Historia de éxito

Bastaba ver los rostros entusiasmados de los jóvenes y adolescentes para saber que estaban orgullosos

Cecilia Ester Castañeda
Escritora
jueves, 11 abril 2019 | 06:00

Bastaba ver los rostros entusiasmados de los jóvenes y adolescentes para saber que estaban orgullosos. Cientos de ellos, de varias generaciones, se encontraron hace unos días en la celebración del 25to aniversario de la organización donde desarrollaron sus aptitudes: el Centro de Asesoría y Promoción Juvenil, mejor conocido como CASA.

La historia de CASA merece mención aparte. Su presencia constituye un faro de optimismo, sobre todo en una ciudad con enorme rezago en la atención de las nuevas generaciones y las zonas marginadas, con profundos focos rojos que han explotado en los últimos años y gran número de desafíos pertinaces.

CASA se creó en las calles de la colonia Díaz Ordaz a raíz de la experiencia de años en el trabajo hecho con jóvenes “de barrio” por un grupo parroquial de ocho voluntarios, dice su directora general, la socióloga Teresa Almada Mireles. Aquellas metas iniciales de organización de actividades, mediación de conflictos y formación de promotores evolucionaron paulatinamente: se obtuvo acta constitutiva, se consiguió un edificio, se vinculó la asociación con otros grupos, se formó una red, se propusieron alternativas. 

En la actualidad, en medio de un contexto más complejo, los beneficiarios de CASA se cuentan por miles. Son los participantes en campamentos de verano para quienes los talleres o campeonatos representan un respiro, como dijo en un video Miguel Ángel durante el festival conmemorativo de la asociación, a la cual un tocayo suyo declaró considerar un “hogar”. Se trata de los estudiantes a quienes se brindó asesoría y que, como Jennifer, encontraron una gran oportunidad de crecimiento personal y académico, según comentó ella durante el evento. Algunos están descubriendo ser buenos “para dos, tres cosas”, en palabras de Chalo, gracias a diversos cursos. Otros han cambiado su opinión sobre el mundo o ellos mismos, como el caso de Ponce. Pero todos han aprendido una lección: su voz también cuenta.

La visión de CASA es “contribuir a que la sociedad vea de otra manera a sus jóvenes”, explica Almada, “apostando por dignificar la vida de los jóvenes excluidos”. 

A juzgar por los testimonios y la presentación de números artísticos a cargo de participantes en sus programas, lo está logrando. Prueba de ello son los cinco centros que CASA tiene actualmente en Ciudad Juárez, además de uno en la ciudad de Chihuahua, y su programa de colaboración a nivel estatal con preparatorias. 

Sin embargo para entender su éxito entre una población en la cual, casi siempre, se tienen pocas expectativas, debemos recordar que las crisis también constituyen una oportunidad. Por eso estaban dadas las condiciones para hacer la diferencia precisamente aquí, en una ciudad con tantos jóvenes marcados por experiencias adversas y durante el período cuando empezaba a manifestarse como nunca nuestro lado oscuro.

El proyecto de CASA ha sido posible gracias a un plan integral de respeto adaptable a necesidades específicas, un extenso voluntariado, conocimientos claros sobre la problemática de los jóvenes, transparencia, un sólido trabajo de gestión y el respaldo de numerosas fundaciones e instancias a varios niveles.   

En resumen este programa —copiado y motivo de tesis académicas— es resultado de “una práctica reflexionada”, de la colaboración de muchas personas y la incidencia de numerosos factores. Eso es importante, pues en demasiadas ocasiones se buscan soluciones rápidas o simplistas para problemas complejos.  

La estructura de comunidades como las de las iglesias, por ejemplo, resulta idónea para detectar necesidades de campo. La creencia en el potencial humano, en la posibilidad de cambiar la realidad y en la responsabilidad ciudadana es imprescindible a fin de involucrarse más allá de nuestro entorno inmediato. Los conocimientos relativos a las variables del sistema, la situación y el individuo que afectan a cada ser humano vuelven más realista el enfoque y más claras las metas de cualquier intervención social. 

Es necesario, por lo tanto, fomentar los elementos de la participación comunitaria. 

Almada atribuye el éxito de CASA a la perseverancia, la continuidad, el aprendizaje y la formación, la credibilidad de los educadores y el trabajo.

Se trata una historia de la que todos debemos aprender.