Hostigamiento, acoso y feminicidio

En octubre de 2017, surgió el #MeToo, que tuvo el propósito de denunciar la agresión y el acoso sexual

Sergio Pacheco González
Analista
martes, 09 abril 2019 | 06:00

El artículo 14 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, define los dos primeros conceptos a que se hace referencia en el título de esta colaboración.

“El hostigamiento sexual es el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva.

El acoso sexual es una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos”.

Es de conocimiento general que ambos tipos de violencia los sufren de manera predominante las mujeres de todas las edades, que los hombres no están exentos de los mismos, como no lo están quienes forman parte de la diversidad sexual. El llamado movimiento Me Too, se asume como un medio a través del que es posible, como estrategia, lograr que la denuncia pública impulse una respuesta justa, ante las insuficiencias de las autoridades responsables de atender a las víctimas y de sancionar a quienes las han violentado.

Cuando Tarana Burke, activista de raza negra, utilizó por primera vez la expresión Me Too, quería manifestar “Yo también” estoy-me siento sola, en un contexto donde la violencia en contra de las mujeres era una práctica constante, cotidiana. Su incapacidad de brindar el apoyo que una menor violentada por su padrastro buscaba en ella, la motivó a crear el Programa Me Too, en la organización Just Be, Inc., fundada en Philadelphia en el año 2006. Su propósito, “promover el empoderamiento a través de empatía entre mujeres negras que habían experimentado abuso sexual”.

Posteriormente, en octubre de 2017, surgió el más conocido #MeToo, que tuvo el propósito de denunciar la agresión y el acoso sexuales, a raíz de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. El 15 de octubre de 2017, la actriz Alyssa Milano invitó, a través de Twitter, a utilizar esta frase para evidenciar lo extendido que estaba el problema: “Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente hicieran un tuit con las palabras ‘Me too’ podríamos mostrar a la gente la magnitud del problema”.

Recientemente, particularmente tras la avalancha de denuncias sobre actores, directores y productores de la industria cinematográfica estadounidense, se trascendieron fronteras territoriales y disciplinares. En México, por ejemplo, se han generado los correlativos #MeTooEscritoresMexicanos y #MeTooMusicosMexicanos, este último, en el centro de atención tras el suicidio del músico, fotógrafo y escritor Armando Vega-Gil, integrante del grupo Botellita de Jerez, suicidio motivado, como lo explica él mismo en su carta de despedida, por una acusación hecha en su contra. Su decisión, declara, es una radical manifestación de inocencia.

Por su parte, en noviembre de 2018, en su participación en el ciclo de Conferencias TED, Tarana Burke parece emitir una crítica, al denominar que su charla Me Too es un movimiento, no un momento. Su posicionamiento podría sintetizarse en este enunciado: “Mi visión para el movimiento Me Too es parte de una visión colectiva para ver un mundo libre de violencia sexual”. Mundo que no puede construirse, si: “Alguien que tiene contra él acusaciones creíbles de violencia sexual ha sido nombrado para entrar a la Corte Suprema de EU otra vez”.

Un mundo libre de violencia sexual es lo que debe animar a las mujeres, los hombres, las organizaciones y los diversos grupos sociales, que, como los estudiantiles, han denunciado el acoso y el hostigamiento sexuales. Un mundo donde, como manifiestan los integrantes de Botellita de Jerez, “los espacios de denuncia pública (cuenten con) filtros, protocolos, normatividades internas y marcos éticos que garanticen el ejercicio de los derechos de presunción (de inocencia, verdad, justicia y reparación, logrando distinguir las venganzas oportunistas)”.  

No se sabe aún, al escribir estas líneas, si existe una motivación basada en el género de la víctima, mas una estudiante de ICSA de la UACJ ha sido victimada. Una mujer más, una pérdida más. El Código Penal Federal indica, en su artículo 325, Fracción IV, que se configura el feminicidio cuando: “Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza”.