Juárez, a sacudirse la polilla

Está más que probado, Ciudad Juárez es demasiado paquete para cualquier gobernador o presidente

Manuel Narváez
Analista
lunes, 15 abril 2019 | 06:00

Está más que probado, Ciudad Juárez es demasiado paquete para cualquier gobernador o presidente, y los juarenses son mucho pueblo para tan poco alcalde.

La ciudad más importante de la entidad federativa más grande del territorio nacional, vive tiempos funestos como consecuencia del desdén de sus gobernantes, ya sean de cualquier orden o manufactura partidista.

De los casi 37 años que llevo de adopción en Chihuahua, he sido testigo de cuanto presidente de la república, gobernador o alcaldes han desfilado en los cargos; salvo Francisco Villarreal, ningún gobernante ha estado a la altura de las circunstancias, mucho menos han sido congruentes con las promesas de campaña.

El despertar de los bravos del norte en aquel verano caliente del 86 fue sacrificado ese mismo año en nombre del fraude patriótico, mientras que la reedición del 92 resultó decepcionante.

Pese al desencanto de la alternancia estatal, se renovó la confianza para el cambio grande en el año 2000, pero se atascaron las velocidades. Con dos fracasos al hilo, hubo valor para apostarle a un michoacano, y téngale, gran parte del país y Chihuahua completito pagamos con sangre el destape de la cloaca.

Aquellos discursos encendidos de Barrio, Fox, Calderón, Patricio Martínez, Reyes Baeza, César Duarte, Galindo, Jesús Delgado, Héctor Murguía, Reyes Ferriz, Enrique Serrano y Enrique Peña Nieto, por un Juárez próspero, se quedaron en eso, en el discurso. Todos, sin excepción fallaron.

Ciudad Juárez pasó de ser una frontera pujante y con una economía vibrante gracias a su gente, nativos y migrantes, a ser una de las metrópolis más violentas del mundo y cuna de los feminicidios.

En un intento más por recuperar el prestigio de ciudad vanguardista, la generosidad de este pueblo trabajador depositó su confianza en Javier Corral, Armando Cabada y Andrés Manuel López Obrador, los tres con banderas partiditas distintas, pero con los mismos orígenes en un sistema político caduco y corrupto.

El ahora presidente de México solo usó el arranque de campaña para inspirar un juarismo que solamente existe en los libros de texto, pero que se asemeja a un gobierno conservador y centralista.

Por su lado, el gobernador pagó con el látigo de su desprecio el cobijo que le dio la ciudad de la que fue residente circunstancial, y el alcalde aprovecha el cargo para acrecentar el peculio familiar y alimentar el sueño guajiro de gobernar la entidad.

La cruda realidad de Juárez es reflejo del deterioro de las instituciones, el apetito voraz de quienes la han gobernado y escapado con los bolsillos repletos del dinero público, y la traición de una casta política local que se recicla para usarla como peldaño hacia la gubernatura, su obsesión.

Con los mismos actores políticos de los últimos 30 años en búsqueda de la gubernatura, ciudad Juárez difícilmente va a salir adelante. Sinceramente dudo que esta gente, los que tienen sus orígenes en el PAN o el PRI y se han mimetizado con Morena o disfrazado de “independientes”, así como los que sueñan con repetir aún con el lastre que representa el gobernador, vayan a ser factor de cambio.

La raza de Juárez es especial por chambeadora, generosa y no se arredra tan pelada. Será ese temple que los caracteriza y la memoria histórica que los distingue lo que puede hacer la diferencia para no caer de nueva cuenta en el garlito de una caterva de merolicos que los arrastró a esta situación tan deplorable.

Ya no se puede seguir experimentando ni apostarle a lo mismo. Está en juego la vida de cualquier ciudadano honrado que se la parte a diario para poner el sagrado alimento en la mesa. Solo es cuestión de informarse muy bien y eso comienza por revisar el expediente político de cada uno de los que ya piensan en la siguiente elección. ¿Qué hizo cada quien por Juárez?