Opinión

Juárez y el mal llamado lenguaje incluyente

Lo considero fuera de lugar y simplista, demerita movimientos reales llenos de pasión, de trabajo y esfuerzo, lo que sí me gusta es respetar y que hagan respetar los derechos de los demás, que entendamos y protejamos a quien sea vulnerable o esté en desventaja

Marco Gallardo
Sociólogo

jueves, 09 septiembre 2021 | 06:00

En días pasados visité un centro comercial con la intención adquirir un protector de pantalla para el celular, al querer llamar la atención de la joven que atendía el quiosco de accesorios, le dije “amiga ¿me puedes ayudar?”, y volteó muy seria para comentarme “usted y yo no somos amigos”.

Lógicamente comencé a hacerme mil y una ideas de lo que debería de contestarle, de cómo creía yo que debería tratar a los clientes y si debía o no explicarle que solo fue una expresión o una forma de llamar su atención, pero me detuve un momento, respiré profundo y le pregunté “¿cómo te gusta que te llamen?”

“Me gusta que me llamen Martha, por eso porto mi gafete siempre, ese es mi nombre y me gusta, detesto que me digan señorita o 'mija', simplemente no me siento cómoda, se me hace viejo, lenguaje viejo”.

Hice mi compra sin entrar más en detalles y me retiré. Personalmente no soy partidario ni defensor del nuevo mal llamado lenguaje incluyente, donde, como un símbolo de identidad verbal o lingüística se llaman a sí mismos o a los demás, todes, nosotres, compañeres, como un supuesto movimiento social pasivo, restablecedor de derechos y respetos, en realidad para mi gasto es solo un capricho.

Un verdadero movimiento social debe tener un sentido social y humano, donde la vulnerabilidad del sujeto sea un motivo de alzar la voz, si existe iniquidad o maltrato, abandono o exclusión, que sean estos movimientos, promotores en la defensa contra la pobreza, la violencia, al abandono. 

Luchar por leyes, por prácticas, métodos y herramientas que generen valor y revalorización cultural, social y legal hacia mujeres, niños, adultos mayores, etnias, son verdaderos movimientos sociales, así como aquellos que con vehemencia, pelean por el derecho a la tierra y el uso del agua, por el respeto y conservación de áreas verdes y la defensa y cuidado de especies de flora y fauna, en fin verdaderos movimientos sociales. 

Ciudad Juárez es y ha sido cuna y caldo de cultivo de todo tipo de abusos y atropellos a los derechos humanos y ciudadanos por parte de gobernantes, grupos delictivos, crimen organizado y sujetos aislados, hemos vivido bajo el régimen de la violencia por varias décadas, forma parte de nuestra conciencia colectiva, vivir aquí si eres mujer, agreguemos de escasos recursos materiales y culturales, te hace blanco de otra pandemia más larga y más dolorosa: el feminicidio.

Resulta entonces lógico que existan en esta ciudad, más de 150 asociaciones civiles serias y vigentes en defensa de nuestra gente, entregando esperanza, no solo quieren defender a las mujeres y los niños quieren cambiar la ciudad, la vida, las formas, desde esta nuestra pequeña trinchera en ruinas.

Repruebo el mal llamado lenguaje incluyente, lo considero fuera de lugar y simplista, demerita movimientos reales llenos de pasión, de trabajo y esfuerzo, lo que sí me gusta es respetar y que hagan respetar los derechos de los demás, que entendamos y protejamos a quien sea vulnerable o esté en desventaja.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) indica que siete de cada 10 mexicanos con identidad de género u orientación sexual no tradicional, han pensado en el suicidio, por rechazo familiar, social y laboral, debemos respetar y ser incluyentes, pero no por ese camino. Por lo pronto esta nueva moda, no la para nadie, está pasando y se va a quedar un tiempo, mientras tanto, creo que mediar, preguntar, aceptar y negociar son la salida a los malos entendidos, una opción al conflicto y a la reproducción de la discriminación nueva y floreciente que está gestando posturas radicales de odio contra quien defiende este llamado lenguaje incluyente y quien no, cuando el debate debería ser, justamente eso, el deber de defender las causas sociales.

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