Opinión

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Hubo votación sobre JC en una borrachera

Inició el vaciadero de botellas y botes tras concluir Javier Corral la noche del 16 su último informe de gobierno en las oficinas estatales de Pueblito Mexicano

LA COLUMNA
de El Diario

viernes, 03 septiembre 2021 | 06:00

-Hubo votación sobre JC en una borrachera

-Julio Scherer y la falta de más franqueza

-Fue un desvío de dinero que ni tenían

-Amenazas contra el traidor Olson

La borrachera transcurrió casi hasta el amanecer del 17 de agosto pasado en una superresidencia de Juárez.

Inició el vaciadero de botellas y botes tras concluir Javier Corral la noche del 16 su último informe de gobierno en las oficinas estatales de Pueblito Mexicano.

Las imágenes fueron las clásicas en un bacanal semejante: un funcionario desfogando el uno afuera del mingitorio y gritándole a huuuuugo (deponiendo el estómago), otro tirando sillas y mesas por el embotamiento etílico... Y el clásico karaoke para los aficionados al canto.

Acaparó el micrófono el propio Corral y él mismo ordenó a sus escoltas sacar del argüende al menos a uno de sus colaboradores porque no le cabía un mililitro más de alcohol en sangre y cerebro.

Se puso en los zapatos del chupabotellas quizá recordando cuando botó por las escaleras de Palacio abrazado de su entonces secretario particular, José “El Siniestro” Luévano, luego de prolongar con alcohol una cena ofrecida a la hoy exgobernadora de Nuevo México, Susana Martínez.

Ha insistido el gobernador que no ha traicionado al PAN aunque todo mundo sepa lo contrario. ÉL mismo ha señalado como lo peor a su institución partidaria.

A la borrachera tras su informe tuvo como invitado especial a Juan Carlos Loera, el malogrado excandidato a gobernador por Morena.

Una vez que Loera dejó la residencia tras la cena y algo del “convivio”, Corral Jurado y los presentes se siguieron de largo casi hasta la salida del sol, pero antes de perderse entre las brumas de Baco retomaron el tema Loera.

El gobernador quiso saber la opinión de los suyos sobre Juan Carlos y todos contestaron en sentido positivo, pero no lo creyó e inició el ejercicio de que levantaran la mano los que habían votado por él como había “recomendado” el equipo.

Hasta el regidor Enrique “Quique” Torres dijo haber sufragado por el vástago de la 4T, pero levantó y bajó rápido el brazo para no ser captado por algún celular “intruso”.

La anécdota salió algo tarde, pero salió justo en momentos que al fin termina su administración Corral y ladea su futuro político nada más y nada menos que en brazos de la Cuarta Transformación.

Traicionó al PAN, sí, pero hasta en eso fracasó. Perdió Morena la gubernatura. No representa plus, significa carga.

Ya no le queda más que lengua para las echadas. Ayer la emprendió contra El Diario por publicar la exclusiva de la carta abierta que le lanzó el ballezano desde la cárcel en Miami, pero no tuvo el valor para contestar a él la franca denuncia por corrupción y supuestos lazos con el crimen organizado.

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Para un tipo con la estirpe periodística del apellido Scherer le faltó mayor sinceridad en su carta de renuncia a la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República.

En políticos comunes es entendible la tradicional oscuridad, el enigma, para explicar temas semejantes, no en Scherer Ibarra.

Protegió en su texto al amigo Andrés Manuel López Obrador (AMLO), pero ocultó a los mexicanos los motivos reales de su separación del presidente de la República.

“Desde el inicio del proyecto ambos supimos que nuestro desempeño como parte del gobierno tendría tiempo límite; para usted los seis años que marca la Constitución para el encargo del Ejecutivo federal; para mí la realización de las reformas legales necesarias para alcanzar la justicia social que usted persigue”, dice en su misiva ahora pública el hijo del fundador de la célebre revista Proceso, don Julios Scherer García (Q.E.P.D.)

Se generó en torno al hecho una enorme polémica nacional justamente porque no estamos hablando de los amigos AMLO-Julio, sino de lo que ambos representan para la nación y para el sistema político nacional en general.

En medio de esa renuncia quedó la polémica por el sorpresivo cambio en la Secretaría de Gobernación y el cuestionado relevo de Olga Sánchez por el paisano tabasqueño, notario con licencia desde el 2006, exgobernador, Adán Augusto López Hernández.

También ha sobresalido en los análisis la cada vez más débil relación entre la Cuarta Transformación y los medios de comunicación, sumados a ellos justamente Proceso, la cuna genética de Julio hijo.

Ambos aspectos, y otros, fueron omitidos por Julio en su carta ya por diplomacia, o efectivamente por la amistad, pero queda la sensación de falta de franqueza y hasta de la transparencia obligada por el servicio público. Su penúltimo párrafo inclusive habla de pasado, aunque en las últimas líneas diga que de los amigos “uno nunca se despide... ni mi compromiso personal con el presidente de la República están concluidos”.

Hay que deletrear, entonces, el penúltimo párrafo: “fueron incontables nuestros encuentros; muy pocos los desencuentros. Nos marcaron miles de conversaciones, confidencias, consejos, desahogos, planes, proyectos, dudas, frustraciones, luchas celebraciones y fracasos”.

Todo en tiempo categóricamente pasado. Decidió no estar más ya con su amigo en su gobierno, a la mitad del camino.

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En números gruesos, de 19 mil millones de pesos prometidos para el arranque de Maru Campos por el secretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, bajó a 11 mil millones de pesos, pérdida que ya quedó debidamente documentada.

Como se había asentado, la primera cifra la dio Fuentes Vélez el 20 de julio en comparecencia ante diputados, mientras que la segunda la reveló en la penosa rueda de prensa con la que trató de desmentir al equipo de transición.

Pues bien, los números internos de la Secretaría de Hacienda, que hacen muchísimo ruido al equipo calderonista que recibe las finanzas estatales, apuntan a que se desvió dinero de fondos etiquetados y futuros como las participaciones federales.

Se hizo el gran hoyanco en esos recursos comprometidos para el último cuatrimestre del año (el arranque del siguiente gobierno) para saldar los créditos de corto plazo.

Esos cortos plazos se pidieron como si fueran chicles, con altas tasas de interés porque no había de otra: la calificación crediticia también es un desastre. Aunque fueron menos los que se solicitaron que la anterior administración, no puede ocultarse su exceso.

Lo peor es que, aparte del desvío de recursos anticipados para pagar esa parte también descontrolada de la deuda interna, no hay más evidencia del destino de miles de millones de pesos del último cuatrimestre gastados antes de tiempo.

Se había dicho que Fuentes Vélez y Corral habían sacrificado a los proveedores estatales para pagar a los bancos. Así fue, pero de todos modos el monto sigue siendo exagerado, nada lo justifica y ni siquiera lo explica.

Ese fue un desvío de dinero que no se tenía. En el mejor de los casos se puede suponer que haya sido abrir un hoyo para tapar otro, pero aún así puede tener repercusiones tanto administrativas como penales, porque la Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas no es laxa en esa materia.

Así que sobran razones para que el responsable del desastre financiero estatal esté preocupado en el lastimero cierre de este fracasado gobierno.

Ayer fue visto solitario Fuentes Vélez viajando todavía en clase premier de Aeroméxico ruta Chihuahua-Ciudad de México. Tenía cita allá con un grupo de abogados para defenderse no de lo que viene sino de lo que ha empezado, ya le está pisando la cuerda la Fiscalía Anticorrupción.

(Algunas imágenes borrosas en la versión digital de La Columna).

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Quién sabe qué le conoce el secretario de Gobierno, Luis Fernando Mesta Soulé, al que fuera su subsecretario de Gobierno hasta hace unos meses, el maderista Carlos Olson San Vicente, hoy diputado del PAN recién sentado en su curul.

En los corrillos del Palacio de Gobierno se habla de que Mesta mandó a amenazar a Olson por traidor, luego de que este apareciera en la rueda de prensa del pasado martes, para denunciar el agandalle financiero de Javier Corral y Arturo Fuentes Vélez.

No es un secreto que Olson operó contra Maru Campos hasta el final de la campaña interna de Acción Nacional. Ya en la contienda constitucional a lo mucho se movió en dos o tres eventos, confiado al distrito fácil que tenía en la capital del estado y al arrastre de la candidata a gobernadora.

Es el mismo que vociferaba a los cuatro vientos que Maru no llegaría a octubre del año pasado sin pisar la cárcel.

Pero su paso como subsecretario y suplente del senador Madero, en el grupo al que también pertenece Mesta, algo más debió dejarle al secretario de Gobierno como para andarlo amenazando.

Debe ser algo más lo que sabe de Olson, ni modo que nomás sea el refrito de su operación abierta contra Campos en la malograda tarea de imputarla ante los tribunales y llevarla a prisión, como presumía que lo haría.

Sea como sea se confirma que el diputado empieza con el pie izquierdo. No deja de verse como traidor en los dos bandos que estuvieron en pugna.

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