Juárez bajo fuego; de nuevo

Hoy no podría abordar ningún otro tema más que el que se ha adueñado de todas las conversaciones entre juarenses...

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 10 noviembre 2019 | 06:00

Hoy no podría abordar ningún otro tema más que el que se ha adueñado de todas las conversaciones entre juarenses, en las mesas de restaurantes, en cafés, en bares, en oficinas, en escuelas, en negocios, en la calle: la seguridad y el temor creciente que se ha vivido en los recientes días. Es inevitable.

Sólo que ahora el término “bajo fuego” no es en sentido figurado, bajo alguna licencia literaria o periodística que indique que estamos a merced de disparos de arma de fuego, únicamente, sino que de manera literal, desde el martes pasado, se han incendiado más de 20 vehículos en esta ciudad, tanto camiones de transporte público y de personal, como de uso particular.

En las páginas de El Diario se publicó ayer la nota titulada: “Cuatro días de ataques a Juárez desde el Cereso”, misma en la que se consigna que “Por cuarto día consecutivo (al corte del viernes por la noche) hechos extraordinarios de violencia involucraron a la sociedad civil, con la quema de un vehículo particular y amenazas de bomba que provocaron la evacuación de cientos de personas en centros comerciales y escuelas”.

Indicando que “Desde el pasado martes suman 27 víctimas de homicidio doloso y 45 en lo que va del mes de noviembre, según el conteo de la Fiscalía Zona Norte”.

En dicha información periodística también se consigna la declaración que hiciera al respecto el fiscal general Zona Norte, Lic. Jorge Nava López: “Se ha tenido una racha violenta inusual desde el día 5 y 6 del mes de noviembre. Todo obedece a una dinámica de presión por parte de un grupo de delincuencia organizada, que ha realizado distintos actos violentos en la ciudad con el ánimo de distraer la atención de las autoridades ante el operativo que se realizaba el día 6 por la madrugada en el interior del centro penitenciario número 3 de Ciudad Juárez”.

Por su parte, en información publicada por El Diario de Chihuahua, el fiscal general del Estado, maestro César Augusto Peniche Espejel, informó que cuentan con órdenes de cateo y aprehensión contra ciertos objetivos que han sido identificados como los generadores de violencia durante los últimos días en Ciudad Juárez y que en las próximas horas se habrán de concretar.

En este sentido el fiscal general reiteró que los hechos violentos tienen que ver con el cateo que se realizó en el Cereso estatal número tres de aquella población, así como a los operativos que se realizan en las zonas de mayor conflicto en la ciudad.

Aseguró el funcionario que, una vez que se logren las detenciones, los hechos violentos tendrán una reducción considerable en esta frontera, así como también en la capital del estado, en dónde más de 20 personas han sido asesinadas en la presente semana.

En un video que circuló el pasado viernes Peniche pide a los chihuahuenses, a los juarenses, que no caigamos en la psicosis colectiva atendiendo y difundiendo mensajes alarmistas que se propagan por las redes sociales, de hecho pide que se evite la difusión de esos materiales, ya que sólo abonan a la intranquilidad y temor de la gente, no obstante reconoce que hay reacciones de grupos criminales que pueden poner en riesgo la tranquilidad y seguridad de la sociedad. Contradictorio el mensaje, pero al menos se reconoce la existencia de un problema serio.

Por su parte desde un día antes, el jueves, el presidente municipal Armando Cabada en conjunto con diversas autoridades estatales y federales, en una rueda de prensa dio a conocer lo que estaba ocurriendo: la realización de un operativo especial de revisión en el Cefereso #3 de Ciudad Juárez, en coordinación con autoridades federales, estatales y municipales, lo que habría traído como consecuencia la ola de violencia desatada por grupos criminales en reacción a dicho operativo.

A los juarenses no nos es ajeno este tipo de operativos. Vaya ni siquiera hay un precedente igual en la historia de nuestra ciudad, con todo y la época más dura de la criminalidad de 2008 a 2012, ni siquiera entonces.

Tanto a la autoridad estatal como a la municipal les han faltado los arrestos suficientes para señalar con toda claridad el origen real de toda esta violencia que vivimos hoy en la ciudad, para llamarle a las cosas como son, quizá por no incomodar al presidente López Obrador, o por no parecer políticamente incorrectos, vaya usted a saber, pero hay que decirlo.

El origen está en Culiacán. Sí, las causas las podemos encontrar en lo ocurrido ese aciago jueves 17 de octubre en la capital del estado de Sinaloa, cuando en un operativo fallido, mal planeado y peor ejecutado, elementos federales capturaron a Ovidio Guzmán pero, ante la oleada de violencia desatada por sicarios del Cártel de Sinaloa, se vieron en la necesidad de liberarlo, sí, por órdenes superiores los elementos policiacos dejaron ir al hijo de “El Chapo”, principal líder y fundador de uno de los carteles más temidos y poderosos de México y Latinoamérica.

Inédito en la historia de nuestro país. Un grupo criminal doblegando pública, incondicional y vergonzosamente al Estado mexicano. La fuerza de las armas, las balas y la violencia, poniendo de rodillas al imperio de la ley, de la justicia. Los “malos” derrotando a los “buenos”.  

Así de grave, así de trascendente. Y tampoco es que pequemos de inocentes ignorando que ese tipo de extorsiones, acuerdos extra legales o derrotas, no las hayan experimentado gobiernos anteriores, estoy seguro que sí y por decenas, pero al menos tenían el decoro y la inteligencia de hacerlo de modo que no pareciera una capitulación del gobierno, sino todo lo contrario, para que el mensaje enviado a la sociedad y al crimen organizado en general fuera el de un Estado de Derecho, de un imperio de la ley.

En Culiacán no ocurrió nada de eso. En Culiacán el Gobierno de López Obrador incumplió el mandato constitucional, dejando en libertad a quien se había ordenado aprehender para ser extraditado a EU, y se ordenó desde el más alto nivel cesar cualquier acción punitiva o coercitiva contra él y toda su gente, no obstante que ya habían asesinado a 14 personas, lesionado a otras 20, incendiado vehículos, y algunos otros delitos más. Nada de eso importó.  

Pero ¿qué tiene que ver Culiacán con Juárez? Ah, pues muy sencillo. Los que somos padres de familia, o hijos, comprenderemos mejor con el siguiente ejemplo.

Qué es lo que ocurre en un hogar cuando el papá y la mamá imponen reglas de conducta a los hijos que regularmente todos acatan, pero de pronto uno de ellos en particular comete una falta grave a la disciplina del hogar pero mediante berrinches y rabietas consigue que las sanciones a dichas faltas no se apliquen, que no se le apliquen a él. ¿Qué harán los demás hijos? Adivinó.

A partir de ese momento el caos reinará en esa casa ¿Por qué? Sencillo, porque se relajó la disciplina, porque se generó un mensaje de permisividad, lo que naturalmente llevará a que los demás hijos cometan faltas, ya incluso deliberadamente, y exijan no ser sancionados mediante presión moral y hasta física incluso.

Lo anterior es sólo un ejemplo hipotético ubicado en un hogar. Las cosas en un país y sus leyes son un poco más complicadas, o mejor dicho un mucho más complicadas. Pero en resumidas cuentas ahí germinó la semilla de lo que está ocurriendo en Ciudad Juárez y que, seguramente, veremos repetirse en otras ciudades y entidades del país.

Y cuando digo que “seguramente” veremos que se repita, no es un deseo, no es una premonición, ni quiero que así sea, pero ocurrirá porque en Culiacán el Gobierno federal abrió la puerta de un infierno que no se debió abrir jamás.

Nada sería más deseable para todos los mexicanos, y por supuesto para el mismo gobierno de López Obrador, que se rectifique el camino. Volver al Estado de Derecho, al respeto de las leyes y las instituciones. Aún estamos a tiempo, aún es posible retomar la senda correcta y con eso evitar un aquelarre de demonios que harán que el Infierno de Dante, parezca un cuento de hadas comparado con lo que pueda ocurrir en el país. Más nos vale.