparición de los normalistas, violentando el debido proceso como se detalló en este espacio el lunes, y la otra es argumentar un “crimen de Estado”, para darle una salida política al Caso Ayotzinapa donde, por cuanto a la investigación, llegó al mismo punto que el gobierno de Enrique Peña Nieto con la verdad histórica: los jóvenes fueron asesinatos por Guerreros Unidos, con la colaboración de los policías municipales en Iguala. 

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Sólo la acusación contra el general y tres militares más aporta información novedosa.

El general Rodríguez López ha mantenido su inocencia desde el primer momento en que se vinculó públicamente al 27º Batallón de Infantería. “¿Cómo es posible que los participantes en el crimen estén libres?”, ha dicho el general refiriéndose al fallo de un juez del Primer Tribunal Colegiado en Reynosa que dejó en libertad en 2019 a dos decenas de matones de Guerreros Unidos, identificados plenamente la mayoría como actores en la desaparición de los normalistas.

Uno de ellos es quien lo acusó a él y a otros militares, y sobre el que construye Encinas su caso, Gildarlo López Astudillo, El Gil, jefe de plaza en Iguala cuando desaparecieron los normalistas, y señalado como uno de los responsables del crimen, que se volvió el testigo protegido “Juan”, meses después de ser puesto en libertad. El Gil es lo más fuerte que tiene para acusar a los militares.

El general Rodríguez López se ha quejado por las incongruencias de lo que se vive. “Yo soy señalado y todo el mundo sabe quién soy yo”, ha reiterado. “Pero soy inocente”. La declaración de inocencia de López Rodríguez no ha navegado sola a través de los años. Documentos del Ejército, como oficios, órdenes, la bitácora del 27º Batallón de Infantería del 26 al 27 de septiembre de 2014, las comunicaciones del C-4 en Iguala y las propias declaraciones de los implicados en las investigaciones previas, muestran una historia antagónica a la que ha presentado Encinas sobre la presunta participación del general y sus subalternos, en el crimen de los normalistas.

El subsecretario dio a conocer el Informe Preliminar sobre el Caso Ayotzinapa el 19 de agosto, que “en todo momento”, las autoridades federales, estatales y municipales tuvieron conocimiento de la movilización estudiantil desde su salida en la normal, en Tixtla, a unos 17 kilómetros de Chilpancingo, hasta su desaparición, por lo cual las acusó de omisiones que permitieron la desaparición y ejecución de los estudiantes. Encinas, cometió errores importantes, por ignorancia o dolo. El más notorio está relacionado con Julio César López Palotzin.

López Palotzin había sido infiltrado por el Ejército para reportar lo que sucedía dentro de la normal. Era un OBI, como denomina el Ejército al Órgano de Búsqueda de Información. Encinas aseguró que reportaba directamente al teniente de Infantería del 27º Batallón, Francisco Macías Barbosa, lo que es absolutamente falso. López Palotzin pertenecía, como admite Encinas en su informe, al 50º Batallón de Infantería, con sede en Chilpancingo, que era su sector de responsabilidad. Adscribirlo a otro mando le ayudó a su narrativa, pero no a la verdad.

Encinas aseguró que el último informe que envió López Palotzin fue a las 10 de la mañana del 26, y dijo que al no volverse a reportar no se activó el protocolo de búsqueda, que podría haber evitado el crimen contra él y “la desaparición y el asesinado de los estudiantes”. Pero no incluyó información fundamental: ¿cuántos reportes enviaba normalmente? ¿Había horas específicas en que se enviaran? Lo mismo ha hecho con otros elementos que dice haber investigado y que van a confrontarse seguramente con lo que plantee la defensa del general.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

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