Opinión

Juarenses en tiempo de crisis

Dicen las abuelas, con la sabiduría acumulada que les caracteriza, que para conocer a los verdaderos amigos...

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 29 marzo 2020 | 06:00

Dicen las abuelas, con la sabiduría acumulada que les caracteriza, que para conocer a los verdaderos amigos, la real naturaleza de las personas que nos rodean,  “los verdaderos amigos se conocen en la cárcel o en la cama”, refiriéndose, claro, a cuando vivimos situaciones extremas de crisis, la prisión o un hospital, lo que aplica a la perfección para los tiempos que vivimos.

Los tiempos difíciles por los que atravesamos en estos momentos en la ciudad, como resultado de la condición de emergencia por la pandemia del Covid-19, nos han mostrado que hay juarenses de primera, de segunda ¡y de quinta! Sí, lamentablemente los momentos de crisis hacen sacar lo mejor o lo peor de las personas de acuerdo con su educación, formación, valores y principios, porque ése no es un tema de clases sociales, sino de decencia, de bonhomía, de ser buenas personas.

Quizá, algunos de quienes lean este artículo me acusarán de malinchista, de amarillista, y de muchas otros calificativos, pero no podrán negar la razón total que me asiste ante la contundencia de los argumentos.

La pandemia del Covid-19 no es un problema exclusivo de nuestro país, ha afectado gravemente ya a más de 80 países en el mundo, pero sólo en México ha ocasionado problemas de otra naturaleza, distintos a la esencia de la emergencia sanitaria. Problemas que harán una crisis diferente que se sumará a la natural producto de la epidemia, agravando las ya de por sí precarias condiciones para la gente.

Independientemente de lo acertado, o no, de las medidas o acciones tomadas por las respectivas autoridades, con sus aciertos y sus fallas, en el mundo entero la gente ha tomado con  seriedad y responsabilidad la amenaza real que representa este nuevo virus, adoptando en consecuencia y congruencia una actitud reflexiva, de gran compromiso con los suyos, con familia, amigos y compañeros, acatando las medidas que haya que acatar y asumiendo conductas propias del momento extremo que se vive.

En cambio en México, y Juárez no es la excepción lamentablemente, hay personas –y debemos decirlo aunque a algunos no les guste, aunque les duela– que literalmente agandallan todo lo que pueden para garantizar un supuesto bienestar propio, aun por encima del bienestar general, olvidándose por completo que su bienestar depende directamente del bienestar colectivo.

En efecto así es. ¿Por qué el hombre de las cavernas entendió y aceptó que tenía que vivir en comunidad? ¿Por qué la sociedad, desde épocas muy remotas, se conformó como tal a partir de privilegiar el interés común antes que el individual? ¿Por qué surgieron las leyes que rigen la convivencia comunitaria? ¿Por qué nacieron conceptos como “sociedad”, “Estado”, “derecho”, “legalidad” y otros similares?

Muy simple, porque el colectivo es lo único que le garantiza al individuo su bienestar, su mejor estar, su seguridad, su fuerza, su identidad, y muchos otros conceptos similares que tienen que ver con una condición superior del individuo a partir del colectivo.

En esta crisis mundial de salud que vivimos hemos visto de todo. Casos dramáticos, muy dramáticos, de cómo muere la gente en la calle o en los hospitales, da igual, de cómo personas viven verdaderos calvarios en hospitales del primer mundo; hemos sido testigos virtuales de momentos tan difíciles como debe ser el que un médico tenga que decidir quién vive o quién muere porque, el lugar donde trabaja, no tiene los espacios ni el equipo suficiente para brindarle atención a todos los que la requieren…

Pero en ningún lugar del mundo, hasta este momento, se ha dado la situación de personas que atracan tiendas de autoservicio o conveniencia, sí, que roban descaradamente so pretexto de la epidemia, o de comerciantes voraces que suben precios de forma indiscriminada. Eso, sólo en México. Tristemente.

Sólo los mexicanos parecemos capaces de aplastar al prójimo solo para estar mejor nosotros, ignorando por completo que, el malestar de otros, tarde que temprano, se convertirá en el malestar propio.

Es alarmante y sorprendente ver en tiendas de autoservicio, de cadenas nacionales o hasta internacionales, anaqueles completamente vacíos de productos. Leche, huevo, sopas, papel higiénico, frijoles, arroz, cloro, gel antibacterial, alcohol, o bien, observar incrementos de precios hasta de un 500 por ciento en algunos de esos mismo productos ¿qué pasa por nuestras mentes?

Sí, es cierto, vivimos una situación de emergencia, un momento crítico, pero nadie nos está pidiendo que nos preparemos para una tercera guerra mundial, aprovisionándonos de toda clase de víveres e insumos para sobrevivir a un largo encierro. Nadie lo pide. Ni son las condiciones actuales.

Los juarenses que están haciendo compras de pánico lo único que están generando es una desproporcionada elevación de la demanda, y eso, de manera natural, incrementa los costos de todo ¿es tan difícil comprender eso? Nosotros lo estamos provocando y nosotros estamos sufriendo las consecuencias.

Una curva grande en la demanda del huevo o del alcohol, por ejemplo, solo provoca escasez y la escasez provoca elevación del precio, pero además provoca que muy pocos concentren esos artículos y que muchos más no los tengan, ocasionando con ello un grave desequilibrio que, tarde que temprano, terminará afectándonos a todos.

¿Qué es exactamente lo que han pedido las autoridades de salud? Han pedido específicamente que, quienes puedan permanecer en sus casas lo hagan, no han dicho que es obligatorio que todos lo hagan. Han dicho que, quienes deban salir por motivos de fuerza mayor, tomen todas las medidas de higiene y sanidad necesarias. Lavarse las manos constantemente, no estar en lugares muy concurridos, guardar una sana distancia con las demás personas (un metro y medio), no saludar de mano, beso o abrazo, toser o estornudar en el pliegue interno del codo así como no tocar superficies de mesas, escritorios, puertas y otras similares. Eso es lo que han pedido.

Veamos. En un hogar común, hogar promedio de Juárez, de cuatro personas supongamos que dos pueden quedarse en casa sin salir, y otras dos tienen que hacerlo. Se extreman las medidas sanitarias desinfectando en el hogar todas las superficies, quienes salen cumplen el protocolo establecido en la calle y cuando regresan a casa se “desinfectan” lo mejor posible, pero siguen saliendo. En cada hogar habrá siempre quien pueda salir con la periodicidad necesaria a hacer las compras necesarias del mandado o despensa, entonces ¿para qué comprar artículos para una cuarentena? ¿Qué necesidad real hay de aprovisionarse como para una guerra?

China, el país en donde inició la pandemia, ya la controló. Hoy los chinos reportan cero casos nuevos de coronavirus. En aproximadamente dos meses ellos controlaron la situación, y allá en China no hubo compras de pánico, ni escasez de productos básicos, ni en Italia, ni en España, que han sido de los países más afectados por el coronavirus ¿Por qué en México sí? Por los mexicanos. Tristemente.

En Ciudad Juárez, hoy, no se puede comprar un frasco de gel antibacterial, un litro de cloro, o un paquete de cubrebocas ¿por qué? Porque somos mexicanos y esa condición nos hace abusones, contrarios, indolentes, egoístas, soberbios, y creemos que estando bien nosotros en lo individual el mundo puede rodar. Absurdo y utilitario pensamiento que nos hace creer que, estando bien nosotros, no importa como estén los demás.

De nada me va a servir a mí, en lo individual, tener la alacena llena de víveres y el cuarto de limpieza atestado de cloro y productos desinfectantes, si mi vecino no los tiene, y precisamente por esa carencia él se va a infectar del virus y lo traerá ahí, justo a un lado de mi casa, y terminará infectándome a mí o a alguien de mi familia, porque yo mismo, con mi soberbia y falta de actitud solidaria lo privé de la oportunidad de que tuviera lo necesario para prevenirse.

Vaciar los anaqueles de las tiendas no nos va a servir de nada. De nada. Aunque tengamos repleta de víveres nuestra alacena y tengamos en casa todo el cloro y alcohol  del mundo, el virus llegará por el efecto de contagio masivo, comunitario, lo que significa muy claramente que, en la medida que yo cuide que mis vecinos, mis compañeros de trabajo o escuela o la gente que está a mi alrededor, no se contagie en esa misma medida estaré evitando el contagio propio.

Lo único que verdaderamente ayudará a evitar los contagios masivos, comunitarios, es concientizarnos del problema y pensar en el otro. Hacer lo que cada uno de nosotros tenemos que hacer, pero pensando en el otro. Sólo eso.