Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

Humanidad en tiempos adversos

Hans U. Gumbrecht, profesor de historia y literatura de la Universidad de Stanford, publicó en 1997 un libro titulado “1926: Viviendo en el filo del tiempo”

Dra. Mariana Iglesias Arellano

lunes, 06 septiembre 2021 | 06:00

Hans U. Gumbrecht, profesor de historia y literatura de la Universidad de Stanford, publicó en 1997 un libro titulado “1926: Viviendo en el filo del tiempo”. La experiencia de vida cotidiana que relata sobre los habitantes occidentales en la segunda década del siglo XX guarda grandes semejanzas con lo que hoy, como habitantes de la recién iniciada segunda década del siglo XXI, vivimos. Tanto nosotros como ellos tenemos la sensación de estar “al filo del tiempo”, experimentando el final de una época que no volverá y el inicio de una muy distinta, desgraciadamente más incierta, más problemática y quizás más caótica que la antes vivida. Podríamos incluso pensar, como muchos pensadores y pensadoras lo están haciendo ya, que las transformaciones simbólicas de lo que supone un cambio de siglo no se vieron en el temido 2000 –a pesar de nuestras apocalípticas visiones–, sino ahora, en el 2021. Los últimos meses han estado marcados por una violencia inusitada, por una crisis sanitaria nunca vivida y por la sensación, terriblemente abrumadora, de que no hay manera posible de que todos nuestros problemas –la mayoría de ellos estructurales– hallen algún día solución. Ante este panorama desolador, uno se pregunta cómo empezar a deshacer lo hecho, cómo empezar a arreglar lo que parece no tener solución.

Una de las ideas que suelo intentar compartir con mis alumnos y alumnas es que la solución a esta profunda crisis generalizada no está, quizás, lejos de nosotros, sino todo lo contrario, forma parte de lo más profundo de nuestro ser y, en ese sentido, se revela naturalmente si volvemos a concentrarnos en realmente intentar comprender aquello que constituye nuestra esencia como seres humanos. El ser humano logró sobrevivir y situarse como especie predominante no por su fuerza física –claramente inferior a otras especies animales–, sino por su capacidad para situarse a sí mismo, y comprenderse a sí mismo, como parte sustancial de una comunidad. Fue su capacidad de conformar una identidad interpersonal –mediante la creación de un colectivo con fuertes lazos afectivos y de parentesco– la que permitió el desarrollo del lenguaje. Es decir, el lenguaje no se desarrolló como modo de ilustrar el pensamiento, como pensaba Aristóteles, sino –importantísimo– con el objetivo revolucionario de lograr entablar comunicación con ese otro. Digo revolucionario porque, precisamente, la comunicación dio paso a la puesta en común de acuerdos, al reconocimiento de los sentimientos y emociones del otro y, finalmente, a la comprensión de que se tienen metas y experiencias comunes con ese otro, es decir, que se comparte un futuro que el ser humano traza en conjunto.

A la pregunta ¿qué es lo que nos distingue como especie? Muchos de los alumnos y alumnas responden enlistando los adjetivos que, se piensa, son los más importantes para el ser humano: su raciocinio superior a otras especies de seres vivos, su capacidad para crear herramientas tecnológicas, su habilidad de dominio del medio circundante, entre otros. Desde luego, estas habilidades han sido fundamentales en el desarrollo de las primeras civilizaciones, y siguen siendo fundamentales hoy en día en las sociedades contemporáneas, pero considerarlas como elementos positivos en sí mismos, sin entender el objetivo común que las debe enmarcar, nos ha llevado y nos sigue llevando al borde del colapso. Lo que se debe tener siempre presente, siempre, es que estamos unidos en un futuro común de convivencia. Mientras se siga pensando que el futuro es individual, seguiremos sin poner atención a las cualidades conjuntas que, finalmente, nos han permitido sobrevivir. Volver a ser lo que ya somos, como sentenció Píndaro, es el camino de la autorrealización común que, hoy en día, pasa a ser la única vía de esperanza.

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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