Opinión

Jugada sucia

Se puede o no estar de acuerdo con un político, pero otra cosa es acusarlo de narcotraficante

Jorge Fernández Menéndez
Analista

sábado, 27 junio 2020 | 06:00

Ciudad de México.- Una de las cosas más políticamente indignas que he visto en los últimos tiempos es que un académico con ínfulas de periodista (escribir textos de opinión no convierte a nadie en periodista), como John Ackerman, para defenderse de las acusaciones sobre las propiedades acumuladas por él y su esposa, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, hubiera demandado la destitución del coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, y lo haya acusado de traidor, porque Ricardo cometió el gravísimo pecado de ofrecer una entrevista, en la que nunca criticó al presidente López Obrador y al periodista Carlos Loret (que fue quien denunció las propiedades de John e Irma).

Pero el ataque de los ultras de la 4T contra Monreal no se quedó ahí, recuperaron en redes acusaciones contra Monreal de 1998 (¿?) sobre su supuesta relación con el narcotráfico. Son falsas, es público, y lo sé porque me tocó ser protagonista en torno a aquellas acusaciones.

Comenzaba el año de 1998 y Monreal, entonces un duro legislador priista, no sería, como era su legítima aspiración, candidato a gobernador por su partido en Zacatecas. Cuando lo supo, rompió con el PRI y luego de un acuerdo con el presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador, se convirtió en candidato del sol azteca. Desde entonces la relación de Monreal y López Obrador ha sido, con altibajos, leal y sólida.

Hace 22 años, era un reportero mucho más joven, pregunté en el Gobierno federal encabezado entonces por el presidente Zedillo por qué Monreal no sería candidato del PRI, cuáles eran las causas de fondo. Se me dijo que era por una presunta relación de sus hermanos y otros familiares con el narcotráfico. Para reafirmar ese dato desde los más altos niveles del Gobierno federal se me hizo llegar un voluminoso expediente con documentación oficial sobre esas relaciones. Pregunté a las mismas muy altas fuentes si la información era publicable, se me dijo que sí y que era parte de una investigación en marcha que devendría en unos días más, hablamos de febrero de 1998, en una acusación formal contra esos familiares de Monreal que lo descalificarían como candidato.

La información fue publicada en esta columna, que entonces salía en El Financiero, y circuló profusamente, sobre todo en Zacatecas.

Pero nunca hubo una investigación. Las mismas fuentes que me habían entregado la información, semanas después me dijeron que no había acusación alguna contra Monreal o sus hermanos, que no tenía sustento la acusación que ellos mismos habían elaborado.

Me tocó estar en Zacatecas el día de la elección de gobernador en 1998, que ganó Monreal, y como entonces lo publiqué, sostuve que si desde esas muy altas fuentes gubernamentales se había distribuido esa información y luego desde allí mismo se la había desmentido, sólo existían dos opciones: la información era falsa y no estaba sustentada, o la investigación no había tenido otra intención de que el expriista no llegara a la gubernatura y, por lo tanto, fracasado el objetivo, había sido desechada.

De una u otra forma, si no había investigación, la acusación era falsa y Monreal (que no aparecía él mismo en la investigación, sino algunos hermanos y otros familiares) no era responsable de nada y todo había sido una manipulación fallida, en la que, tenía que reconocerlo, me habían utilizado. Lo escribí y lo dije en radio y en televisión, poco antes de las elecciones de 1998, el día de los comicios y la misma noche que Monreal ganó las elecciones, quien en un acto que siempre lo ha dignificado, me ofreció la única entrevista que concedió (yo trabajaba entonces en televisión y radio para MVS), donde hablamos de ese y otros temas.

Tuve oportunidad de platicar muchas veces del asunto con el propio Monreal, con quien hemos tenido a lo largo de los años puntos de vista comunes y diferencias, dirimidas con amistad y con un recíproco respeto personal y profesional. Pero siempre he pensado que aquella acusación, fuera de que hubiera algunas bases ciertas, no era más que una jugada sucia, como las que vemos cotidianamente en nuestra vida política. 

Once años después, en 2009, se volvió a utilizar, ahora desde el PRD, la misma información, con el condimento del decomiso de unas toneladas de mariguana en una bodega que era propiedad de uno de sus hermanos. Era la misma historia. Y eso volvió a suceder esta semana: una información que había sido empleada hace 22 años desde el gobierno para frenar su candidatura a gobernador, vuelve a ser utilizada, otra vez, para dirimir una lucha interna, primero en el PRD, y ahora en Morena.

Se puede o no estar de acuerdo con un político, pero otra cosa es acusarlo de narcotraficante. “Las pruebas” que exhibieron Ackerman and bots contra Monreal son las mismas de hace 22 (y luego once) años. Son falsas, es público. Se trata de una burda manipulación.