Opinión

Juárez: morir en el intento

El Municipio de Juárez, en su totalidad, está asfixiado por la inseguridad; además, está abierto en canal a imagen de un cuerpo doliente, así lo recibirán Maru Campos y Cruz Pérez Cuéllar

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 28 julio 2021 | 06:00

Las analogías son una buena manera de ayudarnos a comprender circunstancias que de entrada nos ofrecen cierta dificultad para aproximarnos a ellos. Así, aunque definitivamente su naturaleza es distinta, se ha dado por comparar a las ciudades con organismos vivos, específicamente con el cuerpo humano.

De ninguna manera nos es desconocida la complejidad del cuerpo humano; tampoco ignoramos que son varios los sistemas que lo conforman y la importancia que tienen los órganos para que todo funcione correctamente. De esta manera, si bien cada uno de los sistemas tiene una función específica, la suma de todos ellos son parte de un gran todo, y todos tienen relación entre sí o, al menos, con alguno de los demás componentes de ese gran todo. Sabemos también que cuando alguno de los sistemas o de sus órganos no funciona adecuadamente, empieza un proceso de desajuste, primero con los que se relaciona directamente y, poco a poco, a manera de un efecto dominó, se multiplicarán en el resto del organismo.

Nuestra ciudad está a punto del infarto, y todo empezó poco a poco, sin darnos mucha cuenta de lo grave que llegaría a ser porque el pulso tenía ligeras alteraciones y los síntomas, en aquel entonces, eran leves. Las circunstancias nos llevaron a optar por males menores porque creímos que era necesario resolver cuestiones urgentes. Unos caminaron más veloces mientras que la mayoría trataba de comprender la vorágine que nos sumía en la confusión.

Por un lado, creció de manera desproporcionada, a ganancia de unos cuantos, dejando vacíos a su interior; por otro, la creciente inseguridad, real o en casos argumentada, motivó el cierre de no pocas arterias –calles- que, al sumarse una a una, sobrecargó el sistema vial que hoy está en medio del colapso. Son, a manera de analogía, puntos inertes que obstruyen la irrigación, y como tales, a la larga, para el gran todo procuran rigidez, fatiga y ansiedad.

El centro del organismo, su corazón, está destrozado. Mucho le cuesta latir después de tantos supuestos arreglos, cirugías paliativas, que solo le han dejado cicatrices: hoy no se reconoce ni a sí mismo. Su vitalidad, solo plasmada en las imágenes del recuerdo, ha sido el discurso recurrente de maquillajes obscenos.

Ante una ciudad desarticulada y con sistemas sobrepasados, en la que contrastan las grandes áreas vacías: sobreoxigenadas, con las inertes separadas voluntariamente, será difícil encontrar en medio de las crisis los hilos conductores para estabilizar los síntomas y detener el avance de los daños de este cuerpo deforme que se niega a continuar enfermo. Hay cambios en los estilos de vida de todos, y cambios en los estilos de gobierno, que no pueden esperar.

En aras de articular y disminuir distancias físicas y sociales se apostó por un procedimiento que ha mostrado su éxito en contextos similares; lo han llevado a cabo quienes han sabido hacerlo. Hablo del sistema BRT. No se duda de la gravedad de los síntomas ¡es inminente la necesidad de un sistema de transporte digno y eficiente! Tampoco se niega la bondad de los fines, más los operadores encargados de esta cirugía, mayor desde todas sus aristas, han rebasado ya el límite del tiempo y recursos, el paciente está abierto en carne viva y ya no es posible dar marcha atrás. El intento ya los sobrepasó, de ello podemos darnos cuenta con solo las principales avenidas de nuestra ciudad.

El Municipio de Juárez, en su totalidad, está asfixiado por la inseguridad; además, está abierto en canal a imagen de un cuerpo doliente, así lo recibirán Maru Campos y Cruz Pérez Cuéllar. A seis y siete semanas de que tomen las riendas definitivamente tendrán que afrontar un problema heredado que ellos no eligieron: una ciudad colapsada que se aferra a la esperanza y que no quiere morir en el intento. 

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