Opinión

Imágenes dolorosas

Son las puertas de una clínica, un hospital, largas filas. Sus pasillos llenos de personas que esperan ser atendidas o familiares que aguardan respuestas de los médicos, querrán saber cuál es el estado de salud de su ser querido. Imagen dolorosa

Yuriria Sierra
Analista

sábado, 17 julio 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Son las puertas de una clínica, un hospital, largas filas. Sus pasillos llenos de personas que esperan ser atendidas o familiares que aguardan respuestas de los médicos, querrán saber cuál es el estado de salud de su ser querido. Imagen dolorosa.

Es la foto de un encuentro en Palacio Nacional, más de 12 personas a menos de 20 centímetros de distancia una con la otra, nadie usa cubrebocas porque el Presidente ha insistido en no hacerlo. Imagen dolorosa.

Son las playas abarrotadas de visitantes que llegan, sí, para reactivar la economía, pero también para olvidar la prevención, las medidas que hemos repetido hasta el cansancio; aparecen para reactivar también la ola de contagios en destinos que tendrían que ser ejemplo: si tenemos que convivir hoy con la pandemia, debemos hacerlo con todos, todos los cuidados para no poner en riesgo a nadie, pero también darles aliento a los sectores lastimados tras más de 14 meses. Imagen dolorosa.

Son los restaurantes, son las calles, son los tianguis de la Ciudad de México y de varias partes del país: jóvenes que, sin miedo a nada, toman cerveza, bailan, “perrean” y asisten a fiestas y eventos en “locaciones secretas” y que retan a la ciencia, porque es la ciencia la que nos ha advertido desde hace tantos meses que este virus no se puede controlar si no es con distanciamiento social. Imagen dolorosa.

Son carpas instaladas, módulos de vacunación puestos para recibir a las personas que al fin tendrán acceso a su vacuna contra covid-19. Pocos han sido los países, aquí tenemos que reconocerlo, que han logrado tener sin tantas trabes millones dosis a su alcance. Sin embargo, en Guanajuato, por ejemplo, en el municipio de Moroleón: un espacio convertido en sede de vacunación, muchas, muchas más sillas vacías que las personas en fila esperando por su vacuna.

Imagen dolorosísima, porque cuántas personas, en cuántas partes del país, están ansiosas porque se anuncie que ya al fin les toca y a quien le toca prefiere no acudir.

En Chiapas, otra imagen, el IMSS lanzó una convocatoria de vacunación “2+1”, para que los jóvenes lleven a dos adultos a recibir su vacuna y, de paso y en recompensa, ellos también recibirían la suya, pero la afluencia fue tan poca que, en menos de 24 horas, el programa tuvo que suspenderse. Las vacunas tienen que utilizarse, sí o sí, porque una vez que salen de su última refrigeración tienen la vida útil contada.

Imagen dolorosísima, también, cada que por la tarde vemos el último informe de la Secretaría de Salud. La incidencia de contagio ha avanzado a tal ritmo, que lo que deberíamos tener motivado es nuestra sensatez e instinto de sobrevivencia para evitar contagiarnos. En las últimas cuatro semanas, hemos pasado de los cinco mil a los seis, siete, diez… o doce mil contagios, como ayer miércoles, en menos de 24 horas, cifras que veíamos hace un año y que nos mantuvieron confinados. Hoy leemos estos números, pero no hacemos nada por evitar que aumente. 

Imagen dolorosa la de vernos al espejo y saber que no hemos entendido la dimensión del momento en que vivimos. Tantas cosas que están en riesgo: nuestras vidas, en primer lugar. No somos capaces de caminar en colectivo hacia la misma dirección. Hay mucho que reprocharles a las autoridades de Salud sobre el manejo de la pandemia, pero también mucho hemos dejado de hacer como individuos para aportar algo al futuro. Por favor, si no tiene que salir, quédese en casa, de eso depende de la gente que no pueda hacerlo, realice sus actividades con el menor de los riesgos. Esto y la vacuna, son las únicas vías que tenemos para evitar que esta imagen dolorosísima en la que se ha convertido el mundo, deje de ser una postal permanente.

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